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La Riqueza Lingüística en España: Mucho más que cuatro lenguas oficiales (2)

Lenguas en peligro

Con el castellano, oficial en toda España, y lenguas como el catalán, el gallego y el euskera o vasco, cooficiales en las autonomías en las que más se hablan, conviven otras lenguas y variedades lingüísticas. «Junto a estas cuatro lenguas principales, conviene señalar la presencia del aranés, variante del gascón que se habla en el valle de Arán, en el Pirineo leridano, y del gallegoportugués en algunas localidades de la frontera con Portugal. Además, es necesario apuntar la pervivencia de dos variedades históricas importantes, el leonés y el aragonés». Así inicia la doctora en Filología Románica Pilar García Mouton su libro «Lenguas y dialectos de España» (Arco Libros) del que está a punto de salir la sexta edición.

La profesora de Investigación en el Instituto de Lengua, Literatura y Antropología del CSIC añade además las lenguas no autóctonas habladas por inmigrantes (árabe, rumano, chino, etc) y de otros extranjeros asentados en determinadas zonas, el caló de los gitanos, el árabe dialectal del norte de África o la variedad del bereber que tiene como lengua materna parte de la población de Ceuta y Melilla.

Entre los dialectos, García Mouton diferencia entre los «históricos» (que se pueden considerar también lenguas), que vienen directamente del latín como el castellano/español, el catalán, el gallego o el asturleonés, y los «innovadores», que proceden del castellano, como el andaluz y las variedades extremeñas, murcianas y canarias. «Lo de lenguas y dialectos minoritarios es relativo. En general se aplica a los que no tienen ningún tipo de protección oficial, pero hay quien lo amplía a lenguas que están en situación desigual en el uso, porque sus hablantes son bilingües y conviven en una situación de diglosia con otra lengua más fuerte socialmente», explica la asesora de la Fundéu.

La Unesco considera «en peligro» al aranés, con menos de 3.000 hablantes, el aragonés, con unos 10.000 y por encima de los 150.000 el asturleonés (que engloba el asturiano, las hablas leonesas de Zamora, León y Salamanca y algunos restos más al sur). En situación «vulnerable» sitúa al euskera (unos 660.000 aunque García Mouton duda de si la Unesco incluye en su recuento a hablantes del sur de Francia).

«Desde principios del siglo XX los dialectólogos vienen advirtiendo de que hay que recoger deprisa todos los testimonios lingüísticos porque están en riesgo y, sin embargo, de una forma u otra han pervivido mucho más de lo que se pensaba», tranquiliza en parte la coordinadora del proyecto del CSIC para elaborar el Atlas Lingüístico de la Península Ibérica.

Las lenguas y los dialectos que han sobrevivido en España, continúa García Mouton, «lo han hecho en una situación de convivencia con el castellano mucho más dura que la actual, desde el punto de vista de la consideración social y de la protección oficial».

Las situaciones de bilingüismo, recuerda la filóloga, se pueden mantener durante mucho tiempo. «Lenguas y dialectos históricos han sufrido a lo largo de los siglos la influencia del castellano y ahora sufren la de la lengua oficial, el español, pero ellos a su vez han permeado el español que tienen más cerca, de manera que recoge léxico, entonación, giros, etc. que vienen de esas lenguas y de esos dialectos», añade.

A juicio de la coautora junto a Alex Grijelmo de «Palabras moribundas» (2011), las hablas locales «son las que pueden correr más riesgo, pero todo dependerá de sus hablantes». Se conservaban mejor cuando las comunidades vivían aisladas que en el mundo actual globalizado. «Los medios de comunicación y la educación tienden inevitablemente a generalizar los usos lingüísticos más “rentables” para el hablante, y fenómenos como el turismo y las buenas comunicaciones contribuyen a desdialectalizar algunas zonas aisladas que hablaban variedades locales, como las pirenaicas», constata Pilar García Mouton, pero al mismo tiempo su consideración social ha cambiado, contribuyendo a su conservación. «La tendencia es a que el número de hablantes disminuya, pero también hay una voluntad de mantenerlas por parte de la comunidad que las considera parte de su patrimonio».

Más riesgos y más protección

Hoy se protege este legado «mucho más» que hace cincuenta años. «En general se valoran las lenguas y los dialectos», continúa la experta del CSIC; aunque «esto no quiere decir que sea suficiente para preservarlos de los peligros que existen en un tipo de sociedad tan comunicada como la nuestra, que tiende a nivelar las diferencias».

Será la comunidad de hablantes la que decida el destino de lenguas y dialectos, a juicio de la filóloga. «Los que consideren importante su variedad, pondrán especial empeño en transmitírsela a sus hijos».

García Mouton considera «una pena que se haya politizado tanto todo lo relacionado con el legado lingüístico, que debería considerarse patrimonio de todos, una riqueza cultural». En su opinión, convendría seguir la recomendación de la Unesco de escolarizar a los niños en su lengua materna y luego ir añadiendo otras a sus conocimientos. «Y también convendría que a los niños españoles se les enseñase desde pequeños que, además de la suya, hay otras lenguas en su entorno, y que aprendiesen rudimentos de esas otras lenguas a través de canciones, adivinanzas… Así se familiarizarían con ellas, aprenderían a valorarlas y a la larga desaparecerían ciertas actitudes heredadas».

Aragonés

Se estima que en torno a 12.000 personas hablan el aragonés, sobre todo en zonas de Huesca, aunque los que lo conocen se elevan a los 40.000. Quedan pocos hablantes puros de esta lengua latina cuyo primer texto conocido se remonta a las Glosas Emilianenses, de alrededor del año 976 (Monasterio de San Millán de la Cogolla (La Rioja).

Su grado de conservación es dispar, con zonas donde es la lengua habitual de comunicación, aunque sin oposición al castellano, y otras en las que la «fabla» está muy castellanizada.

En 1987, con el I Congreso para la normalización del aragonés, se asumieron de forma general unas normas comunes para unificar la lengua. Hoy hay asociaciones y colectivos que trabajan para la recuperación de la lengua aragonesa, como el Consello d’a Fabla Aragonesa o Ligallo de Fablans.

Aranés

Esta variante de la lengua occitana que se habla en el Valle de Arán es desde 2010 la tercera lengua oficial de Cataluña, junto al catalán y al castellano, y de «uso preferente» en este territorio de 620 km2 donde se habla desde el siglo XI.

El 80% de la población aranesa entiende la lengua, aunque solo son capaces de hablarla, leerla y escribirla un 35% de los 10.000 habitantes del valle, según los datos de 2013 del Instituto de Estadística de Cataluña.

El alcalde de Viella, la capital de Arán, señalaba sin embargo a ABC el pasado enero que «el aranés es hablada por 2.000 personas y está en peligro de extinción». El castellano es la lengua más hablada en el Valle, según Àlex Moga, mientras el catalán está en retroceso.

Asturleonés

La Unesco cataloga como «lengua en peligro» a esta lengua histórica que procede directamente del latín y engloba el asturiano, las hablas leonesas de Zamora, León y Salamanca y algunos restos más al sur.

Es hablado por entre 300.000 y 450.000 personas en estos territorios, según apunta Héctor García Gil, de la Universidad de León, en el trabajo «El asturiano-leonés: aspectos lingüísticos, sociolingüísticos y legislación». De ellos, entre 5.000 y 10.000 hablantes aproximadamente de la variedad mirandesa, entre 20.000 y 25.000 hablantes en la región leonesa (León y Zamora), y la mayor parte en Asturias.

Las encuestas sociolingüísticas realizadas desde los años 70 muestran que en hablarían bable unas 200.000 personas, lo que supone entre un 20% de la población total de Asturias, indica el profesor de Filología de la Universidad de Oviedo Ramón de Andrés. Es una lengua minoritaria dentro de Asturias y la mayor parte de esta población asturianohablante (en un porcentaje imposible de precisar), continúa De Andrés, habla un asturiano en mayor o menor medida influido o interferido con el castellano. Es el conocido como amestáu, presente en amplios sectores populares de ciudades como Oviedo, Gijón o Mieres.

Fuente:

http://www.abc.es/cultura/20140929/abci-lenguas-minoritarias-espana-201409191121_1.html

Mapas:

Mapa interactivo Unesco:

http://www.unesco.org/languages-atlas/index.php?hl=es&page=atlasmap

Vídeo:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/comando-actualidad/comando-actualidad-don-lenguas/3014838/

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Dialectos e Falares em Portugal

A Língua Portuguesa

O português, oitava língua mais falada do planeta (terceira entre as línguas ocidentais, após o inglês e o castelhano), é a língua oficial em sete países: Angola (10,3 milhões de habitantes), Brasil (151 milhões), Cabo Verde (346 mil), Guiné Bissau (1 milhão), Moçambique (15,3 milhões), Portugal (9,9 milhões) e São Tomé e Príncipe (126 mil).

O português é uma das línguas oficiais da União Européia (ex-CEE) desde 1986, quando da admissão de Portugal na instituição. Em razão dos acordos do Mercosul (Mercado Comum do Sul), do qual o Brasil faz parte, o português será ensinado como língua estrangeira nos demais países que dele participam. Em 1994, é decidida a criação da Comunidade dos Países de Língua Portuguesa, que reunirá os países de língua oficial portuguesa com o propósito de uniformizar e difundir a língua portuguesa e aumentar o intercâmbio cultural entre os países membros.

Na área vasta e descontínua em que é falado, o português apresenta-se, como qualquer língua viva, internamente diferenciado em variedades que divergem de maneira mais ou menos acentuada quanto à pronúncia, a gramática e ao vocabulário.

Tal diferenciação, entretanto, não compromete a unidade do idioma: apesar da acidentada história da sua expansão na Europa e, principalmente, fora dela, a Língua Portuguesa conseguiu manter até hoje apreciável coesão entre as suas variedades.

No estudo das formas que veio a assumir a Língua Portuguesa na África, na Ásia e na Oceania, é necessário distinguir dois tipos de variedades: as crioulas e as não crioulas. As variedades crioulas resultam do contato que o sistema linguístico português estabeleceu, a partir do século XV, com sistemas linguísticos indígenas. O grau de afastamento em relação à língua mãe é hoje de tal ordem que, mais do que como dialetos, os crioulos devem ser considerados como línguas derivadas do português.

Na faixa ocidental da Península Ibérica, onde o galego-português era falado, atualmente utiliza-se o galego e o português.

Esta região apresenta um conjunto de falares que, de acordo com certas características fonéticas (principalmente a pronúncia das sibilantes: utilização ou não do mesmo fonema em rosa e em passo, diferenciação fonética ou não entre Cinco e Seis, etc.), podem ser classificados em três grandes grupos:

1. Dialetos galegos.
2. Dialetos portugueses setentrionais; e
3. Dialetos portugueses centro-meridionais.

A fronteira entre os dialetos portugueses setentrionais e centro-meridionais atravessa Portugal de noroeste a sudeste.

Merecem atenção especial algumas regiões do país que apresentam características fonéticas peculiares: a região setentrional que abrange parte do Minho e do Douro Litoral, uma extensa área da Beira-Baixa e do Alto-Alentejo, principalmente centro-meridional, e o ocidente do Algarve, também centro-meridional.

Os dialetos falados nos arquipélagos dos Açores e da Madeira representam um prolongamento dos dialetos portugueses continentais, podendo ser incluídos no grupo centro-meridional.

Constituem casos excepcionais a ilha de São Miguel e a Madeira: independentemente uma da outra, ambas se afastam do que se pode chamar a norma centro-meridional por acrescentar-lhe um certo número de traços muito peculiares (alguns dos quais são igualmente encontrados em dialetos continentais).

Fonte:

http://www.portalsaofrancisco.com.br/alfa/historia-da-populacao-brasileira/historia-da-lingua-portuguesa.php

Xogos da língua:

http://educarparacrescer.abril.com.br/100-erros/

Conceito de dialecto

A forma correcta é, de acordo com a ortografia do Português Europeu, dialecto e, de acordo com a ortografia do Português do Brasil, dialeto. O termo dialecto é utilizado para variedades que definem uma zona relativamente abrangente. Neste sentido, há vários dialectos em Portugal (continental e ilhas). Apresenta-se, de seguida, o conjunto dos mais importantes:

Grupo dos dialectos setentrionais:

– dialectos transmontanos e alto-minhotos;

– dialectos baixo-minhotos, durienses e beirões.

Grupo dos dialectos centro-meridionais:

– dialectos do Centro-Litoral (estremenho-beirões);

– dialectos do Centro-Interior (ribatejano-baixo-beirão-alentejano-algarvios).

Dialectos insulares:

– Açores: Micaelense, dialecto São Miguel;

– Madeira: madeirense.

Dialectos asturo-leoneses em território português:

– Concelho de Bragança: Rionorês, Guadramilês;

– Concelho de Miranda do Douro: Mirandês.

Cada uma destas variedades tem características linguísticas muito particulares, que os definem individualmente. Como se pode observar, o mirandês tem exactamente o mesmo estatuto que todos os outros dialectos. Os restantes conceitos que apresenta (“sotaque” e “calão”) pouco têm de científico e são, quase sempre, muito discutíveis. Porém, de uma forma geral, pode dizer-se que “sotaque” é utilizado quando nos referimos a diferentes línguas: “sotaque” espanhol, francês, italiano… Quanto ao calão é um nível de língua, usado em situações de pouca formalidade, o que nada tem que ver com dialectos.

Fonte:

http://www.ciberduvidas.com/pergunta.php?id=11859

Dá-se o nome de dialecto a todo o sistema linguístico que deriva de outro mas que não apresenta uma diferenciação suficiente relativamente a outros de origem comum. Os dialectos costumam portanto ser considerados relativamente a um conjunto de vários sistemas linguísticos com um tronco comum ou que se encontram num mesmo limite geográfico. Por outro lado, o termo dialecto também diz respeito à estrutura linguística que não alcança a categoria social de língua.

Os dialectos estão associados à variedade linguística e, por conseguinte, à diversidade linguística. Apesar de ser hábito considerar o dialecto como sendo uma espécie de sistema de menor categoria ou mais simples do que uma língua, os dialectos são, na realidade, formas particulares de falar ou de escrever uma determinada língua.

Neste sentido, os dialectos podem surgir pela variedade geográfica. No caso da língua portuguesa, por exemplo, o dialecto que se fala em Portugal utiliza palavras como “hospedeira (de avião)” ou “rapariga”, ao passo que, no Brasil, esses termos não se usam ou usam-se mais raramente (são substituídos por “aeromoça” e “moça”, respectivamente).

Os especialistas falam de dialecto de prestígio para se referirem ao dialecto elegido pelas pessoas mais prestigiosas ou que pertencem às classes sociais mais altas (alta sociedade) numa comunidade de falantes/locutores em que coexistem vários dialectos.

Geralmente, têm-se em conta três critérios para considerar se dois sistemas linguísticos são dialectos ou línguas independentes: os dialectos devem ser mutuamente inteligíveis sem aprendizagem prévia, devem fazer parte de um território politicamente unificado e devem possuir um sistema ortográfico comum.

Fonte:

http://conceito.de/dialecto

Linguagem Popular

A linguagem coloquial, informal ou popular é aquela linguagem que não é formal, ou seja, não segue padrões rígidos, é a linguagem popular, falada no quotidiano.

O nível popular está associado à simplicidade da utilização linguística em termos lexicais, fonéticos, sintácticos e semânticos. Esta decorrerá da espontaneidade própria do discurso oral e da natural economia linguística. É utilizado em contextos informais. Tomem-se a título exemplificativo os excertos que se seguem: «Minha santa filha do meu bô coração/ Cá arrecebi a tua pera mim muito estimada carta e nela fiquei ciante e sastifeita por saber que andavas rija e fera na cumpanhia do teu marido.» (Aquilino Ribeiro, O Homem na Nave); «- Ó Tio Luís, ó Tio Luís!…/ – Que é? / – Vossemecê não vê? (…)/ – Ouviste por ‘i berrar uma cabra?» (Camilo Castelo Branco, Maria Moisés, pp. 44-45).

A língua portuguesa possui uma relevante variedade de dialectos, muitos deles com uma acentuada diferença lexical em relação ao português padrão. Tais diferenças, entretanto, não prejudicam muito a inteligibilidade entre os locutores de diferentes dialectos.

O português europeu padrão (também conhecido como “estremenho”) modificou-se mais que as outras variedades. Mesmo assim, todos os aspectos e sons de todos os dialectos de Portugal podem ser encontrados nalgum dialecto no Brasil. O português africano, em especial o português santomense tem muitas semelhanças com o português do Brasil (também conhecido como “fluminense”), também os dialectos do sul de Portugal apresentam muitas semelhanças, especialmente o uso intensivo do gerúndio. Na Europa, o alto-minhoto e o transmontano são muito semelhantes ao galego.

Mesmo com a independência das antigas colónias africanas, o português padrão de Portugal é o padrão preferido pelos países africanos de língua portuguesa. Logo, o português apenas tem dois dialectos de aprendizagem, o europeu e o brasileiro. Note que, na língua portuguesa há dois dialectos preferidos em Portugal: o de Coimbra e o de Lisboa. No Brasil, o dialecto preferido é o falado e muito mais escrito pelos habitantes cultos das grandes cidades.

Ler mais:

http://www.cm-mirandela.pt/index.php?oid=3926

Mapa:

https://i0.wp.com/www.prof2000.pt/users/hjco/gramcom/Imagens/Mapafalares.jpg

Apresentação:

http://prezi.com/q1fnqvre85yl/os-dialetos/

Vídeo:

Algunhas amostras dos dialectos em Portugal

Açoriano

Vídeo:

Alentejano

Vídeo:

Vídeo:

Vídeo:

 Barranquenho

Vídeo:

http://videos.sapo.pt/WFDqHj5OG6zFvGnmbLRp

 Algarvio

Série de Vídeos:

Série de Videos:

Transmontano

Vídeo:

Vídeo:

Dialectos y Hablas en España

Dialecto

Se conoce como dialecto al sistema lingüístico  que deriva de otro pero que no exhibe una diferenciación suficiente respecto a otros de origen común. Los dialectos, por lo tanto, suelen ser considerados con relación a un conjunto de varios sistemas lingüísticos de un tronco común o que se encuentran en un mismo límite geográfico. Otra definición de dialecto hace referencia a la estructura lingüística que no alcanza la categoría social de lengua.

Los dialectos están vinculados a la variedad lingüística y, por lo tanto, a la diversidad lingüística. Pese a que se suele considerar al dialecto como una especie de sistema de menor categoría o más simple que una lengua, los dialectos son, en realidad, formas particulares de hablar o de escribir una determinada lengua.

Es interesante establecer y conocer además que, de manera habitual, se tienen una serie de criterios para diferenciar a un dialecto. En este sentido, hay que destacar que entre los mismos se encuentra el hecho de que no cuenta con una tradición escrita, no tiene demasiadas diferencias gramaticales con respecta a la lengua dominante, quienes hablan dicho dialecto no tienen una nación propia y además que sus hablantes suelen ser pocos.

Todo ello sin olvidar que de manera frecuente se utiliza el término dialecto con un marcado sentido peyorativo pues se considera que aquel es “inferior” a la lengua oficial y que viene a demostrar básicamente la menor importancia social o cultural de quienes lo hablan de manera habitual.

En el caso de España nos encontramos con el hecho de que existen dos grupos claramente diferenciados de dialectos. Así, por un lado, están los septentrionales, que son los que se hablan en la mitad norte del país, y por otro lado están los meridionales, que son los que se utilizan en la mitad sur de la nación.

Ejemplos del primer caso son el asturleonés, el castellano riojano o el castellano churro, que es el que se hace presente en la zona de la Comunidad Valenciana.

En el segundo caso, el de los dialectos meridionales, nos encontramos con ejemplos de gran importancia como sería el caso del dialecto madrileño, caracterizado por el yeísmo, el laísmo, el leísmo o el loísmo. Asimismo, otro de los dialectos más importantes es el andaluz, que cuenta con una gran variedad en materia de léxico de origen mozárabe, romaní o árabe.

En este sentido, los dialectos pueden surgir por la variedad geográfica. En el caso del castellano, por ejemplo, el dialecto que se habla en España utiliza palabras como “ordenador” o “cerillas”, mientras que en América Latina esos términos no se usan (son reemplazados por “computadora” y “fósforos”).

Los especialistas hablan de dialecto de prestigio  para referirse al dialecto elegido por las personas más prestigiosas o que pertenecen a las clases sociales más altas en una comunidad de hablantes donde co-existen varios dialectos.

Por lo general se tienen en cuenta tres criterios para considerar si dos sistemas lingüísticos son dialectos o lenguas independientes: los dialectos deben ser mutuamente inteligibles sin aprendizaje previo, deben formar parte de un territorio políticamente unificado y deben poseer un sistema de escritura común.

Fuente:

http://definicion.de/dialecto/

El Castellano

Del latín castellānus, el concepto de castellano hace referencia al natural de Castilla y a aquello perteneciente o relativo a esta región de España. Por otra parte, la palabra castellano se utiliza como sinónimo de lengua española, en especial para marcar una distinción entre las otras lenguas que también se hablan en el territorio español.

En este sentido, el castellano es una lengua romance del grupo ibérico. Se trata de uno de los seis idiomas oficiales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y del segundo idioma más hablado del mundo según el número de hablantes que lo tienen como lengua materna. Por otra parte, el castellano es el segundo idioma más estudiado en el mundo, por detrás del inglés.

Esta lengua es una continuación moderna del latín hablado (conocido como latín vulgar), que comenzó a desarrollarse tras la desintegración del Imperio Romano. Gracias a su propagación por América, el español es la lengua neolatina que ha alcanzado mayor difusión.

Tal es el crecimiento que ha experimentado a lo largo de la historia este idioma que ahora nos ocupa que en la actualidad se ha convertido en la segunda lengua más hablada del mundo, después del chino mandarín, en base al número de personas del planeta que la tienen como lengua materna. En concreto, las cifras que se barajan determinan que existen 420 millones de personas hispanohablantes.

Asimismo tampoco podemos olvidar, entre algunos datos curiosos, que es uno de los seis idiomas oficiales que tiene la ONU (Organización de las Naciones Unidas) y también que es la tercera lengua más utilizada en Internet.

La mayoría de hablantes del castellano se encuentran en Hispanoamérica. De los países con una mayoría hispanohablante, sólo España y Guinea Ecuatorial se encuentran fuera de América.

En Estados Unidos, el incremento de la población latina ha generado un gran avance de esta lengua. Incluso, en algunas regiones como Miami, el castellano se habla tanto como el inglés. De acuerdo al Instituto Cervantes, la cantidad de estudiantes de castellano en Estados Unidos creció un 70% entre 1986 y 1990, ante la importancia que comenzó a adquirir el idioma en el mundo occidental.

Además de todo lo expuesto, tenemos que determinar que existen otros significados para el término castellano. Así, con él también se hace referencia tanto al señor que posee un castillo como al gobernador de dicha fortaleza.

En este ámbito tenemos que subrayar, de igual manera, que por castellano se conocía además al caballero que en la Edad Media tenía armas y dos cabalgaduras que le servían para trabajar para un señor o un rey durante las batallas. Junto a él y al resto de sus vasallos combatía en las mismas y al final lo que obtenía como recompensa eran tierras que le permitían acrecentar su fortuna y tener una buena posición.

Un tiempo aquel al que nos hemos referido durante el cual además existió una moneda de oro que se dio en llamar castellano y que era propia de la zona de Castilla.

Fuente:

http://definicion.de/castellano/

En España conviven lenguas con variedades lingüísticas

Con el castellano, oficial en toda España, y lenguas como el catalán, el gallego y el euskera o vasco, cooficiales en las autonomías en las que más se hablan, conviven otras lenguas y variedades lingüísticas. «Junto a estas cuatro lenguas principales, conviene señalar la presencia del aranés, variante del gascón que se habla en el valle de Arán, en el Pirineo leridano, y del gallegoportugués en algunas localidades de la frontera con Portugal. Además, es necesario apuntar la pervivencia de dos variedades históricas importantes, el leonés y el aragonés». Así inicia la doctora en Filología Románica Pilar García Mouton su libro «Lenguas y dialectos de España» (Arco Libros) del que está a punto de salir la sexta edición.

La profesora de Investigación en el Instituto de Lengua, Literatura y Antropología del CSIC añade además las lenguas no autóctonas habladas por inmigrantes (árabe, rumano, chino, etc) y de otros extranjeros asentados en determinadas zonas, el caló de los gitanos, el árabe dialectal del norte de África o la variedad del bereber que tiene como lengua materna parte de la población de Ceuta y Melilla.

Entre los dialectos, García Mouton diferencia entre los «históricos» (que se pueden considerar también lenguas), que vienen directamente del latín como el castellano/español, el catalán, el gallego o el asturleonés, y los «innovadores», que proceden del castellano, como el andaluz y las variedades extremeñas, murcianas y canarias. «Lo de lenguas y dialectos minoritarios es relativo. En general se aplica a los que no tienen ningún tipo de protección oficial, pero hay quien lo amplía a lenguas que están en situación desigual en el uso, porque sus hablantes son bilingües y conviven en una situación de diglosia con otra lengua más fuerte socialmente», explica la asesora de la Fundéu.

La Unesco considera «en peligro» al aranés, con menos de 3.000 hablantes, el aragonés, con unos 10.000 y por encima de los 150.000 el asturleonés (que engloba el asturiano, las hablas leonesas de Zamora, León y Salamanca y algunos restos más al sur). En situación «vulnerable» sitúa al euskera (unos 660.000 aunque García Mouton duda de si la Unesco incluye en su recuento a hablantes del sur de Francia).

«Desde principios del siglo XX los dialectólogos vienen advirtiendo de que hay que recoger deprisa todos los testimonios lingüísticos porque están en riesgo y, sin embargo, de una forma u otra han pervivido mucho más de lo que se pensaba», tranquiliza en parte la coordinadora del proyecto del CSIC para elaborar el Atlas Lingüístico de la Península Ibérica.

Las lenguas y los dialectos que han sobrevivido en España, continúa García Mouton, «lo han hecho en una situación de convivencia con el castellano mucho más dura que la actual, desde el punto de vista de la consideración social y de la protección oficial».

Las situaciones de bilingüismo, recuerda la filóloga, se pueden mantener durante mucho tiempo. «Lenguas y dialectos históricos han sufrido a lo largo de los siglos la influencia del castellano y ahora sufren la de la lengua oficial, el español, pero ellos a su vez han permeado el español que tienen más cerca, de manera que recoge léxico, entonación, giros, etc. que vienen de esas lenguas y de esos dialectos», añade.

A juicio de la coautora junto a Alex Grijelmo de «Palabras moribundas» (2011), las hablas locales «son las que pueden correr más riesgo, pero todo dependerá de sus hablantes». Se conservaban mejor cuando las comunidades vivían aisladas que en el mundo actual globalizado. «Los medios de comunicación y la educación tienden inevitablemente a generalizar los usos lingüísticos más “rentables” para el hablante, y fenómenos como el turismo y las buenas comunicaciones contribuyen a desdialectalizar algunas zonas aisladas que hablaban variedades locales, como las pirenaicas», constata Pilar García Mouton, pero al mismo tiempo su consideración social ha cambiado, contribuyendo a su conservación. «La tendencia es a que el número de hablantes disminuya, pero también hay una voluntad de mantenerlas por parte de la comunidad que las considera parte de su patrimonio».

Más riesgos y más protección

Hoy se protege este legado «mucho más» que hace cincuenta años. «En general se valoran las lenguas y los dialectos», continúa la experta del CSIC; aunque «esto no quiere decir que sea suficiente para preservarlos de los peligros que existen en un tipo de sociedad tan comunicada como la nuestra, que tiende a nivelar las diferencias».

Será la comunidad de hablantes la que decida el destino de lenguas y dialectos, a juicio de la filóloga. «Los que consideren importante su variedad, pondrán especial empeño en transmitírsela a sus hijos».

García Mouton considera «una pena que se haya politizado tanto todo lo relacionado con el legado lingüístico, que debería considerarse patrimonio de todos, una riqueza cultural». En su opinión, convendría seguir la recomendación de la Unesco de escolarizar a los niños en su lengua materna y luego ir añadiendo otras a sus conocimientos. «Y también convendría que a los niños españoles se les enseñase desde pequeños que, además de la suya, hay otras lenguas en su entorno, y que aprendiesen rudimentos de esas otras lenguas a través de canciones, adivinanzas… Así se familiarizarían con ellas, aprenderían a valorarlas y a la larga desaparecerían ciertas actitudes heredadas».

Fuente:

http://www.abc.es/cultura/20140929/abci-lenguas-minoritarias-espana-201409191121_1.html

Mapas:

Presentación:

http://prezi.com/o1a2yds7ncwd/dialectos-del-castellano-en-espana/

ALDUNOS DIALECTOS

El Andaluz

Alvar ejerce un poder magnético entre muchos lingüistas andaluces gracias a una obra magna: su Atlas Lingüístico y Etnográfico de Andalucía. Alvar inició este trabajo descomunal en 1951. El filólogo recorrió 260 pueblos andaluces durante ocho años. El resultado fue formidable. Alvar consiguió una detallada fotografía del habla andaluza.

El filólogo corta las polémicas que rodean el andaluz con el bisturí de un científico de la lengua. Para denominar la modalidad lingüística andaluza prefiere el término “dialecto”. Rechaza el término “habla de tránsito”. Y no le convence demasiado el término “español meridional”. “¿Habla de tránsito de qué? Elimine ese término. Creo que los otros dos términos -“español meridional” y “dialecto”- valen para denominar la modalidad lingüística andaluza. Con todo, español meridional no es sólo el andaluz. También son español meridional el murciano y el canario. Lo mejor es llamar dialecto al andaluz. La palabra “dialecto” especifica muy bien lo que queremos decir”, afirma Alvar, sentado en la sala de su casa de Madrid.

Hay personas que consideran peyorativa la palabra “dialecto”. Este tipo de opiniones no son, a juicio de Alvar, sino “complejos de inferioridad estúpidos”. Para el filólogo, lo primero es el criterio científico de la lengua. Cualquier otra consideración no le merece respeto. La idea defendida por algunas personas de que los locutores y presentadores de radio y televisión utilicen el andaluz también merece su rechazo. “No estoy de acuerdo con eso. Eso no demuestra más que un espíritu de pueblo. Pero vamos a ver, ¿qué andaluz deberían emplear estos locutores y presentadores? ¿El de Ayamonte (Huelva) o el de Pulpí (Almería)? Buscar presentadores que hablen en andaluz para contar los partes de la guerra de Kosovo es una idea que me parece una sandez supina”, señala el filólogo, que ha trabajado en el Foro Andalucía Nuevo Siglo.

Alvar aboga por hablar “la lengua de cultura”. “He sido profesor en Pekín, California, Chile y Perú. ¿Si hubiera hablado en dialecto, cree usted que me hubieran llevado a algún sitio? He trabajado en esas universidades porque me entienden, porque hablo en la lengua de cultura”, recalca.

Su opinión sobre el denominado andaluz culto o ejemplar (alejado del vulgarismo, pero que mantiene la fonética andaluza) no es demasiado alentadora. “Eso se llama español. Yo no llegué a conocer a don Antonio Machado. Unos me han dicho que hablaba un sevillano cerradísimo. Otros me han comentado que hablaba un español medio. ¿Por qué hay opiniones tan diferentes sobre cómo hablaba Machado? Porque lo mismo les daba que hablara en sevillano que en español medio, debido a que lo entendían perfectamente. Federico García Lorca escribía en la lengua culta común a nosotros. Lo que es lógico es que hablara con una entonación granadina”, agrega Alvar.

El filólogo tiene un recuerdo para Elio Antonio de Nebrija (Lebrija, 1441-Alcalá de Henares, 1522). Nebrija contribuyó al proceso de unificación del castellano iniciado por los Reyes Católicos. Su Gramática castellana (1492) es la primera de una lengua romance. “El humanista Juan de Valdés decía que Nebrija era un andaluz que ensuciaba la “polideza” (tersura, lustre) de la lengua castellana. Lo que supuestamente ensuciaba esa “polideza” de la que hablaba Valdés no era la fonética -seseo, ceceo…- sino el vocabulario que usaba. Porque Nebrija se iba con la gente de su pueblo e iba aprendiendo con ellos todas esas palabras que designan las cosas pequeñas (alimañas, hierbas…). Este gramático llegó a escribir en un texto que estaba “aprendiendo” de sus “maestros de Lebrija”. Y lo prodigioso es que en Lebrija la gente continúa hoy en día hablando con esas palabras que se utilizaban en el siglo XV”, recuerda Alvar.

El amor de este filólogo al andaluz, los largos años de trabajo gastados en su análisis, no le llevan a aceptar propuestas como la creación de cátedras de Lingüística Andaluza. “Eso no tiene sentido. En todas partes se llega a aberraciones de este tipo. Hace unos años estaba en un congreso en Aragón. Entonces se levantó un bárbaro y me espetó: “¿Por qué habla usted de Aragón sin ser aragonés?”, relata Alvar. El filólogo -que publicó El dialecto aragonés en 1953 y que es Premio Aragón de las Letras- se quedó estupefacto ante la invectiva de aquel personaje. Con todo, Alvar tuvo fuerzas para replicarle. Le contestó con una cita de Valle-Inclán. “De acuerdo con su opinión, de los elefantes sólo podrían hablar los paquidermos”, le dije a aquel bárbaro”, recuerda Alvar.

La posible pérdida de muchos términos que figuran en su Atlas Lingüístico y Etnográfico de Andalucía ante la evolución de la sociedad es una posibilidad que está ahí. La uniformación que propicia la televisión o la reducción del vocabulario en amplios sectores sociales es un factor a tener en cuenta. “Esa gente [que habla un lenguaje pobre] no es la gente rural. No es el campesino que siembra y cosecha y que mantiene el vocabulario. Hay unas cosas que desaparecen por la historia porque la vida lleva unos derroteros que antes no teníamos”, concluye Alvar.

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http://elpais.com/diario/1999/11/30/andalucia/943917753_850215.html

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El Aragonés

Lengua autóctona de Aragón , de filiación románica. Sinónimo de lengua aragonesa, que a veces también se denomina altoaragonés . Con frecuencia los filólogos hablan de dialecto aragonés, denominación que convendría más a la modalidad del castellano hablado en Aragón. Se aplica en lingüística el término dialecto a una lengua en cuanto proveniente de otra, de la que se ha diferenciado, en mayor o menor grado, y de la cual forma parte o depende genéticamente porque procede de ella. Así, puede llamarse dialecto del castellano el castellano hablado en Aragón, porque es una modalidad de él, con características propias distintas de las del castellano de Andalucía o del de América. Por el contrario, el aragonés procede, al igual que el resto de las lenguas románicas, del latín . Puede decirse, entonces, que el aragonés es un dialecto del latín, como lo son cada una de las lenguas románicas. Sólo en este sentido genético puede aplicarse con propiedad el término dialecto al aragonés.

Actualmente se conserva, mermado y empobrecido, en el norte de Aragón, en el área aproximadamente delimitada por la línea Ansó Santa Eulalia de Gállego Fonz Benasque . Sus fronteras lingüísticas por el sur y el oeste están muy difuminadas a causa de la castellanización; por el este, la transición gradual del aragonés al catalán se hace a través del ribagorzano ; por el norte, la frontera administrativa conforma también los límites con el gascón . Actualmente hablan el aragonés, de una manera más o menos cotidiana y en estado relativamente puro, unas 10 ó 12.000 personas. Si a éstas se añaden las que lo conocen, lo emplean ocasionalmente o lo hablan muy castellanizado, resultaría una cifra de 40 a 60.000 personas. No existen estadísticas exactas y sería difícil lograrlas, dado el estado de descomposición en que actualmente se encuentra el aragonés en la mayoría de las zonas. A pesar de los graves problemas sociolingüísticos que ha soportado y soporta, el aragonés posee una modesta literatura y su propia gramática .

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http://www.enciclopedia-aragonesa.com/voz.asp?voz_id=1113

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El Aranés

Aranés es el nombre que recibe popularmente en el Valle de Arán la variedad dialectal gascona de la lengua occitana. Aunque se trata de la denominación más extendida, en ningún caso se emplea con motivos secesionistas y el consenso sobre la pertinencia del aranés a la lengua occitana es prácticamente total y reconocido legalmente.

La presencia de la lengua y cultura occitanas en territorio catalán se explica por motivos históricos, cuando en el siglo XV se integró de manera pactada en Cataluña. A pesar de su vinculación política con este territorio, su aislamiento geográfico le ha permitido conservar durante siglos y hasta la actualidad su carácter y patrimonio occitano, actualmente reconocido legalmente con el autogobierno del valle.

El occitano es una lengua indoeuropea proveniente del latín, de la rama románica oriental. A pesar del esplendor cultural que vivió durante la edad media, ha ido experimentando un constante declive fuertemente acentuado a partir de la revolución francesa. Si bien durante los siglos XII y XIII fue la lengua de cultura en las cortes del sur de Europa, la progresiva extensión del francés, acentuada con la revolución de 1789, lo fue arrinconando primero de los ámbitos públicos y de cultura y, después, también de los privados y populares. Desde un punto de vista lingüístico, el occitano se divide en seis variedades: el alpino, el auvernense, el gascón, el limosín, el languedociano y el provenzal. La variedad aranesa pertenece al grupo de hablas gasconas. La lengua occitana, actualmente, se habla en el sur de Francia, en las provincias italianas del Piamonte y Liguria, en Mónaco y en el Valle de Arán, en el noroeste de Cataluña. Su número de hablantes no está establecido con precisión, pero actualmente se sitúa entre 1.000.000 y 3.700.000. De ellos, se considera que en torno a 5.000 son hablantes de aranés.

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http://www20.gencat.cat/portal/site/culturacatalana/menuitem.be2bc4cc4c5aec88f94a9710b0c0e1a0/?vgnextoid=77595c43da896210VgnVCM1000000b0c1e0aRCRD&vgnextchannel=77595c43da896210VgnVCM1000000b0c1e0aRCRD&vgnextfmt=detall2&contentid=29983c084ded7210VgnVCM1000008d0c1e0aRCRD&newLang=es_ES

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El Asturleonés

El romance asturleonés es el resultado de la evolución del latín que introdujeron los conquistadores romanos en el territorio de los ástures, pueblo prerromano que habitó, grosso modo, la mayor parte de Asturias y León, el occidente zamorano y el noreste portugués. La ocupación y colonización romana de Asturia llevó a la organización de una administración que se articuló gracias a un convento jurídico, el Conventum Asturum con capital en Asturica Augusta, la actual Astorga, ciudad que se convirtió en el principal centro de romanización de los ástures. Pero para la definitiva conformación y diferenciación de lo que sería el dominio lingüístico asturiano –leonés fue decisiva la existencia del reino medieval de Asturias y de León que tuvo entidad política entre los siglos VIII y XIII. En definitiva, en Asturias y en León se generó un romance autóctono, el asturleonés, que constituye uno de los idiomas románicos peninsulares junto con el gallego–portugués, el castellano, el aragonés y el catalán que si bien surgen del latín, son a su vez el resultado de la situación política, cultural y social que se creó en la Península Ibérica durante la Edad Media. Xulio Viejo (2003, pp. 297–301) apunta el papel que jugaron tres ciudades en la evolución interna del asturleonés como fueron Astorga, la capital del Conventum, y Oviedo y León, ambas sede de la corte del reino medieval en momentos históricos diferentes. No podemos olvidar tampoco la importancia de centros culturales como los monasterios de Sahagún o Moreruela, o de las antiguas vías de comunicación a la hora de singularizar este romance en relación con los vecinos y de explicar los límites dialectales internos del dominio lingüístico. De esta forma, la interacción social, el intercambio económico, la actividad cotidiana, la acción política y militar fueron determinantes para que el asturleonés contara y cuente con rasgos y tendencias propias.

Del año 1171 y procedente de Sahagún es el primer documento leonés que conocemos completamente redactado en romance asturleonés. Es precisamente entre los siglos XII y XIII cuando el asturleonés alcanzó su máxima expansión territorial y una situación de relativa normalidad al ir alcanzando la lengua del reino una serie de usos formales que fue ganando al latín como fueron su empleo en la literatura, (Poema de Elena y María, El Libro de Alexandre), en el ámbito de la justicia (con la traducción del Forum Iudicum visigodo al asturleonés), o en la administración y organización de territorio como lo prueban los fueros de las principales ciudades del reino que fueron redactados en asturleonés o romanceados en este idioma desde el latín. Después de la incorporación del Reino de León a la Corona de Castilla en el año 1230 es cuando el asturleonés alcanzó un mayor nivel de uso escrito e incluso institucional, aunque desde finales del siglo XIII el castellano comenzó a sustituir al asturleonés en la escritura en un lento proceso que no se consumó completamente hasta el siglo XV. La perdida de poder político de los territorios del antiguo reino leonés, su escasa población y su inferior nivel de desarrollo económico en relación con otros territorios de la Corona, así como la mencionada sustitución del asturleonés en la escritura a favor del castellano que fue muy promocionado por los monarcas desde Alfonso X, fueron circunstancias que favorecieron su retroceso social, territorial y la pérdida de prestigio hasta quedar reducido a la condición de lengua oral. Aun así, al comenzar el siglo XX el asturleonés todavía se hablaba a las puertas de las ciudades de León y Zamora como demuestran las encuestas lingüísticas de la época. Fue en ese momento cuando comenzó el estudio científico del asturleonés así como un incipiente cultivo literario que no fue suficiente para evitar el abrumador avance del castellano que se ha constatado en las comarcas leonesas a lo largo de la pasada centuria.

En la actualidad el asturleonés como realidad viva en sus distintas variantes se mantiene en León y Zamora de una forma muy precaria por unos pocos hablantes que se pueden llamar patrimoniales y que invariablemente son de edad avanzada. Si hasta el siglo XX la castellanización lingüística del territorio leonés se producía de manera lenta y se desarrollaba esencialmente por la amplia zona contacto entre los dos idiomas, en la pasada centuria el castellano penetró cada vez más siguiendo las vías de comunicación más importantes y desplazando al asturleonés de los núcleos de población más relevantes. Por lo tanto, los difusos límites del asturleonés en la provincia de León se encuentran hoy a partir del río Órbigo hacia el oeste y en la zona montañosa del norte leonés, y en Zamora en las comarcas de Sanabria, Aliste y La Carballeda. Son las zonas señaladas como 1 y 2 por Borrego Nieto (1996, pp. 141–149) en su estudio sobre el leonés, quien dice que “en la parte más occidental de León y el noroeste de Zamora el dialecto mantiene una cierta coherencia de código distinto, al menos en determinados hablantes”, hasta el punto de que en la señalada como zona 1, “el dialecto se percibe como un código distinto, capaz de alternar con el castellano en una especie de juego diglósico”. La realidad es que en esta estrecha franja territorial que comprende la alta Sanabria, La Cabrera, parte del alto Bierzo, Fornela y los valles noroccidentales leoneses, desde Palacios del Sil a Babia, es donde podemos decir que el asturleonés está en uso hoy en las dos provincias mencionadas. Por otro lado, las distintas variedades del asturleonés hablado siguen estudiándose en la actualidad lo que constata que sigue siendo una realidad viva.

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http://www.funjdiaz.net/folklore/07ficha.php?ID=2515

El Bable

En Asturias hablan bable unas 200.000 personas, el 20% de la población. Es una lengua minoritaria que, a juicio de este investigador de Filología asturiana, se va diluyendo en el castellano. Su porvenir dependerá de si los ciudadanos de Asturias creen en ella, «si no es así, no tendrá futuro, aunque los políticos y las leyes digan otra cosa», asegura. Y la sociedad asturiana, a su juicio, «no parece apostar por un uso instrumental y vehicular» de esta lengua romance de la que se tienen noticias desde el siglo XVII.

-¿Cuáles son las primeras referencias al «bable»? ¿Se hablaba entonces más o menos que ahora?

El historiador benedictino Luis Alfonso de Carvallo ya habla de la «lengua asturiana» a comienzos del siglo XVII. Ahora bien, la primera mención del término bable es del intelectual ilustrado Carlos González de Posada, amigo y colaborador de Gaspar Melchor de Jovellanos. Posada escribe en 1794: «Idioma asturiano que allí dicen vable» (aparece escrito con «v», vable, en una época sin regularización ortográfica, pero inmediatamente las menciones aparecen como bable). A partir de Posada, y ya en su misma época -comenzando por el propio Jovellanos-, el uso de bable es bastante común. Ahora bien: hay que precisar que bable siempre ha sido una denominación confinada al uso erudito, académico, intelectual, literario. El pueblo llano siempre se ha referido a su habla o lengua como asturianu o asturiano (según las zonas geográficas); esto se ve perfectamente en el mapa correspondiente del Atlas Lingüístico de la Península Ibérica, confeccionado en los años 30 del s. XX. De esto doy plena fe en el uso doméstico en el que me crié: siempre dijimos asturianu. En un estudio que hice en 1985, comprobé lo que era una sospecha: que asturianu es el nombre que la gente da a su habla, y bable (que es una denominación también conocida) se reserva más bien para el uso elaborado, escrito o académico de la lengua: algo así como «yo hablo asturianu y me gusta la poesía en bable».

-¿Cuáles son los orígenes de la lengua asturiana? ¿Cuáles son las referencias históricas más antiguas?

Desde un punto de vista histórico, en la lingüística hispánica se denomina «asturiano» -y quizá más adecuadamente «asturleonés»- a uno de los romances ibéricos, es decir, a una de las lenguas o dominios lingüísticos que históricamente se formaron en la Península Ibérica a partir de la evolución y disgregación geográfica del latín vulgar hispánico.

Se suele citar como primer documento del asturleonés la llamada Nodicia de kesos, un inventario de quesos de finales del siglo X, procedente de cerca de la ciudad de León. Sin embargo, tiene más entidad, como primer documento en asturleonés o asturiano, el Fueru d’Avilés, otorgado por Alfonso VI de León en el s. XI, aunque se conserva en copias posteriores.

-¿Qué caracteriza al bable y lo distingue de otros dialectos?

Desde un punto de vista técnico, estrictamente lingüístico o glotológico, el asturleonés (o asturiano) es una de las lenguas romances de la Península Ibérica, lo que implica que no se originó a partir de otros romances (castellano o gallego, pongamos por caso). Los dialectos son variedades de lenguas, y el asturleonés o asturiano no es una variedad ni de castellano ni de gallego, eso es una obviedad para cualquier lingüista y dialectólogo. Lo que sucede es que una gran parte de los hablantes de asturleonés o asturiano están muy castellanizados, en cuyo caso sí se puede decir que hablan un dialecto del castellano, pero no se puede decir eso de los hablantes que aún conservan la lengua en un estado de conservación notoria.

Dicho esto, digamos que el asturiano es una lengua que comparte ciertos rasgos con el gallego, otros con el castellano, y presenta al mismo tiempo otros rasgos propios. Vamos, parecido a lo que sucede con el resto de lenguas románicas peninsulares. Por ejemplo, el asturiano coincide con el gallego en la colocación de los pronombres átonos con el verbo, en un ejemplo como «tráxomelu» (me lo trajo, me lo ha traído). Con el castellano comparte la «ll» de palabras como castiellu o callar, por poner un ejemplo. Y, finalmente, el asturiano tiene rasgos propios, como la concordancia de neutro, en un ejemplo como «la ropa vieyo tirólo» (la ropa vieja la ha tirado).

-¿En qué se diferencia del castellano?

El asturiano y el castellano tienen, lógicamente, rasgos mutuos compartidos y rasgos mutuos diferenciales. Entre estos, podemos citar rasgos fonológicos: vocal u final para marcar el masculino singular; conservación de la f inicial en palabras como falar ‘hablar’, fierru ‘hierro’, fayéu ‘hayedo’, filu ‘hilo’, etc.; ll inicial en palabras como lluna ‘luna’, lletra ‘letra’, llavar ‘lavar’, llimpiu ‘limpio’, etc.; «y» en palabras como trabayu ‘trabajo’, muyer ‘mujer’, espeyu ‘espejo’, etc.; «x» en palabras como xente ‘gente’, xuegu ‘juego’, páxaru ‘pájaro’, Xixón ‘Gijón’, etc.

Entre los rasgos gramaticales: plurales femeninos en -es, como en «les cases blanques» (las casas blancas), «les fabes» (las alubias); género neutro para no contables, como «la ropa vieyo» (la ropa vieja), «la xente vien contento» (la gente viene contenta); sistema peculiar de colocación de pronombres átonos, muy semejante al gallego, como en «préstame» (me gusta), «nun me presta» (no me gusta); predilección por los tiempos verbales simples, como «cayéronte les llaves» (se te han caído las llaves), «yá falara de la que lleguesti» (ya había hablado al llegar tú). Por supuesto, el léxico del asturiano tiene una personalidad propia en multitud de campos semánticos y nocionales, aunque también tiene muchas coincidencias.

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http://www.abc.es/sociedad/20140915/abci-polemicas-asturiano-siempre-sale-201409121506.html

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El Churro

El castellano churro es la denominación popular de un conjunto de variedades dialectales del castellano, especialmente la de la comarca de los Serranos, en la Comunidad Valenciana; y más genéricamente la del habla de las Comarcas churras valencianas limítrofes de la Hoya de Buñol, Rincón de Ademuz, Canal de Navarrés, Alto Palancia y Alto Mijares. Además, algunas de las características de estos dialectos se pueden encontrar a veces también en el castellano hablado en la zona históricamente valencianohablante, sobre todo en lo referente a la fonética.

Actualmente, como en todas partes, las características propias de estas variantes del castellano tienden a desaparecer y ser sustituidas por el castellano estándar. El habla churra ya sólo se aprecia de forma importante en las zonas más aisladas o entre los hablantes de más edad.

Los habitantes de La Serranía se llaman a sí mismos “churros” o “churricos” con gran orgullo y sentimiento de pertenencia a la misma comarca. Algunas teorías o leyendas sobre por qué se llama churro a la manera de hablar de las comarcas arriba mencionadas son:

  • Este dialecto puede deber su nombre a que, antiguamente, en la entrada norte de Valencia, había una churrería casi en las afueras de la ciudad, y por ello a todo forastero que llegaba de esa dirección se decía que “venía de la churrería”, por lo que adoptaron el nombre de churros hasta la actualidad. Esta teoría es un cuento popular contado a los niños para identificar a los forasteros que no necesariamente son de los serranos.
  • Realmente se debe su nombre a que en la época foral los habitantes de Alpuente, la entonces capital de la taifa del mismo nombre y de lengua similar a la hablada en el sur de Aragón, no sabían pronuciar el “yo juro” cuando juraban las nuevas leyes traídas por el Rey Jaime I tras su conquista, en la lengua oficial valenciana (“jo jur / jure”) y pronunciaban churro. Así queda reflejado en los documentos encontrados en el castillo de esta villa.
  • Otra posibilidad es que churro se originara primero como adjetivo peyorativo referido al habla castellanoaragonesa del interior de la Comunidad Valenciana y finalmente como calificativo de estas personas. En valenciano popular y en el castellano de castilla, así como en astur-leones y en la variante andaluza y aragonesa del catellano y es frecuente el uso de churro para referirse a una cosa mal hecha, por lo que churro pueda entenderse como una forma de hablar mezclada (aragonés, valenciano y castellano) percibida así como churro.
  • Más sólida es la opinión de Vicente Llatas Burgos cuando afirma que en tiempo de los moros a los naturales de la comarca de los Serranos se les llamaba “churri”, voz que deriva de “tzurios”. “Tzuria” en vasco equivale a “blanco” y el río Turia en la comarca de la Serranía y el Rincón de Ademuz se ha llamado tradicionalmente Blanco. El nombre de churro se ha asignado únicamente a los castellanohablantes de las comarcas valencianoparlantes lindantes con la Serranía. No así en las que lindan con otras comarcas donde se les refiere con el nombre de “castellans”, no conociendo los valencianohablantes este significado de la palabra “xurro” en comarcas como la Vall d’Albaida o l’Alcoià. Como curiosidad cabe decir que en el habla churra de la Serranía, un churro es una planta.

Fuente:

http://noticias-de-hoy.es/castellano_churro

El Canario

Es bastante similar al español hablado en Cuba, Puerto Rico, Venezuela y Republica Dominicana. Existen teorías que definen este dialecto como una fusión entre la lengua portuguesa y el español.

El origen de este dialecto se remonta a tiempos anteriores a la conquista de las Islas Canarias por parte de la Corona de Castilla, ya que en las primeras expediciones que llegaron a las islas para su conquista predominaban las personas procedentes de Andalucía y Portugal. Tras dicha conquista se produce un fuerte proceso de aculturación, ya que prácticamente desaparecen una serie de dialectos bereberes de la población prehispánica, conocidos como Guanches que vivían en la isla de Tenerife. De este dialecto sólo sobreviven una serie de nombres y términos relacionados con nombres de plantas y animales, ganadería, y muchos topónimos y antropónimos.

El habla canaria incluye gran cantidad de voces propias, los llamados “canarismos”. Canarismos procedentes de formas dialectales del idioma español, ejemplos:

Canarismos de origen americano.- Proceden fundamentalmente del área del Caribe (Cuba, Puerto Rico, Venezuela) y fueron introducidos en Canarias como consecuencia del fuerte nexo emigratorio que durante siglos unió a las islas con América. Son términos vinculados a cualquier ámbito de la cultura tradicional isleña y tienen mayor arraigo en las islas occidentales (La Palma, El Hierro, La Gomera y Tenerife) que en las orientales ( Gran Canaria, Lanzarote , Fuerteventura) por la vinculación más continuada de aquellas con el Nuevo Mundo. Ejemplos de ello son los vocablos “papa” (patata), “guagua” (autobús).

Canarismos de origen andaluz: Se trata de un reducido grupo de voces introducidas por los andaluces desde los inicios de la conquista y colonización del archipiélago. Ejemplos de andalucismos en el habla canaria son “embelesar” (adormecer).

Canarismos procedentes del castellano antiguo o arcaísmos:
Proceden de voces castellanas antiguas, extintas en otras zonas de habla española, y conservadas en Canarias por particularidades culturales y geográficas de las islas, como el aislamiento de las mismas respecto a las áreas donde se imponía la norma estándar. Fueron introducidas de manera inmediata a la Conquista de Canarias y han permanecido a pesar de haber dejado de formar parte del español normativo. Ejemplos de ello son “bezo” (labio) o “correr” (en el sentido de expulsar, echar a alguien).

Canarismos procedentes de idiomas distintos al español
La presencia de estos términos en el dialecto canario remite a contextos históricos diversos, dando muestra de los contactos y las situaciones culturales vividas por el pueblo canario durante siglos. Se pueden distinguir cinco grandes grupos:

Canarismos de procedencia guanche o aborigen: Términos de origen bereber que sobrevivieron al proceso de colonización cultural vivido en Canarias desde comienzos del siglo XV. Suelen estar vinculados al mundo de la flora y la fauna canarias (“tabaiba”, “tajinaste”, “perenquén”, “guirre”), a la actividad ganadera y pastoril (“baifo”, cría de la cabra, “jaira”, cabra), así como a actividades o productos vinculados a la cultura indígena (gofio, tagoror, mencey). Además, la toponimia canaria está llena de palabras de origen guanche (Tacoronte, Taganana, Tegueste), y muchos nombres propios proceden de la época prehispánica (Gara, Jonay, Yaiza).

Canarismos de origen portugués.- Es el idioma extranjero que más voces ha proporcionado al español hablado en Canarias, debido a que durante los siglos XV, XVI y XVII muchos portugueses se establecieron en las islas. Se trata de una gran cantidad de palabras de todas las categorías gramaticales y vinculadas a la mayor parte de las esferas de la vida, aunque especialmente a la agricultura (“millo”, maíz), la ganadería (términos como “bosta”,excremento del ganado), el mar y la pesca (como “burgao” pequeño caracol de mar) y el ámbito del hogar (palabras como “gaveta”, cajón corredizo de los muebles, o “fonil”, embudo).

Canarismos de procedencia inglesa.-Se trata seguramente de las voces más recientemente incorporadas desde otros idiomas al habla canaria, resultado de los vínculos comerciales con Inglaterra y el establecimiento de negociantes británicos en las islas, sobretodo en los siglos XIX y XX. Del inglés proceden términos como “queque” (dulce elaborado al horno a base de huevos, azúcar, pasas y otros ingredientes, del inglés cake), “quinegua” (tipo de papa, del inglés King Edward) o “naife” (nombre del cuchillo canario típico usado en el cultivo del plátano, proviene de la palabra inglesa knife).

Canarismos de procedencia francesa.- Del francés hablado por los primeros conquistadores normandos se ha conservado un reducido número de palabras. Ejemplos de ello son los términos “malpaís” (terreno improductivo, en Canarias usado para designar a los campos de lava, parece proceder del francés antiguo “male país”) o “cardón” (tipo de planta autóctona, que podría proceder del francés “chardon”, planta con espinas).

Canarismos de procedencia árabe: Del contacto con el África continental ha llegado a Canarias un reducido número de arabismos, relacionados con el mundo del camello (“majalulo”, cría del camello) y otras relacionadas con el ámbito familiar, introducidas por los pescadores canarios del banco pesquero canario-sahariano y por los emigrantes retornados desde el Sáhara Occidental tras su descolonización. Se trata de términos como “guayete” (niño) o “jaique” (vestido mal hecho y poco ceñido).

Fuente:

http://www.santacruzmas.com/SantaCruzMas.asp?IdMenu=4&IdSeccion=39&IdSubseccion=124#sthash.Kc5Q0XO2.dpuf

Presentación:

http://prezi.com/3fndesodw7uf/el-dialecto-canario/

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El Extremeño

“Entre nusotrus i nusotrus palramus estremeñu pa platical. Quandu mos ajuntamus aquí, procuramus quasi que siempri de palrá-lu, porque la mejol manera que tenemus de defendel el estremeñu es palrandu-lu. Es la horma d’aprendel los marrus que hazemus. Entovía hazemus muchus”. Quien habla es uno de los principales defensores y divulgadores del dialecto extremeño en la región, Ismael Carmona, presidente del Organo de Seguimiento y Coordinación del Extremeño y su Cultura (Oscec).

El objetivo de este colectivo, creado hace dos años siguiendo la estela de asociaciones anteriores, es dar a conocer e investigar una forma de hablar que pervive entre los más mayores de las zonas rurales, pero que tiene secuelas en muchos extremeños. ¿Quién no ha escuchado decir ‘asina’, ‘entoavía’ o se ha puesto ‘pingandito’ o ‘gimiendo’? Pues estas cuatro palabras no pertenecen al castellano, sino al extremeño. “Hay mucha gente que las utiliza todavía y criticamos que están hablando mal y no es así sino que están hablando en extremeño sin saberlo”, defiende Ismael, profesor de Latín.

Hay quienes sí lo saben y lo utilizan para dar valor a este dialecto que con la acción uniformadora de la escuela y la proliferación de los medios de comunicación empezó a perder prestigio social, llegando a considerarse vulgar o cateto, “lo que aumenta el desapego de los ciudadanos y ese es el principal hándicap”, cuenta. En extremeño, mucho más allá de los reconocidos Luis Chamizo o Gabriel y Galán, se siguen escribiendo libros. El último, ‘Ceborrincho’, de Miguel y Elisa Herrero, dos hermanos de Ceclavín afincados en Madrid, recoge varios relatos de la naturaleza y el entorno rural en prosa poética. Además de libros, hay cartas de menú traducidas en extremeño, en el Hotel Julio de Trujillo; resúmenes de tesis doctorales cuyos autores han pedido expresamente incluir este dialecto como si del inglés se tratara y hay hasta una película, ‘Territoriu de bandoleros’, grabada el año pasado por los vecinos de Serradilla, uno de los municipios extremeños más implicados en la lucha por conservar este habla. Garrovillas o Piornal están en la misma línea.

Nunca llegó a ser una lengua oficial, pero en casa de Bienvenido Gutiérrez, se ha hablado toda la vida. “Era la lengua del pueblo hasta hace 50 años”, recuerda. Este vecino de Miajadas, presidente de la asociación local Pablo Gonzálvez sobre el habla extremeño, es otro de los defensores de una lengua que despierta más interés fuera que dentro de la región. Tanto que la Oscec cuenta con medio centenar de socios repartidos por toda la geografía regional y nacional, pero también en Canadá. Entre todos buscan las raíces de este viejo dialecto que tiene influencias del portugués, el asturleonés, el árabe y el castellano y cuyos hablantes se extienden más allá de los límites geográficos de la región. “En Extremadura se habla más al norte que al sur, más al oeste que al este, pero también en pueblos de Salamanca por ejemplo. Incluso hay municipios extremeños como Helechosa de los Montes en los que no se habla”, cuenta Carlos del Sol, otro profesor de Latín miembro de Oscec, cuyo colectivo engloba a docentes, estudiantes, investigadores,…

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http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/extremadura/palremus-estremenu_766468.html

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La Fala

En la Sierra de Gata, en su extremo occidental que se une a Portugal, nace el río Eljas, en cuyo Valle alto acoge las localidades y términos de San Martín de Trevejo, Eljas y Valverde del Fresno. A tal afluente del Tajo se une, desde Portugal el río Torto, y en el término de Valverde los arroyos Pesqueiro, Sobreiro, Fumadle, por su margen derecha los tres. Por la izquierda, en este valle, se le une la Rivera de San Martín y ya en el valle de Villamiel – Trevejo, la Rivera trevejana que se une al Eljas en el punto en que existió hasta el siglo XV o XVI la localidad de Salvaleón, hoy ruinas y antes, según algunos historiadores la INTERANNIA romana.
Los nombres vernáculos de estos arroyos, ríos y riberas, como los de las tres villas del valle (As Ellas, Sa Martín de Trevellu y Valverdi du Fresnu) nos delatan la existencia y vigencia actual de su Fala.

ORIGEN.- Esta lengua materna, viva aún es estas villas, es según se ha dejado palpable en los más recientes estudios filológicos e histórico – geográficos sobre ella, una rama del GALAICO- PORTUGUÉS que siguió a la romanización peninsular y aquí quedó fija, principalmente, desde la denominada Reconquista, en tiempos de Fernando II y Alfonso IX, de la zona. La donación del Castillo de Trevejo por el primero, los Fueros de Salvaleón por el segundo, con sus analogías en tierras de León, Zamora, Portugal de hoy (Riba, Coa, etc.), lo quedan claro.
En estudios comparativos se resalta su identidad con el Gallego actual suroriental. Los fenómenos fonéticos, morfológicos, léxicos, que se registran aquí, como en el Bierzo, occidente Asturiano, zona zamorana, son asimilables al gallego y lo diferencian bien del portugués, aunque con ambas lenguas comparta “F” inicial y tantas etimologías latinas. Se aprecian en la Fala rasgos del antiguo leonés, préstamos del araba y bastantes palabras prerromanas, como ocurre con el castellano y otras lenguas románicas, que por el siglo X, XI eran tan similares en Iberia.

EXTENSIÓN.-La Fala vive y se utiliza en las tres citadas villas. Es conveniente recordar que en esta zona geográfica, de tan sólo 251,71 km2 habitaban unas 6000 personas en el siglo XVI y que existían otras poblaciones y caseríos, como Salvaleón, Santa Ana, Torrelamata, La Granja, etc.
Hoy en día la Fala está viva en las tres villas del valle y se habla, incluso en ciertos niveles que llamabas “oficiales” por la mayoría de los habitantes y todos los nativos que viven fuera de aquí.
Aunque básicamente es igual en sus raíces presenta tres variantes locales “o manhegu” en San Martín de Trevejo, “o lagarteiru” en Eljas y ” o valverdeiru” en Valverde del Fresno.
Fala i Cultura, la Asociación que une a todos los amantes de este patrimonio cultural en las tres villas comprometidos no solo para hablar, sino para trabajar en su conservación, darla a conocer, valorarla y apreciarla en cuanto posee de esencias filológicas, históricas, culturales y humanas, ha conseguido que la Unión Europea la reconozca como Lengua minoritaria. Sus esfuerzos también van encaminados a la defensa del patrimonio histórico, natural, cultural, etc.
Adisgata (Asociación para el Desarrollo Integral de Sierra de Gata ) aprobó el proyecto de divulgación de la Fala en el área escolar, editando “Vamus a Falar” y organizando charlas con escolares y adultos con la colaboración de la asociación “Fala i Cultura”.
“O manifestu do día da nossa Fala” firmado por los alcaldes de Valverde, Eljas y San Martín, reclamaba “el respeto y ayuda que la Constitución y el Estatuto de autonomía contienen sobre la defensa del Patrimonio Cultural de los pueblos, animando a todo vecindario a mantener y sostener con orgullo y poder alimentar, desde nuestras raíces, un Patrimonio para disfrute de todos”. Tal manifiesto fue elaborado por Fala i Cultura con ellos.
La Junta de Extremadura ha reconocido a la Fala como “Bien de interés cultural”oficialmente.
En 1999 se celebró en San Martín de Trevejo un Congreso de Expertos en el que se debatió sobre la Fala, posteriormente hubo un Encuentro de estudiosos de varias zonas con lenguas minoritarias (fala, frsión, ladino, aranés…) para conocer problemáticas, actuaciones, prácticas de conservación y defensa, difusión y valoración de las mismas. Estos eventos fueron organizados por Presidencia de la Junta de Extremadura y Fala i Cultura y financiados por la Unión Europea.

Fuente:

http://www.disfrutaplasencia.com/la-fala

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Murciano

La actual Región de Murcia (y las comarcas limítrofes murciano-hablantes), sus costumbres y su lengua son el producto natural de la convivencia durante siglos de razas distintas en un punto concreto de la geografía peninsular, puerta de entrada en la antigüedad de las culturas tradicionales y más desarrolladas de la cuenca del Mediterráneo.

Para comprender bien los orígenes de la forma de hablar que se da en Murcia debemos hacer un breve repaso por la historia del actual territorio.

Desde la provincia romana Carthaginense, a la que siguió la bizantina Oróspeda, y que con los visigodos pasó a ser Aurariola, el S.E. peninsular ya presentaba rasgos peculiares en cuanto al latín que allí se hablaba y se habló durante la época visigótica.

Al desmembrarse el Reino Visigodo debido a las sucesivas invasiones musulmanas, se funda la Cora de Todmir o Reino de Teodomiro.

Este Reino que desde sus comienzos fue el único en gozar de autonomía dentro de Al-Andalus, conservó su habla dialectal latina que constituyó después en los mozárabes murcianos y hasta el siglo XIII la latinia o “Aljamía del Oriente del Andalus”, una lengua romance plagada de arabismos.

Durante cinco siglos se mantuvo más o menos viva dicha lengua, lo que contribuyó a incorporar la tradición lingüística indígena del reino a los nuevos conquistadores.

De aquel romance mozárabe quedan palabras como ababol, abercoque, alcacil, aletría, arciprés, asina, cabolo, caliche, cauz, caparra, compaña, corrental, falluto, juntamento, Migalo, morciguillo, pagamenta, pancha, perifolla, quijero, truje, verrugo, vide o visibilo.

La dominación musulmana en el Reino de Murcia termina con la reconquista por parte de los cristianos de Castilla y Aragón.  Desde 1243, numerosos castellanos fueron a repoblar el Reino de Murcia, dispersándose éstos por varios lugares pronto se fundieron el romance castellano con el mozárabe, formando esta fusión la base lingüística del habla regional.

Con la conquista por parte de los cristianos del Reino, fueron primero los religiosos aragoneses los que vinieron a predicar el Cristianismo a estas tierras.

El texto más antiguo que se conoce en lengua romance en esta Región data de finales de Agosto de 1244 y está escrito en aragonés.

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http://www.lomejordemurcia.com/lmdm_cultura_lengua.htm

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Riojano

Se denomina dialecto riojano al conjunto de variedades dialectales del castellano o español habladas en la región española de La Rioja, presentando éste rasgos del aragonés y del euskera, así como otros similares al resto de lenguas peninsulares.

Se divide en dos subdialectos: El de La Rioja baja y el de la alta, tendiendo el de La Rioja alta a coincidir en algunas características con Castilla y León ( Burgos y Soria), y el de la baja a hacer lo mismo con Aragón y Navarra. Existiendo muchos rasgos comunes, entre estas dos comarcas riojanas.

Que tenga características del euskera y del aragonés se puede explicar, porque variantes de estas dos lenguas eran habladas en La Rioja en la antigüedad, y es posible que sean restos de estos idiomas que desaparecieron, aunque no del todo, a raíz de la total incorporación al Reino de Castilla de esta región, separándose así del Reino de Navarra.

Esta lengua se divide en dos subdialectos, el de La Rioja alta, que ocupa las comarcas de Haro, Anguiano, Ezcaray, Nájera y Santo Domingo de la Calzada y tiende más hacia la lengua de Burgos y Soria, y el de la baja, que ocupa las comarcas de Arnedo, Calahorra y Alfaro, tendiendo esta zona más hacia la lengua de Aragón y Navarra, aunque los dos subdialectos tienen muchas características comunes; y luego está La Rioja media, que ocupa la Tierra de Cameros y la comarca de Logroño, donde hay una confluencia de rasgos riojalteños y riojabajeños.

Cada una de las comarcas anteriores tiene una parte de valle y otra de sierra. Estas zonas montañosas tienen unas pocas diferencias lingüísticas con respecto a la parte del valle del Ebro, debido a la trashumancia en épocas anteriores que hizo que captaran algunas características de otras lenguas como, por ejemplo, del extremeño, o bien se dan porque proceden de la lengua mozárabe.

Esta región fue reconquistada por el reino de Pamplona, produciéndose así una expansión del idioma navarroaragonés por estas tierras y formándose una nueva lengua llamada dialecto riojano precastellano. En esta lengua es en la que están escritas las glosas emilianenses. Para algunos expertos este dialecto es el precursor del castellano, para otros es algo completamente distinto; en La Rioja en esta época también era hablada una variedad del euskera.

En el año 1176 la Rioja fue anexionada al Reino de Castilla debido al Laudo arbitral del Rey Enrique II de Inglaterra, lo que pudo provocar que se fuera castellanizando poco a poco, con lo cual las características de este dialecto serían restos de las lenguas habladas anteriormente en la región, o bien, se produce por una confluencia idiomática en una zona fronteriza entre los reinos de Castilla, Navarra y Aragón. También se conservan algunos rasgos del idioma mozárabe, de otras lenguas de la península que pudieron ser captadas por medio de la trashumancia y otros rasgos a los que se les atribuye un origen solamente de la lengua latina.

Estos rasgos se han conservado gracias al aislamiento geográfico de la zona.

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http://noticias-de-hoy.es/dialecto_riojano

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Dialects and Accents in England

British English

The abbreviation RP (Received Pronunciation) denotes the accent of educated people living in London and the southeast of England and of other people elsewhere who speak in this way. Because of its association with education rather than region, it is the only British accent that has no specific geographical correlate: it is not possible, on hearing someone speak RP, to know which part of the United Kingdom he or she comes from. RP is not intrinsically superior to other varieties of English; it is itself only one particular accent that has, through the accidents of history, achieved more prestige than others. Although acquiring its unique status without the aid of any established authority, it was fostered by the public schools (Winchester, Eton, Harrow, Rugby, and so on) and the ancient universities (Oxford and Cambridge). Other varieties of English are well preserved in spite of the leveling influences of film, television, and radio. In several Northern accents, RP /a:/ (the first vowel sound in father) is still pronounced /æ/ (a sound like the a in fat) in words such as laugh, fast, and path; this pronunciation … (200 of 14,730 words)

Source:

http://global.britannica.com/EBchecked/topic/188048/English-language/74816/Varieties-of-English

A broader interpretation

Broadly understood, BrE is the English language as used in Great Britain (England, Scotland, and Wales) or the United Kingdom of Great Britain and Northern Ireland, depending on the use of British employed. In this sense, the term covers all varieties, STANDARD and NON-STANDARD, at all times, in all regions, and at all social levels. It is unlikely, however, to include the variety known as SCOTS, which in this context is usually treated, explicitly or implicitly, as a separate entity. In this interpretation, BrE is a heterogeneous range of ACCENTS and DIALECTS, including standard varieties used in several systems of education.

A narrower interpretation

Narrowly understood, BrE is the form of STANDARD ENGLISH used in Britain at large or more specifically in England, and more specifically still in south-eastern England. It is essentially the medium of the middle and upper classes. Although not confined to one accent, especially in recent decades, it has been associated since at least the late 19c with the accent known since the 1920s as RECEIVED PRONUNCIATION (RP), and with the phrases the QUEEN’S ENGLISH, OXFORD ENGLISH, and BBC ENGLISH. When BrE refers to a model of English taught to foreigners, it is an idealization of the south-eastern middle-class standard, as presented in dictionaries and other materials prepared for learners.

Read more:

http://www.encyclopedia.com/topic/british_english.aspx

UK accents: it’s not what you say, it’s the way that you say

Accents define us the moment we meet others. They pass on information about our lives – where we are from, our age and even our parents’ histories – and they form an identity that gives us immediate membership to an oral tribe. Often this information we are transmitting does nothing other than inform the listener, but what if the way we speak really could change the path of our lives?

Recent research suggests that some judgments made by listeners to an accent are more than simply banter between the borders. Accents can affect how intelligent or attractive you are perceived to be, and can potentially affect results in exams, trials and job interviews.

The UK has a population of around 65 million, most of whom speak English as part of their daily life. For such a small, densely populated land mass full of people sharing a common language, the UK has a huge variety of distinct regional accents, often existing very close to each other – Brummie, Glaswegian, Scouse, Cockney, Multicultural London English (MLE) and Geordie, to name a very few. All of these accents are defined geographically, yet there is one accent that seems to represent us Brits internationally – Received Pronunciation or RP.

Research consistently shows us that RP or the ‘Queen’s English’ gives British speakers the best headstart in life – RP speakers can relax with the knowledge that they will probably earn a few brownie points in that exam/job interview/trial by sounding ‘a bit posh’.

Why? Given that RP has no discernible geography, how did it manage to become the most desired accent on our little group of islands? Well, it’s no secret that power attracts emulation, and it seems that over the last few centuries we have shifted from admiring those ruling the nation to trying to speak like them in the quest to climb the social ladder. As a strategy, this worked in the 1800s, and whilst so much has changed since, this particular mindset remains largely the same.

Accents create variety in speech and form part of our rich cultural heritage, like forms of history and diversity that we can hear. But they are also a form of history in the making. As younger generations discover all that speech has to offer, they claim its expressivity for their own, with new words being created in schools up and down the country.

To some, this just isn’t ‘proper’ speech, the same people who would have ‘standard speech’ – whatever that might be – taught across the UK, and internationally. Supporters of such ‘standard speech’ need to ask themselves this: do you really talk exactly like your parents spoke? Accents evolve across generations; trying to preserve speech is like trying to catch the proverbial wave: impossible.

The question remains for the UK – do we want to waste our energy preserving an accent standard that ultimately does little other than create additional hurdles for our regional, youth and immigrant populations?

Or shall we try to truly embrace the multiculturalism we claim to support and nurture, and start thinking instead about new standards of listening?

Source:

http://blog.britishcouncil.org/2013/05/17/uk-accent-pronunciation/

What is dialect?

It may be useful to begin by deciding what a dialect is. Dialect describes a language variety where a user’s regional or social background appears in his or her use of vocabulary and grammar. This description is a very open one, and there is continuing debate about its application to particular varieties. Before considering these, it may help to explain the related feature of accent. (Some linguists include accent, along with lexis and grammar, as a feature of dialect.)

Accent denotes the features of pronunciation (the speech sounds) that show regional or social identity (and arguably that of an individual, since one could have a personal and idiosyncratic accent).

This description of dialect lacks precision and coherence. We can see these as problems, but reflecting on the reasons for them brings more understanding of what dialect means, and of why an exact definition is an impossibility. That is, any dialect is a generalization from the individual language use of a wider population. It comes from observation and perhaps some objective study. But we will not, if we stand outside St. Mary-le-Bow church in London, hear everyone around us speaking a uniform variety of English that matches a description of “Cockney”. We will, however, if we speak to a hundred people who have lived there for more than ten years, observe some common features of lexis, grammar and phonology that we would not find commonly used if we repeated the observation in Aberdeen, Hull or Plymouth.

There is a more fundamental objection to the conventional description of dialect – and this is that all language is dialect, including Standard English. This was originally a regional dialect, but has become a prestige variety, favoured by the courts, government, the civil service, the officer class of the armed services and the elite universities. Moreover there is a prescriptive tradition in education and broadcasting that has formalised the status and prestige of both written and spoken standard English.

Of course, if we accept that all vernacular language varieties are in some sense dialects, then this is a truism or statement of the obvious. But it may help us stop thinking that dialect is something that other people do in big cities or remote dales, and that we are not dialect users, too. Some supposed dialects – especially urban ones – have attracted the attention of broadcasters or writers, in ways that have made them familiar to a wider public. That is we can put a name to their speakers, Cockneys and Scousers and Geordies. The effect of this can be unhelpful.

  • First, we do not really know about the authentic language of people in London and Liverpool or on Tyneside – so much as a simplified or popular representation, based on TV drama.
  • Second, rural varieties of English seem not to receive as much notice.
  • And third, we can forget that everyone lives in a region, that may have its own distinctive dialect forms – to a linguist, Staffordshire or Hertfordshire or Westmorland are no less worthy of study than London, Liverpool or Newcastle.

Are there language interactions where dialect forms work differently from Standard English? In the past some speakers might have known only to use a dialect, but today many are aware of both dialect and Standard equivalents – so may use one or the other more or less in different social contexts. This may for purposes of greater or less formality or intimacy; and it may be conscious or involuntary (as when a speaker assimilates his or her style to that of another).

It is worth considering how far dialect is determined by geography and historical accident, and how far it may be related to sociolinguistics. (For example, it may be that geography and historical isolation explains the origin of a dialect, but that social attitudes explain its survival.)

The primary social function of any dialect (or of all language) is communication, but there are also claims to status and identity that are bound up with the choices of variant forms. However, the emergence of a prestige variety of Standard English is largely a series of accidents. Had Alfred (king of the West Saxons) not defeated the Viking Guthrum at the Battle of Edington, then York might have been established as the capital of England, and the Standard English of today might have been an Anglo-Norse variety. Of course, that did not happen.

Without the notion of Standard English, we may find it hard to identify anything as a dialect at all – since the distinctiveness of a dialect consists in those things that are different from the Standard. (This does not mean that a dialect emerged from people who took Standard English and then changed it; it is more likely that the standard variety and the dialect variety developed from some common and some locally distinctive influences over time, or that the dialect forms are older, and have been more resistant to tendencies to converge towards a standard variety.)

There is a problem in identifying any dialect as the standard, since this implies that other dialects are inferior or wrong. In the case of spoken English, we have good evidence that such prejudice exists – so there is an exaggerated danger that, in referring to a standard, we will strengthen what is already a tyranny. It may help to note that Standard English, too, is a dialect – albeit one that is no longer found in any one region of Britain.

The “standard” is a human choice that could have been otherwise (like driving on the right or left). It is not in any intrinsic way better or worse than other dialects. Nor are the historic regional dialects corrupt variants. Indeed, in many cases they preserve far older lexis, meanings or grammar than the so-called standard.

In studying dialect forms, as they exist now, you should be aware of the history behind them. Regional varieties of English have historical causes that may go as far back as the Old English period. They may embody or reflect much of the history of the places where they are used.

Language is not a uniform and unchanging system of communication. It varies with place and changes over time. For example, human beings are capable (physically) of a wider range of speech sounds than any one speaker ever uses. Each language in its spoken standard forms has its own range of speech sounds, while regional varieties may leave out some of these and add others. Welsh has a distinctive sound represented in spelling by ll (voiceless unilateral l, common in place names). Some English speakers use post-vocalic r (rhoticization), though this is not common outside the north, Scotland and the south-west.

The social history of any region often explains the language variety that has arisen there. York was the heart of the Danelaw, the Viking kingdom in Britain. To this day, the lexicon of dialect speakers in the North and East Ridings of Yorkshire retains many words that derive from Old Norse. Scandinavian influence on the language does not stop with the end of the Danelaw, however: in the 19th and 20th centuries maritime trade and commerce in the North Sea and the Baltic brought many Danes, Norwegians and Swedes to ports like Hull and Newcastle.

Read more:

http://www.universalteacher.org.uk/lang/britishisles.htm

Dialect or accent?

A common mistake is to confuse a ‘dialect’ with an accent, muddling up the difference between words people use and the sounds they make, their pronunciation. If vocabulary and grammar are being considered alongside pronunciation, then ‘dialect’ is a reasonable term to use. But often, when claiming to discuss a dialect, someone will concentrate just on pronunciations. If what is being spoken about are sounds alone—that is, accent—then the area of language study is rather pronunciation, or phonology.

It will be obvious from this that accent, or pronunciation, is a special element of a dialect that needs separate attention to be properly understood. Arguably the best-known phonological distinction in England is the so-called ‘BATH vowel’, the quality of the a sound differing between north and south. Another, still more significant on the world stage, concerns the issue of rhoticity, relating to whether or not written r is sounded when it follows a vowel. Whilst most people in England and Wales do not pronounce the r (and are therefore non-rhotic), those in the English West Country and parts of Lancashire do. In this they are joined by most Scots and Irish speakers of English, and by the majority of North Americans. Although the English tend to regard rhoticity as an exotic aberration, it is in fact numerically and geographically the dominant form in world terms.

Where do dialects begin and end?

Another fundamental mistake is to think of the ‘standard’ variety of a language as the language, with dialects relegated to substandard status. By subscribing to the definition of ‘dialect’ as a distinct variety, we are agreeing that the standard variety itself is a dialect. Of course, that variety is special in that, for a space of time at least, it is regarded as a model for purposes that include language teaching and the general transmission of day-to-day information. But structurally there is nothing inherently superior in the make-up of a ‘standard dialect’: non-standard dialects have vocabulary, grammar, and pronunciation which are equally detailed in structure, and indeed are often imbued with pedigrees far older than those of the standard variety of the day.

A good case of pedigree is that of while, which in West Yorkshire usage today (and well into the twentieth century in usage much further south) can mean ‘until’ in such expressions as ‘wait while five o’clock’. It would be easy to dismiss this as quaint or even wrong, but its documented history goes back at least to the fourteenth century, and it was doubtless in spoken use well before then. At the level of social dialect, young men are often vilified, not least by their female friends, for calling young women birds. That this is too easy a judgment becomes apparent when one notes that burd has a long history, and is defined as a poetic word for ‘woman, lady’.

Place and upbringing

Undoubtedly the most accessible part of a language that we can study is its vocabulary, or lexis. As we move from one part of a country to another we hear words that are entirely strange to us. Or the words might be ones we understand but do not use, i.e. words that are in our passive rather than active vocabulary. Depending on where a person comes from in England, they might use the word gully or entry, ten-foot or ginnel, snicket or twitten, or some other word, to refer to a narrow path between buildings. In parts of the Midlands and north of England people use pikelet to describe what most people, and all the supermarket retailers, call a crumpet. People might be criticized for ‘getting it wrong’ with this usage, but it is not in fact a mistake. Rather, it’s a good example of distinctively regional vocabulary, and most of us who have roots in one particular area have special words, or use well-known words in a special way, that we only discover are ‘strange’ to others when we travel away from home.

But distinctive vocabulary does not only mark us out as local to particular places. No matter where one comes from, one might eat pudding or dessert or sweet or afters, depending on a whole range of social factors, such as family, education and career, that influence the way a person talks. This brings us to another aspect of dialect that is sometimes forgotten. People with different upbringings or social backgrounds or aspirations often speak differently from one another, even though they live in the same community. So do people of different ages, with young people perhaps using words or phrases or pronunciations which older people do not, and which older people may disapprove of: minger used to describe a person judged to be unattractive is an excellent example. On occasions men may also speak differently from women, though this has less to do with their sex than with the roles that they play in society and the expectations placed on them. Differences like these are most definitely what we can call dialect, but it is social rather than regional dialect.

Dialects and grammar

Another area of language difference, besides phonology and lexis, has to do with the way in which words can be changed to slightly alter their meaning, making them plural for example, and the way in which they are linked together in longer units to create messages. This is all the area of grammar.

To take the first of these elements of grammar—the alteration of words—do you refer to two or more swimming creatures as fish, or fishes? Do you say ‘I came to town yesterday’, or ‘I come to town yesterday?’; ‘I was or I were?’; Themselves’ or theirselves? In each example, the differences are caused by our selecting respectively from various ways of making individual words: the plural of nouns, the past tense of verbs, and reflexive pronouns. Many categories of words undergo change like this, involving word endings or other alterations (or non-alterations) of form. This feature of grammar, ‘word-grammar’, is morphology. The second aspect of grammar, when words come together in various combinations so that they have collective meaning, is syntax. When asking for something to be given to them, most English speakers say ‘give me it’. But several million speakers of British English, largely but not only in the English West Midlands, are more likely to say ‘give it me’, which does not sound at all strange to them although it does sound strange, and even confusing, to many others. (There is, of course, the possibility of saying ‘give it to me’, using an alternative grammatical construction which neatly avoids this particular problem altogether.) Choices like this are not at all random, but depend a lot on where someone lives, or at least on where they lived when they learnt the language. Grammatical differences of syntax like this, and those of morphology, are all dialectal.

Read more:

http://public.oed.com/aspects-of-english/english-in-use/english-dialect-study-an-overview/

Received pronunciation named Britain’s favourite accent in new survey

It is the unmistakable sound of the Queen and old BBC newsreels.

And despite being perceived as a little posh, received pronunciation (RP) is still our favourite accent.

For a survey has found that the Queen’s English is most associated with nine out of ten positive character traits, including attractiveness, intelligence, honesty, charm, sophistication and reliability.

The only category where it falls short is in humour where it came only eleventh with the Geordie lilt sounding most fun ahead of Liverpudlian, Irish, Cornish and Essex.

The eHarmony.co.uk experiment involving 750 participants listening to sound clips of men and women with 19 different international and regional accents and scoring what they believed of the person based on 10 character traits.

The poll also identified a phenomenon dubbed the ‘Cheryl Cole factor’ where celebrities shape our preconceptions about accents.

Despite the reputation of French and Italian men, RP is the real language of love – as well as many other things.

Edinburgh came second overall ahead of Australian, southern Irish, Yorkshire and American. They were followed by Geordie, Mancunian, Glaswegian and Welsh.

French was ranked only 16th for attractiveness and Italian came in only slightly higher at 13th. French performed better in the ‘romantic’ category but was still only placed third behind RP and Edinburgh.

More than one-in-five (22 per cent) admitted the allure of some accents is so strong they have actually gone on a date because of it – and seven percent have ‘played up’ how they speak because they believed it sounded attractive.

Professor Jane Setter, a phoneticist at Reading University, said: ‘RP speakers have been rated highly in terms of intelligence – and the accent itself as attractive – since studies like this began.

‘Actors with this accent – like Patrick Stewart (Star Trek: The Next Generation), Michelle Dockery (Downton Abbey) and Richard E. Grant (Withnail and I) – come over as urbane, charming, witty and educated and – well – wouldn’t everyone want that from a prospective romantic partner?

‘The Edinburgh accent is also associated with culture and intelligence – think Sean Connery or David Tennant and you’re already swept off your feet.

‘However, comedians are rarely RP speakers and so it is no surprise to see it rated less highly in that respect; Sarah Millican (Geordie) and John Bishop (Liverpool) spring to mind as wonderfully funny, articulate people.

‘Our preconceptions and love of certain lilts, drawls and tones when it comes to accents is mostly down to experience and stereotyping.

‘This helps to explain why RP scores so highly across all categories – it’s the accent we associate with trusted newsreaders plus it continues to be used as the model for teaching English as a foreign language.

‘In terms of other accents which were rated highly for attractiveness – again stereotyping is at play. Across the pond we see Americans as colourful and international so they’re ‘interesting’, Yorkshire folk are seen as down to earth and honest and the Irish have ‘kissed the Blarney stone’ and are celebrated as charming and quick witted.

‘In terms of French and Italian not faring so well this could simply be down to a lack of familiarity with their unique inflections.’

Jemima Wade, spokesperson for eHarmony.co.uk, said: ‘After spending time getting to know each other online the first time you meet and say ‘hello’ on a date is a special, exciting moment.

‘Yet while accents may be appealing at first – sparking initial interest and attraction – happy long-term relationships are about far more than that.’

Source:

http://www.dailymail.co.uk/news/article-2785900/Posh-charming-Queen-s-English-favourite-accent-Received-pronunciation-comes-nine-ten-traits-looking-humour-try-Geordie.html

You are what you speak: place of origin most important identity factor

My research took place in the West Midlands region of the UK and looked at variations in the use of English in creative spoken performance such as comedy, drama and poetry, as well as in written texts such as letters to local newspapers, stories and poems written in dialect.

The results suggest that people are increasingly and deliberately using English in a way that identifies them with a particular place. They do this by incorporating  into their speech a set of linguistic features drawn from a particular variety of English. In the West Midlands, for example, people may pronounce ‘you’ as ‘yow’, use ‘Brum’ for ‘Birmingham’ and ‘cor’ for ‘cannot’ or ‘can’t’. By using features in this way, people emphasise their place of origin over other factors such as age, gender, social class and ethnicity.

Is there a ‘correct’ variety of English?

The research highlights how dynamic, fragmented and mobile the English language has become. At the same time, the influence of traditional gatekeepers of ‘standard’ English, such as the BBC, is weakening.

We live in a world where English crosses national boundaries and migration brings people together from different backgrounds and cultures. Consequently, we are probably more aware than ever before of the different ways we draw upon language in relation to linguistic and socio-cultural contexts.

Even though English is used around the world for the purposes of trade, travel, medicine and so on, it is an interesting fact that the majority of the world’s population today is largely bilingual, if not multilingual, even in nations where English is the mother tongue. In parts of Birmingham in the UK, for example, there are primary and secondary schools where nearly 100 per cent of pupils speak English as an additional language; in many others, 40 per cent is the norm.

The implications of this for education policy is that we can no longer speak of the ‘superiority’ of one variety of English over all others. Instead we need to recognise the roles and functions that different varieties of English, including that of standard English, fulfil.

Which variety of English should we teach?

A common and long-held belief among many in the English teaching profession is that the best people to teach spoken English are ‘native’ speakers of the language, especially the teaching of pronunciation. But we know from research that linguistic variation is a characteristic of all languages, and all varieties have their own rules and systems. Often these leak from one variety to another. Once we accept that English comes in many varieties, such concerns become redundant.

Successful communication is more a question of understanding, and being able to engage successfully, in the contexts of use rather than whether one is a ‘native’ or ‘non-native’ speaker. This is as true of English taught in the UK as it is in other contexts around the world.

Source:

http://blog.britishcouncil.org/2014/04/22/which-variety-of-english-should-you-speak/

Geordie, Brummie, Cockney or Scouse: What are Britain’s best accents?

The Sith Lord had an important message for them: change your accent. When it was announced that the city would host the first of the auditions for the upcoming Star Wars film at the weekend, David Prowse, the actor who played Vader in the original movies, said local thesps from his hometown might want to alter how they speak if they hope to get a part.

When filming the original movies, Prowse’s voice was famously and hilariously used to record dialogue on set, before being swapped later in post-production by the more menacing tones of James Earl Jones.

Perhaps with his own experience in mind, Prowse advised young actors from Bristol seeking a role in Star Wars: Episode VII to ditch the local dialect. ‘You can’t go, “Oo-aar my dear, here’s my lightsaber”,’ he said.

Your accent is a large part of who you are, an integral oral ID comprising the place you grew up, your education and your social group. It is thought that most of us develop our accents in our teenage years when the voice is at its most malleable. Most accents are established by the time we reach our early 20s, yet people can also consciously change their accents as they get older and for different social situations.

In Britain, we’re blessed with a fantastic array of regional voices, but how do these accents develop and why does this small group of islands in the North Atlantic have such a rich tapestry of local twangs?

The English language as we know it has been on these islands since about the 5th century. With the arrival of invaders from northern Europe – modern day Germany, Denmark and Norway – their languages, which eventually became Anglo-Saxon, slowly replaced the various native Celtic tongues that had dominated the British Isles before them.  As these groups arrived in different parts of the mainland, they influenced the newly developed language in their own ways and regional accents and dialects began to develop.

Before the days of telephones, the internet and mechanised transport, there was little contact between various parts of Britain, so regional differences were preserved and accentuated. This helps to explain how areas within close proximity can have such different accents.

When the Industrial Revolution turned Liverpool into a major port and melting pot of cultures, migrant workers from Ireland and north Wales arrived and blended their accents to create what is a very iconic accent today.

Before this happened, it is thought the Liverpudlian accent sounded a lot more like today’s general Lancashire accent. But despite being such a recognisable drawl, Scouse is often an accent that is treated with disdain and caution.

A recent survey by the ITV Tonight programme showed that Britons think the Scouse accent sounds the least intelligent, with Brummie coming a close second.
For much of the last century, the accent of the upper-classes was seen as a mark of high education and prestige. Accent became a yardstick to judge someone by. If someone had a ‘posh’ accent, it was a sure sign of education and wealth.

This neutral/non-regional accent – exhibited by those educated at the top private schools and on the BBC for many years – is known as Received Pronunciation (or sometimes Queen’s English). As a result, people attribute this accent with voices of authority, seriousness and intelligence.

Before this happened, it is thought the Liverpudlian accent sounded a lot more like today’s general Lancashire accent. But despite being such a recognisable drawl, Scouse is often an accent that is treated with disdain and caution.

A recent survey by the ITV Tonight programme showed that Britons think the Scouse accent sounds the least intelligent, with Brummie coming a close second.
For much of the last century, the accent of the upper-classes was seen as a mark of high education and prestige. Accent became a yardstick to judge someone by. If someone had a ‘posh’ accent, it was a sure sign of education and wealth.

This neutral/non-regional accent – exhibited by those educated at the top private schools and on the BBC for many years – is known as Received Pronunciation (or sometimes Queen’s English). As a result, people attribute this accent with voices of authority, seriousness and intelligence.

In comparison, regional accents were traditionally seen differently, in the sense that they deviated from the RP standard. People are more likely to think of an accent like Geordie as friendly, Edinburger as intelligent and Brummie as unintelligent.

But voice coach and author Caroline Goyder, from The Gravitas Method, believes these judgments are based more on the social connotations we attribute to representations in popular culture than anything else.

‘It has a lot to do with the stereotypes we absorb from the media,’ she told Metro. ‘TV and film love to typecast ¬– the chirpy Scouser, the sharp Cockney, the dour Scotsman – it’s a stereotype for character and we can’t help but pigeonhole.

Although many government ministers still speak in that clipped accent of the upper-class, there are a far greater range of accents on television and in popular culture than ever before.

‘Social mobility and access to education in the latter part of the 20th century has meant that people with different accents are represented in all aspects of British life,’ said Jonnie Robinson, sociolinguistics curator at the British Library.

‘Education has improved, people go off to university and people can migrate to other cities and regions a lot more easily, so people are coming into contact with this diverse range of speakers.’

To some extent, there has even been a rebellion against RP – an accent that is now sometimes associated with undeserved privilege and inequality. Robinson said princes William and Harry have a slightly understated form of ‘posh’ when compared to the older generation of royal males – Charles and Philip.

Meanwhile, chancellor George Osborne has made attempts at toning down his polished twang, sometimes with comedic effect – most notably in his man of the people ‘mockney’ effort at a speech in a Morrisons supermarket warehouse.

Goyder thinks it’s more important to come across with confidence and clarity than to put on a posh accent. ‘An ability to become more formal in an accent to communicate beyond your immediate region is the key to success,’ she said. ‘So, keep the accent, but make sure you are clear to anyone – and understand the etiquette of formal speech. Ditch the mumbling and the slang in moments that matter.’

To trace the evolution of the accent, the British Library is putting together archives of recordings of the various British accents and their development in the last century, with the acknowledgment that this rich variety is something that should be celebrated.

It says that the speech of a particular region should be a ‘source of great pride and an important expression of cultural identity’.

With improvements in education and social mobility, with more accents blending and morphing together and a disassociation from privileged RP, is there a chance that we will see regional accents disappear altogether as we reach a bland middle-ground?

Robinson doesn’t believe we’ll ever get to a homogenous stage and cites the modern London accent as a prime example of the constant change.

London is one of the most diverse, multicultural cities in the world and the young Londoners of today sound very different to the cockney accent of a century ago.

The influences of migrants from the Caribbean and Indian subcontinent have brought their own twist on the modern London, accent in the same way that Irish and Welsh migrants changed Liverpool’s.

And Robinson believes that the accents of our great urban centres like London, Birmingham and Manchester will continue to develop and influence their rural hinterlands.

‘As Londoners have moved out into the country, they have taken their accents with them, replacing the older regional accents that would have been prevalent in the Home Counties before,’ he said.

So as long as our urban centres maintain their cosmopolitan identity, the rich variety of accents on our islands will continue to be as varied as ever.

Source:

http://metro.co.uk/2013/11/11/geordie-brummie-cockney-or-scouse-what-are-britains-best-accents-4178764/

Geordie’s still alreet

A FIERCE pride in one’s regional roots can be found throughout England. Increased mobility and the ubiquitousness of television and radio have done surprisingly little to homogenise the distinctive accents and dialects that characterise the different parts of the country. Some are spreading; some retreating. Some are mutating; some are even getting stronger. But, overall, the pronunciation and prosody of spoken English seems to vary as much as ever across the country of its birth.

Liverpool’s “Scouse” dialect has long fascinated linguists, with its throaty, guttural utterances that emerged from a mixture of Irish, Scots, Welsh and Lancashire accents in the late 19th century. For example, Liverpudlians tend to add a breathy “h” sound to words that end with a “t”, lending their distinctive intonation to “what”, “that” and “but”. According to Kevin Watson, who lectures in “sociophonetics” at the University of Lancaster, this is not lax articulation but rather a conscious effort to soften the uttered word through what he calls “plosive lenition”. Older Liverpudlians limit their use of it to words of a single syllable but younger ones have increased the individuality of the Scouse accent by extending it to “chocolate”, “certificate” and “aggregate”, he says.

Although some aspects of south-eastern “Estuary English” have infiltrated northern parts—replacing the “th” in “think” and “nothing” with an “f” sound, for example—regional accents have largely survived in northern cities, thanks to a relative lack of immigration combined with chirpy civic pride, reckons Paul Kerswill, a colleague of Mr Watson.

Nevertheless, Mr Kerswill’s research finds that the distribution of accents across the country is undergoing big changes. While Scouse’s Merseyside redoubt is static even as the accent grows stronger, variations of the north-eastern “Geordie” accent, articulated by Cheryl Cole—and cited as a reason for the pop singer’s recent removal as a judge on the American version of “The X Factor”, a talent show—are not only retaining their distinctiveness but conquering fresh territory (see map).

The Brummie accent, a nasal drone that suggests despondency to anyone outside Birmingham who is lucky enough to hear it, is also spreading as its speakers move west into Wales, where it threatens to snuff out the melodic local lilt. That is because the accents with which teenagers speak are most influenced by their peers, not parents, teachers, television or radio, says Mr Kerswill.

Nowhere is this truer than in the capital. The traditional Cockney accent is fading and is no longer so common even within earshot of the bells of St Mary-le-Bow church in east London, where by legend it was born. Mr Kerswill predicts that, by 2030, Cockney-influenced Estuary English will dominate most of the east and south-east, as Londoners move out. In the capital itself a new dialect, inspired by recent immigration, is emerging: “multicultural London English”, heavily influenced by Jamaican with undertones of west African and Indian. Mocked by Ali G, a comic character created by Sacha Baron Cohen, whose catchphrase was “Is it cos I is black?”, it is now spoken by teenagers of all hues, united by their pride in urban grime.

Source:

http://www.economist.com/node/18775029

Where is the Cockney Dialect spoken?

The cockney dialect is the accent spoken by a Londoner, specifically belonging to the East-End of London. The term Cockney refers not only to the accent but also to the people who speak the Cockney dialect. The dialect is typically used by the working class Londoners. The Cockney dialect has its own distinct vocabulary and special usage. “Rhyming slang” is a characteristic feature of the original cockney culture. A good example of the Cockney dialect would be the language spoken by Eliza Doolittle before being introduced to Henry Higgins, in the movie “My Fair Lady”.

What is the origin of the term Cockney?

The term Cockney may literally refer to a cock’s egg, supposed to be a shapeless egg laid at times by young hens. The term may be attributed to the word cokenei used in Middle English to mean a “city dweller”. It perhaps represented a weak townsman as distinguished by the stronger countryman. In the 17th century cockney was jokingly used to refer to a Londoner. Interestingly a Cockney accent can be faked and is sometimes known as the ‘Mockney’.

Which area is designated as the Cockney area?

Today the dialect used by the natives of the East End of London is termed as Cockney. It is generally believed that to be regarded as a real Cockney, the person has to be a native of the area from where he can hear the bells of St. Mary le Bow, situated at Cheapside in London. The Cockney accent regarded as the working-class dialect is also used in the other areas of the eastern part of the city including Stephney, East End, Shoreditch Poplar, and Hackney.

What are the features of Cockney Dialect?

The primary feature of the Cockney was not using the letter ‘h’ in many words. Using contractions and double negatives were also characteristic of Cockney dialect. Vowel shifts resulted in a drastic change in the sound of words. Many consonants are commonly replaced with other combinations as in the word “frosty” which is used as “fwasty” in Cockney dialect. In some words the final consonant is dropped resulting in a comic use of language as in the use of “dinna” for “dinner”.

What is the Cockney Rhyming Slang?

One of the fascinating features of Cockney dialect is the use of rhyming slang which may not be understood by the non-Cockneys. Typically a single word is replaced with a group of words consisting of a word that rhymes with the original single word and then the rhyming word is eliminated. For example the word ‘head’ is replaced by the phrase ‘loaf of bread’ (‘bread’ rhyming with ‘head’),the rhyming part is then eliminated and hence what remains is the word ‘loaf’ which is used in Cockney dialect to mean a ‘head’.

What is the significance of the Cockney Dialect?

The Cockney dialect is generally considered inferior though it is recognized as an acceptable English accent in the United States. Within England itself, since 1909 the Cockney dialect has gained acceptance as an “alternative form of the English Language” So speaking in Cockney may no longer be termed as inferior as it was though of in the past. All the same the preference for the RP variety of English always remains with the educated class of England. During the 1950s, BBC used mainly RP English but it is common nowadays to hear a number of accents including Cockney dialect.

Source:

http://www.innovateus.net/innopedia/where-cockney-dialect-spoken

Quizzes:

http://games.usvsth3m.com/accent/

http://www.funtrivia.com/quizzes/humanities/varieties_of_english/british_slang_and_dialects.html

http://www.buzzfeed.com/lukelewis/the-great-english-dialect-quiz#z25ec1

Video & Quiz:

http://learnenglish.britishcouncil.org/en/uk-culture/language

Video:

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https://www.youtube.com/watch?v=I2X9L5llhTQ

Series of videos:

I Dialetti d’Italia

Dialetto

La lingua del cuore

Di sicuro avete sentito parlare e magari parlate voi stessi un dialetto. Il fatto non è così eccezionale, se si pensa che l’Italia è la nazione europea più ricca di dialetti. Anzi, fino a pochi decenni fa la maggior parte della popolazione italiana sapeva parlare solo il dialetto e non conosceva l’italiano; perfino l’italiano stesso, all’inizio, non era che uno dei tanti dialetti parlati in Italia

Quando sono nati i dialetti e perché si chiamano così?

La storia dei dialetti italiani è, per molti versi, la storia stessa dell’italiano. Infatti, l’italiano deriva dal latino, così come dal latino discendono i dialetti che si parlano in Italia. Inizialmente tutte le lingue derivate dal latino venivano chiamate lingue volgari o semplicemente volgari. La parola volgare vuol dire appunto parlato dal volgo (dal latino vulgus), cioè dal popolo, che ormai non conosceva più il latino. Così il siciliano, il bolognese, il piemontese, il veneziano, il lombardo, che oggi chiamiamo dialetti, all’inizio erano lingue volgari.

Il toscano all’inizio era solo uno dei tanti volgari. L’italiano si chiama così, infatti, solo dal 16° secolo; e con il termine italiano si indica il volgare toscano riconosciuto ormai come lingua di tutta la nazione. Il termine dialetto nasce in questo periodo per distinguere tutti i volgari parlati nelle varie parti del paese dal toscano divenuto nel frattempo l’italiano.

Quanti sono i dialetti in Italia?

Contare i dialetti è veramente difficile, se non impossibile. È difficile da tracciare il confine tra un dialetto e l’altro. Infatti in ciascun paese e in ogni villaggio il dialetto ha spesso caratteristiche che lo differenziano da quello del paese o del villaggio vicino. In genere si fa riferimento a regioni, a province o a grandi città per definire i dialetti. E così parliamo di dialetto calabrese, piemontese o lombardo, milanese, cosentino, e così via. Ma in realtà sono denominazioni molto larghe e imprecise, perché spesso le differenze sono tali che non vi è possibilità di comprensione reciproca perfino all’interno della stessa regione.

Inoltre, i suoni dei dialetti dell’Italia settentrionale, centrale e meridionale possono essere notevolmente diversi tra loro. Parte di questa diversità dipende addirittura dalle lingue che vi erano parlate prima della diffusione del latino. Insomma i conti precisi non si possono fare. Data questa estrema diversità, si può tentare una classificazione dei dialetti? Gli studiosi, pur consapevoli dell’inevitabile imprecisione, hanno proposto una classificazione dei dialetti italiani basandosi più sulle somiglianze che sulle differenze.

Che differenza c’è tra una lingua e un dialetto?

Nemmeno gli studiosi trovano una risposta unica e condivisa sulle differenze tra una lingua e un dialetto. A ogni modo, si può dire che il dialetto potrebbe essere definito come una lingua utilizzata da un gruppo ristretto di persone, in un luogo specifico e che non ha usi ufficiali: si dice che una lingua ha usi ufficiali se è utilizzata nella scuola e nell’amministrazione, per esempio negli uffici pubblici e nei tribunali.

Così, per esempio, se vivete in Puglia e conoscete il dialetto potrete comunicare in dialetto pugliese con altri pugliesi. Ma se parlate con un romano, un veneziano, un marchigiano sarebbe molto difficile comunicare con loro continuando a usare il vostro dialetto. Una differenza evidente consiste dunque nella limitazione territoriale dei dialetti, nel fatto cioè che essi sono limitati a una determinata area geografica, rispetto all’italiano che si parla in tutta la nazione. Altre differenze sono di uso sociale: la scuola, i giornali, la televisione, il cinema, l’amministrazione pubblica usano infatti l’italiano e non il dialetto. Inoltre, chi conosce il dialetto in genere lo adopera molto di più in famiglia e con gli amici, mentre fuori di casa e con gli estranei usa più frequentemente l’italiano.

Continua a leggere:

http://www.treccani.it/enciclopedia/dialetto_%28Enciclopedia_dei_ragazzi%29/

Dialetto oggi in Italia

Chi parla dialetto, con chi, dove e quando, nell’Italia contemporanea? Per rispondere a questa domanda si può partire con l’esaminare gli esiti del sondaggio nazionale più recente sul tema, condotto dall’ISTAT nel 2006 (liberamente consultabile in rete: http://www.istat.it/ ). Confrontandoli con quelli di inchieste precedenti, si rileva innanzitutto, a fronte di un generale consolidamento dell’uso dell’italiano (nel 2006, dichiara di parlare solo o prevalentemente italiano in famiglia il 45,5% degli intervistati, con amici il 48,9%, con estranei il 72,8%), una diminuzione dell’uso esclusivo del dialetto. Diminuisce cioè la percentuale di coloro che dichiarano di usare solo o prevalentemente il dialetto (nel 2006, in famiglia il 26%, con amici il 13,2%, con estranei il 5,4%). Tale decremento è tuttavia parzialmente compensato dall’incremento percentuale di chi dichiara di usare il dialetto alternato o frammisto all’italiano (nel 2006, in famiglia il 32,5%, con amici il 32,8%, con estranei il 19%). Si nota inoltre un lieve rallentamento nella crescita dell’uso esclusivo dell’italiano.

 Alternato o frammisto all’italiano

 L’uso del dialetto differisce poi in relazione alle principali variabili sociali: età, istruzione, sesso (che risulta però la variabile meno influente). Si dimostrano tipicamente più propensi all’uso del dialetto gli anziani, gli incolti, gli uomini; meno i giovani, i colti e le donne. Si riscontrano altresì differenze evidenti in relazione ai domini d’uso. A parità di altre condizioni, il dialetto è usato soltanto raramente con gli estranei e in situazioni pubbliche, sostanzialmente non ricorre in situazioni molto formali, è adoperato di preferenza in famiglia (specie da parte degli anziani) e con amici. Il dialetto, infine, può ritenersi tendenzialmente più vitale in provincia e meno in ambiente urbano.

Se questo è il quadro generale, occorre però sottolineare l’esistenza di forti diversità da regione a regione. Il Nord-Ovest, insieme all’Italia Centrale (andrebbero però considerate a sé le situazioni peculiari della Toscana e di parte del Lazio, in cui la differenza fra italiano e dialetto è sensibilmente meno spiccata che nelle altre regioni), conosce le percentuali più basse di impiego del dialetto, sia in famiglia sia con amici sia con estranei. Le aree più dialettofone sono invece il Sud, le Isole e il Nord-Est; il Veneto, in particolare, si rivela la regione d’Italia in cui l’uso del dialetto è ancor oggi più diffuso.

A ciò si aggiunga che l’uso alternato o frammisto di italiano e dialetto si dimostra in costante crescita in tutte le varie realtà regionali e, rispetto all’uso esclusivo di uno dei due codici, presenta differenze meno sensibili in relazione sia a variabili sociali sia ai diversi domini d’uso.

 Arricchimento, non impedimento

 Rispetto a venti o trenta anni or sono, è poi profondamente cambiato l’atteggiamento della comunità parlante nei confronti del dialetto. Anche per effetto della diffusione sociale ormai fondamentalmente generalizzata dell’istruzione scolastica e della lingua nazionale, oggi il dialetto non è più sentito come la varietà di lingua dei ceti bassi, simbolo di ignoranza e veicolo di svantaggio o esclusione sociale; gli atteggiamenti nei suoi confronti, almeno in molte regioni, non sono più stigmatizzanti com’era ancora pochi decenni or sono. Sapere e usare un dialetto, oggi, è spesso valutato positivamente; rappresenta una risorsa comunicativa in più nel repertorio individuale, a disposizione accanto all’italiano, di cui servirsi quando occorre e specie in virtù del suo potenziale espressivo. Un arricchimento, insomma, e non più un impedimento.

 Dialetto per scherzare, sul web

Connesso con questo cambiamento generale di atteggiamento è il fatto che il dialetto tenda ora a comparire in domini e ambiti d’uso diversi rispetto al passato: tra gli altri, nelle insegne di esercizi commerciali, nella musica giovanile, e marginalmente nei fumetti, nell’enigmistica, nella pubblicità nazionale, ma soprattutto nella comunicazione mediata dal computer. La presenza del dialetto nel web (escludendo i veri e propri siti dialettali, per lo più opera di élites di cultori del dialetto) si manifesta prevalentemente nell’uso alternato o frammisto all’italiano e soddisfa spesso funzioni ludico-espressive; nondimeno, in certi casi ha funzione primariamente referenziale e in altri principalmente valore simbolico, di espressione di un’identità locale e culturale. La comunicazione mediata dal computer, è bene sottolinearlo, rappresenta un nuovo ambito non soltanto d’uso ma, più specificamente, di scrittura del dialetto (con tutte le implicazioni che ne conseguono: le funzioni ludico-espressive sopra menzionate, ad esempio, e specie per certi dialetti, sono in parte connesse proprio allo scrivere una lingua che non si è abituati né a vedere scritta né tanto meno a scrivere).

 Dai nonni ai giovani

 L’uso scritto del dialetto, che non sia per scopi letterari, si riscontra altrimenti quasi esclusivamente presso attivisti di movimenti per la promozione di dialetti locali, talvolta con rivendicazioni ideologico-politiche antiitaliane. Ancorché sporadica, la presenza del dialetto nella comunicazione spontanea in rete è inoltre di particolare interesse poiché coinvolge prevalentemente le giovani generazioni, quelle meno propense alla dialettofonia e allo stesso tempo quelle che giocano il ruolo più cruciale per il futuro del dialetto, e più in generale per le tendenze in atto nella situazione contemporanea. L’acquisizione del dialetto da parte delle giovani generazioni, va ricordato, è avvenuta nella maggior parte dei casi non a livello di lingua materna ma, sia pure in modo frammentario e incompleto, al di fuori del canale generazionale diretto: una funzione importante hanno esercitato i nonni e più in generale l’ambiente circostante, nel quale il dialetto era (ed è ancora) diffusamente presente.

 Schiscià nel sit

 Il dialetto è soggetto inoltre all’influenza della lingua di prestigio con cui è stato per secoli in contatto. Il processo di italianizzazione, di lunga durata, ha iniziato a intaccare la fonetica e la morfosintassi dei dialetti italiani già nel Seicento, per poi arrivare a toccare più vistosamente il lessico. Nell’ultimo cinquantennio, l’influsso dell’italiano sul dialetto pare non avanzare più nelle strutture del sistema linguistico (specie nella morfosintassi), ma progredire più rapidamente e cospicuamente nel lessico. L’apporto lessicale massiccio è certamente da ricondursi al moltiplicarsi di sfere semantiche (quelle della società, tecnica ed economia moderne) per le quali i dialetti mancavano di risorse lessicali proprie (e l’italiano stesso è spesso debitore dell’inglese; v. ad es. per “sito (internet)” il piemontese e lombardo sit, il genovese scitu,il siciliano situ; o i calchi semantici con valore di “cliccare”: sgnaché, lett.“schiacciare”, in piemontese;schiscià, lett.“premere”, in lombardo; piché, lett.“battere, picchiare”, in genovese; ecc.).

 Aggiuntivo e parallelo

 Il dialetto, in conclusione, non mostra segnali evidenti di imminente estinzione, si mantiene anzi stabilmente, soprattutto in alcune regioni, presso certe classi di parlanti e domini d’uso; resiste all’influsso strutturale dell’italiano; e, benché non più indispensabile per i bisogni comunicativi della contemporaneità, risulta funzionale e vitale come varietà aggiuntiva, parallela alla lingua nazionale. Anche in virtù del mutato atteggiamento sociale nei suoi confronti, il dialetto, specie se alternato o frammisto all’italiano, compare anche in ambiti d’uso per i quali fino a qualche tempo fa ne era difficilmente prevedibile l’impiego. Proprio l’uso alternato con l’italiano nello stesso evento comunicativo rappresenta una delle principali tendenze della situazione sociolinguistica contemporanea e pare configurarsi quale la principale forma di vita futura del dialetto.

Fonte:

http://www.treccani.it/magazine/lingua_italiana/speciali/italiano_dialetti/Cerruti.html

Le principali classificazioni

La classificazione di Graziadio Isaia Ascoli

Il primo ad avanzare (1882-1885) una circostanziata proposta di classificazione fu ➔ Graziadio Isaia Ascoli, il quale nella rivista «Archivio glottologico italiano» da lui stesso fondata elaborò una ripartizione in quattro gruppi, di natura tanto tipologica (sincronica) quanto diacronica. Il criterio di base era infatti la maggiore o minore distanza linguistica rispetto al toscano, considerato come il tipo dialettale meno distaccato dalla comune base latina. Abbiamo così:

(a) dialetti appartenenti a sistemi neolatini «non peculiari» all’Italia, perché, in gran parte, allora, fuori dai suoi confini (dialetti provenzali e franco-provenzali, dialetti ladini centrali e ladini orientali o friulani);

(b) dialetti che si distaccano dal sistema italiano vero e proprio, ma non entrano a far parte di alcun «sistema neolatino estraneo all’Italia» (dialetti gallo-italici – distinti in ligure, ‘pedemontano’, cioè piemontese, lombardo ed emiliano – e dialetti sardi);

(c) dialetti che «si scostano, più o meno, dal tipo schiettamente italiano o toscano, ma pur possono formare col toscano uno speciale sistema di dialetti neo-latini» (veneziano, corso, dialetti dell’Umbria, delle Marche e della provincia romana, dialetti di Sicilia e delle «provincie napolitane»);

(d) il toscano e il «linguaggio letterario degli Italiani».

Lo schizzo ascoliano, per precisione e sintesi, conserva ancora oggi gran parte della sua validità, anche se, inevitabilmente, mancano alcune questioni di dettaglio nonché i risultati che, di lì a qualche decennio, sarebbero stati raggiunti con l’analisi delle carte degli atlanti linguistici.

La classificazione di Clemente Merlo

Nel 1924, sul primo numero della sua nuova rivista «L’Italia dialettale», Clemente Merlo propose uno schema classificatorio che, oltre a tener conto delle caratteristiche (soprattutto fonetiche) delle parlate delle varie zone, chiamava in causa il concetto di ➔ sostrato. Secondo Merlo, cioè, il principale fattore alla base dell’odierna ripartizione dialettale era l’influsso esercitato sul latino dalle lingue dell’Italia antica. I gruppi principali definiti dal Merlo sono quindi tre:

(a) dialetti settentrionali (di sostrato celtico), che includono i gallo-italici di Ascoli, più il veneziano;

(b) dialetti toscani (di sostrato etrusco);

(c) dialetti centro-meridionali (di sostrato italico o umbro-sannita).

A parte stanno i dialetti sardi, a sostrato mediterraneo, e quelli della Corsica, che lo stesso sostrato distanzia dai toscani; ai dialetti ladini (che includono i friulani), anch’essi gruppo a sé, Merlo associa il dalmatico dell’isola adriatica di Veglia, che ai tempi di Ascoli non era ancora stato descritto (e che è ormai estinto da oltre un secolo). E sono ancora i sostrati a spiegare le differenze fra il veneziano (a sostrato venetico) e il lombardo, fra il ligure (a sostrato antico ligure) e il piemontese, e fra il siciliano, il calabrese e il pugliese (a sostrato mediterraneo) e il resto del Mezzogiorno.

Questo schema aveva certamente un’impostazione a volte troppo rigida e meccanica e soffriva di alcune ingenuità, ma ha il merito di mettere a fuoco importanti elementi di continuità che nella classificazione ascoliana erano appena accennati. Da esso, inoltre, si ricava che possono essere fondatamente ricollegati al sostrato non solo singoli tratti fonetici, lessicali, ecc., ma anche fatti di altra natura, come i rapporti di tipo geolinguistico (➔ geografia linguistica) e, più precisamente, il fatto che, sotto forma di area dialettale, sussista un antico ‘spazio storico’.

La classificazione di Gerhard Rohlfs

E fu proprio la geolinguistica a offrire il criterio applicato da Gerhard Rohlfs, che, nel 1937, sfruttava appieno la sua lunga esperienza di raccoglitore per l’AIS (➔ atlanti linguistici) e l’analisi approfondita delle sue carte. Sulla base dei dati dell’AIS, Rohlfs individuava i due principali ‘spartiacque’ linguistici della penisola: la linea La Spezia-Rimini e la linea Roma-Ancona (➔ isoglossa; ➔ aree linguistiche; ➔ confine linguistico). Il primo di questi confini, la linea La Spezia-Rimini (che ai margini si spinge anche più a Sud), riunisce i limiti meridionali dei principali tratti linguistici dell’Italia del Nord (e del romanzo occidentale), separandola dalla Toscana; mentre nel secondo, la linea Roma-Ancona, confluiscono i limiti settentrionali dei tratti linguistici più tipici del Centro-Sud, che a sua volta viene così distinto dall’area toscana o toscanizzata (cfr. § 2).

Entrambi i confini non hanno solo valore linguistico, ma coincidono con fattori geografici e storici. La linea La Spezia-Rimini corrisponde alla catena dell’Appennino tosco-emiliano, che, essendo impervia nel suo tratto centrale, fu nella storia la frontiera settentrionale dell’Etruria verso i territori di etnia celtica del Nord Italia e, nella tarda antichità, quella fra l’Italia cosiddetta annonaria (con capitale Milano) e l’Italia suburbicaria (con capitale Roma). La stessa linea, nel medioevo, separava i territori bizantini dell’arcidiocesi di Ravenna da quelli dell’arcidiocesi di Roma. La linea Roma-Ancona, corrispondente per buona parte al corso laziale e umbro del Tevere, fu invece, nell’antichità, la frontiera fra Etruschi (a ovest) e Italici (a est) e, nel medioevo, fra il Patrimonium Petri e i territori longobardi.

La classificazione di G.B. Pellegrini

L’adozione dell’italiano come riferimento, unico possibile criterio di distinzione fra il vasto insieme definito italo-romanzo e gli altri gruppi neolatini, è stato ripresa, nel 1975, da Giovan Battista Pellegrini, come base per la sua proposta di classificazione in cinque sistemi (italiano settentrionale, friulano o ladino-friulano, toscano o centrale, centro-meridionale, sardo), sulla quale oggi converge, pur con qualche differenza, la maggior parte degli studiosi (per approfondimenti e dettagli si rinvia alle voci sulle singole aree linguistiche).

Continua a leggere:

http://www.treccani.it/enciclopedia/dialetti_%28Enciclopedia_dell%27Italiano%29/

Intervista

Lingua o dialetti?

In Italia da molti anni è in corso un acceso dibattito fra i fautori dei dialetti e chi li avversa. Diciamo subito che dal punto di vista linguistico i dialetti italiani e la lingua nazionale sono sullo stesso piano: entrambi hanno avuto la stessa ’nobile’ origine, cioè il latino. Non è vero che i dialetti sono una corruzione dell’italiano. È vero invece che italiano e dialetti hanno un diverso ruolo sociolinguistico: il primo è la lingua della comunicazione all’interno della Repubblica Italiana (e della Repubblica di San Marino e nel Canton Ticino elvetico); i secondi hanno uso più limitato, in qualche caso si limitano all’uso familiare.

Perché il toscano ha avuto più fortuna?

Perché ragioni culturali, storiche, economiche ecc. hanno fatto sì che la formidabile produzione letteraria del Trecento (Dante, Petrarca e Boccaccio) sviluppatasi in Toscana venisse diffusa in gran parte della Penisola. Così autori non toscani quali il napoletano Sannazzaro e l’emiliano Boiardo scrissero in toscano.

Poteva andare diversamente?

Probabilmente sì. Se, ad esempio, la stessa sorte fosse toccata alla Scuola poetica siciliana (sec. XII), noi oggi forse parleremmo una lingua con caratteristiche siciliane. Ma è un gioco della fantasia!

Allora non si è trattato di un’imposizione?

A differenza di ciò che è accaduto in Francia o in Inghilterra l’italiano si è diffuso senza l’appoggio di un apparato statale fino almeno all’unità d’Italia. Del resto i precedenti interventi dei vari stati italiani tendevano a operare scelte politiche nell’ambito amministrativo con scarsissima incidenza sulla popolazione quasi completamente analfabeta (l’80% circa al momento della formazione dello Stato unitario).

Si può dire che il piemontese, il marchigiano, il napoletano ecc. sono lingue?

Sì e no per le ragioni anzidette. Bisogna tuttavia tener presente che chi oggi sostiene tale affermazione lo fa come reazione a un periodo di grande disprezzo per i dialetti a tal punto che aborrisce l’uso dello stesso termine “dialetto”. È significativo che anche nell’ambito del linguaggio ufficiale dell’Unione Europea si parli esclusivamente di lingue minoritarie, meno diffuse, regionali ecc.

Qual è l’origine dei dialetti italiani?

Con la conquista romana il latino si è diffuso in mezza Europa e soprattutto nel bacino del Mediterraneo sovrapponendosi alle lingue parlate in precedenza da quelle popolazioni. Dalla commistione di questi elementi e da quelli derivanti dalle successive invasioni barbariche si sono generati i vari dialetti d’Italia. Altre teorie più recenti sostengono che il padre di tutti i dialetti non sarebbe il latino della romanizzazione ma il latino parlato prima di Roma durante un fase di latinizzazione verificatasi nelle regioni in cui i latini e altri popoli italici avrebbero soggiornato prima di fermarsi nelle zone che storicamente conosciamo. Ciò sarebbe confermato dalle grandi aree dialettali attuali che coincidono con frontiere di antiche culture dell’Italia preistorica, come è dimostrabile con dati linguistici e archeologici.

Ma tutti i dialetti italiani hanno come antenato il latino?

No. I dialetti tedeschi di alcuni comuni attorno al Monte Rosa (alemanni) di tredici comuni veronesi e di sette vicentini (cimbri), di alcuni comuni friulani (carinziani), dei sud-tirolesi, dei mocheni (bavaresi) e così i dialetti sloveni del Friuli Venezia Giulia, quelli croati del Molise, quelli grecanici (o grichi) del Salento e dell’estremità meridionale della Calabria e quelli albanesi diffusi in gran parte dell’Italia centro meridionale e in Sicilia hanno padri diversi dal latino.

Quali sono i gruppi in cui si suddividono i dialetti italiani?

Una prima grande suddivisione è quella che, seguendo la linea La Spezia-Rimini separa i dialetti settentrionali da quelli centro meridionali: i primi infatti appartengono alla Romània occidentale, i secondi alla Romània orientale, l’altra grande distinzione che interessa l’Europa latinizzata. Nell’Italia settentrionale procedendo da ovest verso est si hanno i dialetti gallo-romanzi (occitani e francoprovenzali), i dialetti gallo-italici (piemontese, lombardo, ligure, emiliano, romagnolo), veneti, ladini, friulani, toscani, centro-meridionali (umbro, marchigiano, abruzzese, molisano, pugliese, campano, lucano, salentino, calabrese, siciliano) e il sardo.

Fonte:

http://www.atlantelinguistico.it/dialetti/Intervista.html

Mappa dei dialetti italiani:

http://www.zingarate.com/destinazioni/news-lowcost/mappa-dialetti-in-italia-ed-europa.html

https://i0.wp.com/www.zingarate.com/pictures/20140702/mappa-dialetti.png

Spot Rai per l’Unità d’Italia: ”Offendono i dialetti”

Video:

https://galdomara.wordpress.com/wp-admin/post.php?post=2035&action=edit

“Lo spot che celebra i 150 anni dell’unità d’Italia demonizzando i dialetti è un’offesa alla cultura italiana e alla tradizione linguistica del nostro Paese” dice l’associazione ‘Forche Caudine’, lo storico circolo romano che raccoglie l’emigrazione molisana. Il filmato che ha scatenato la polemica, legato anche alla campagna per il rinnovo del canone di abbonamento, presenta una serie di personaggi contemporanei (da una vigilessa ad un calciatore durante un’intervista) che parlando in dialetto si rendendo incomprensibili agli interlocutori

“I dialetti, per quanto meno usati, rappresentano un punto fermo del nostro patrimonio culturale immateriale. Demonizzarli equivale al ripudio della tradizione e quindi, paradossalmente, alla idea stessa di Italia come frutto dell’unità di identità diverse”, dicono dall’associazione.

Poi c’è l’assessore veneto Roberto Ciambetti (Lega Nord) che rilancia  l’obiezione al pagamento: “Penso che la Regione potrebbe intervenire perchè quelle pubblicità non vengano messe in onda – ha spiegato Ciambetti -: insultano i valori del regionalismo, di quel regionalismo in cui credevano gli stessi padri costituenti e che viene riaffermato come tratto ineludibile nel progetto federale, dove ciascun popolo, ciascuna cultura locale, ciascuna identità trovano legittimo ruolo”.

Fonte:

http://video.repubblica.it/spettacoli-e-cultura/spot-rai-per-l-unita-d-italia-offendono-i-dialetti/58132/57103

Serie di video:

Serie di video (Svizzera):

Video:

http://www.deejay.it/video/tutti-i-dialetti-ditalia/330617/

Video:

http://www.raiscuola.rai.it/articoli/i-dialetti-italiani/4469/default.aspx

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Dialectes en France

Le français comme langue officielle

La victoire du français comme langue officielle sera consacrée le 15 août 1539 par François 1er, lors de l’ordonnance de Villers-Cotterêts qui stipule que désormais tous les actes administratifs seront passés en français. Cette mesure, prise autant pour faciliter le travail de l’administration, dont certains membres ignoraient le latin, que pour imposer la langue du roi dans les provinces, fit du français la langue de l’Etat.

Et afin qu’il n’y ait cause de douter sur l’intelligence desdits arrests, nous voulons et ordonnons qu’ils soient faits et escrits si clairement, qu’il n’y ait ne puisse avoir aucune ambiguïté ou incertitude, ne lieu à demander interprétation. (article 110)

Et pour ce que de telles choses sont souvent advenues sur l’intelligence des mots latins contenus esdits arrests, nous voulons d’oresnavant que tous arrests, ensemble toutes autres procédures […] soient prononcez, enregistrez et delivrez aux parties en langaige maternel françois et non autrement. (article 111)

L’officialisation du français par l’ordonnance de Villers-Cotterêts a joué en faveur de l’extension du français, faisant franchir un pas décisif à cette langue, non seulement par rapport au latin, mais par rapport aux dialectes. Toutefois cette ordonnance n’avait fait que remplacer une langue écrite, le latin, par une autre langue écrite, le français, et les notaires avaient souvent simplement pris l’habitude de rédiger en français les testaments de gens qui continuaient à parler patois, comme en témoignent, en plein XVIIe siècle, les aventures arrivées à Racine et à La Fontaine.

« Racine raconte ainsi son voyage à Uzès dans une lettre de 1661 à son ami La Fontaine : “J’avais commencé dès Lyon à ne plus guère entendre le langage du pays, et à n’être plus intelligible moi-même. Ce malheur s’accrut à Valence, et Dieu voulut qu’ayant demandé à une servante un pot de chambre, elle mit un réchaud sous mon lit. Vous pouvez imaginer les suites de cette maudite aventure, et ce qui peut arriver à un homme endormi qui se sert d’un réchaud dans ses nécessités de nuit”. Le voyage se poursuit et, à Uzès, il ne comprend tout d’abord rien à ce qui se dit autour de lui. Au bout d’un certain temps, il reconnaît dans ce qu’il entend quelque chose qui ressemble à un mélange d’italien et d’espagnol, et il parvient alors à établir la communication ». (Henriette Walter, Le français dans tous les sens, Paris, Robert Laffont, 1988 : 105).

« A la même époque, La Fontaine, au cours de son voyage en Limousin, est un peu perdu dans les environs de Bellac : “Comme Bellac n’est éloigné de Limoges que d’une petite journée, nous eûmes tout le loisir de nous égarer, de quoi nous nous acquittâmes fort bien et en gens qui ne connaissaient ni la langue, ni le pays” » (op. cit. : 105).

Un siècle plus tard, à la veille de la Révolution, la situation n’a guère changé comme le montre Thomas Jefferson dans une lettre adressée à William Short le 27 mars 1787.

L’invention de l’imprimerie au XVIe siècle marque, certes, une date importante, car elle contribua beaucoup à diffuser la langue officielle. Cependant, dans une France majoritairement rurale (85% de la population jusqu’au milieu du XIXe siècle), qui n’éprouve pas le besoin d’une communication hors de la communauté locale, les patois résisteront très longtemps car la véritable politique, visant à faire du français la langue de tous les Français, ne commencera qu’à la fin du XVIIIe siècle, avec la Révolution qui considérera qu’à une patrie unique doit correspondre une langue unique.

Pour les révolutionnaires, le peuple doit avoir accès au français, senti comme l’apanage des classes dominantes tandis que les idiomes régionaux apparaissent comme des obstacles à la propagation des idées révolutionnaires.

Le Rapport de l’abbé Grégoire à la Convention, daté du 16 prairial an II, et intitulé Rapport sur la nécessité de détruire les patois, donne un aperçu de la situation linguistique de la France telle qu’elle ressort de l’enquête lancée durant les années 1790 et 1791.

On peut assurer sans exagération qu’au moins six millions de Français, surtout dans les campagnes, ignorent la langue nationale ; qu’un nombre égal est à peu près incapable de soutenir une conversation suivie ; qu’en dernier résultat, le nombre de ceux qui la parlent purement n’excède pas trois millions, et probablement le nombre de ceux qui l’écrivent correctement encore moindre.
Ainsi, avec trente patois différents, nous sommes encore, pour le langage, à la tour de Babel, tandis que, pour la liberté, nous formons l’avant-garde des nations. (Lettres à Grégoire sur les patois de France 1790-1794. Documents inédits. Genève, Slatkine Reprints, 1969 : 293).

Il fallut attendre la 3ème république pour qu’aboutisse ce programme d’éradication des dialectes avec la loi de 1881, appelée loi Camille Sée, qui crée un enseignement secondaire laïc à l’usage des jeunes filles, et celle, surtout, de 1882, loi Jules Ferry, qui institue l’école primaire, gratuite, obligatoire et laïque. L’usage des langues régionales est interdit à l’école, même pendant les récréations, et l’enfant surpris à parler patois reçoit une punition. Dans les campagnes cependant, une fois rentré à la maison, l’enfant retrouve ses parents et ses grands-parents et, avec eux, le patois. En 1914 les régiments constitués par régions durent rapidement, devant l’immensité des pertes, être recomposés avec des hommes venus de toutes les provinces et qui peinèrent à s’exprimer en français, langue apprise à l’école primaire et peu pratiquée.

La disparition des dialectes a aussi été accélérée par l’exode rural, qui date de l’expansion industrielle du milieu du XIXe siècle. La diffusion de la radio, puis de la télévision, vont achever de généraliser l’usage du français standard.

Les deux causes majeures de la disparition presque totale des dialectes restent l’institution d’un enseignement primaire obligatoire et la généralisation de la radio et de la télévision.

Lire la suite:

http://cle.ens-lyon.fr/plurilangues/les-francais-et-leurs-langues-enquetes-sur-les-patois-dialectes-et-mots-regionaux-132848.kjsp?RH=CDL_PLU120000

Langues régionales : la France ou la tour de Babel ?

78 langues régionales vont bientôt être reconnues : l’occitan, le breton, l’arabe dialectal, l’arménien occidental… Tant pis pour l’unité nationale

L’affaire est entendue : sauf surprise, la France va ratifier la Charte européenne des langues régionales. L’Assemblée nationale a largement voté en faveur d’une modification de la Constitution et le Sénat s’apprête à en faire autant. Si les trois cinquièmes des suffrages sont atteints dans les deux chambres, la voie sera ouverte à la convocation du Congrès. Le texte a été soigneusement ficelé pour éviter les écueils juridiques et faire en sorte que le Conseil constitutionnel ne retoque pas le texte. En 1999, les sages avaient en effet estimé que le projet proposé à cette époque portait atteinte à l’indivisibilité de la République et était en contradiction avec l’article 2 de la Constitution. Celui-ci précise que le français est la langue de la République. Donc, soyons rassurés : même au fond du Finistère, du Pays basque ou dans le 93, on devra vous parler français au bureau de poste. Ouf !

Malgré les précautions prises, et sans vouloir caricaturer, le gouvernement met le doigt dans un engrenage inutile et dangereux. Au moment où l’énergie nationale devrait être mobilisée pour sortir le pays de l’ornière, est-ce bien le moment de brandir ce qui divise plutôt que ce qui réunit ? De transformer une richesse culturelle, d’ailleurs bien ténue, en machine politique ?

L’usage des langues régionales n’a, en réalité, cessé de se rétrécir comme peau de chagrin. Le nombre de locuteurs bretons en France est à peu près égal à celui des Indiens Navajo aux États-Unis. Pour des raisons politiques, les croisés des langues régionales gonflent les chiffres artificiellement. Il suffit de savoir prononcer trois mots dans un dialecte quelconque pour être aussitôt répertorié “locuteur”.

Un souvenir personnel : dans le village périgourdin berceau de ma famille, tout le monde s’exprimait jadis dans le patois local, un avatar de la langue d’oc. Chez le boucher, le boulanger, au bistrot, on n’entendait pas un mot de français. Tout cela est terminé. Il n’y a d’ailleurs plus de boucher, plus de boulanger, et le français est devenu la langue d’usage pour les rares habitants qui restent…

En Catalogne, au Pays basque espagnol, en Flandre, en Écosse, les germes du séparatisme progressent. Le morcellement de la souveraineté n’est pas nécessairement un progrès. L’Europe ne peut se construire que sur un socle solide et il n’en existe qu’un pour l’instant : celui des nations. La France est jusqu’à présent épargnée par le virus de la fragmentation : rois, empereurs, républiques ont tous eu le souci permanent depuis mille ans de préserver l’unité française. Donner des armes et des arguments aux agités régionalistes n’est pas un bon moyen de la renforcer.

Quelle:

http://www.lepoint.fr/monde/ou-va-le-monde-pierre-beylau/langues-regionales-la-france-ou-la-tour-de-babel-31-01-2014-1786293_231.php

Carte linguistique interactive de la France

http://www.lexilogos.com/france_carte_dialectes.htm

carte de la France

Patois et dialectes de la vieille France sauvegardés grâce au phonographe ?

En 1910, une société de philologues s’avise que, en plus d’un point, les patois de nos anciennes provinces sont en train de se perdre, et, armée de l’appareil à la fidélité duquel on peut se fier, s’apprête à entreprendre une « tournée » d’un genre particulier, en ayant recours au phonographe qui a déjà enregistré, pour la postérité, les voix d’or des chanteurs et des cantatrices célèbres

Ses membres, pendant qu’il en est encore temps, les recueilleront, ces patois, de la bouche des paysans conservant encore l’idiome ancestral, avec l’accent, qui leur donne leur physionomie propre. Ces dialectes, ces patois, par lesquels une race affirme son caractère particulier et qui ont une existence séculaire, disparaissent-ils vraiment, dans l’uniformité qu’amènent, en notre pays si varié d’aspects et de traditions, les facilités de plus en plus grandes de communication ?

Il faut bien le croire, écrit Jean Frollo, du Petit Parisien, puisque les philologues, étudiant spécialement la question, l’assurent. Il semble, du moins, que dans les régions qui ne gravitent pas autour d’une grande ville, nos patois aient encore la vie dure pour longtemps.

Et ne serait-il pas dommage qu’on les abandonnât, avec leur pittoresque, et, souvent, leurs heureuses trouvailles d’expression, qui ne sauraient avoir un équivalent dans une langue plus pure et plus savante. On se rappelle le joli couplet, dans une pièce de Maurice Donnay, sur la patrie : « La patrie, c’est des paysages que l’on a vus tout enfant… c’est des choses intimes, des souvenirs, des coutumes… c’est une vieille chanson. » Il aurait pu ajouter : « C’est un mot de patois tout à coup entendu. »

De l’attendrissement tient dans quelque phrase de la langue populaire parlée en un petit coin de France. Il faut toujours en revenir à la bonne formule de Félix Gras, défendant l’esprit particulariste, naguère imprudemment attaqué : « La France avant tout, et par-dessus tout. Mais j’aime ma province plus que ta province, j’aime mon village plus que ton village. » On a compris, heureusement, que l’amour des petites patries ne faisait que fortifier l’amour pour la grande. Tout le monde doit savoir le français correctement, mais, dans les relations entre gens qui ont la même origine, le patois a sa raison d’être. Il a des familiarités, il a, d’aventure, des « raccourcis », des nuances, où il y a un peu de l’âme d’un pays.

Je me souviens, écrit notre chroniqueur, qu’un artiste, qui a fait son chemin, me contait les tristesses de son arrivée à Paris, où il ne connaissait personne. Il était pauvre, il s’effrayait de toutes les difficultés qu’il trouvait, il était d’ailleurs un peu rude encore, venant de ses montagnes d’Auvergne. Il éprouvait, un jour, un profond découragement de son isolement, quand, traversant le jardin du Luxembourg, il entendit une femme, assise sur un banc, qui chantonnait en berçant son enfant :

Som, som, beni, beni,
L’efontou bou pas durmi.

Cette berceuse, c’était un écho du pays natal. Il tressaillit. Pour un instant, il n’était plus seul. Il revit, par la pensée, le village d’où il était parti, pour conquérir Paris, lui aussi. Il rêva ; il rêva d’y revenir célèbre. Ses réflexions reprirent un tour viril, il rassembla son courage ; il pensa à des démarches nouvelles à tenter. « Je crois bien, me disait-il en souriant, que c’est cette chanson en patois qui m’a sauvé. »

Le patois (car je ne parle pas des véritables langues, le breton, le provençal, le flamand, le basque, qui subsistent en France, précise Jean Frollo), c’est le français en déshabillé. Il garde souvent la trace des idiomes primitifs qui ont concouru à la formation de la langue officielle ; il correspond à des besoins locaux, et, avec ses archaïsmes curieux, il a presque toujours une grande puissance d’expression.

« Où le français ne peut atteindre, le gascon y arrive sans peine », disait, avec un peu de vantardise, Montaigne, qui, d’ailleurs, fut un des créateurs du français définitif. Le patois a eu, au demeurant, ses défenseurs, les uns parce qu’ils y trouvaient des mines de richesses historiques, les autres pour des raisons sentimentales, voyant là les vivantes reliques de l’esprit de nos pères. Les raisons historiques d’étudier les patois abondent : ne gardent-ils pas le souvenir des invasions successives, la langue des envahisseurs se mêlant à celle des envahis, s’absorbant, plutôt, en celle-ci ?

Et combien de particularités curieuses ! Dans le Midi, il n’est pas rare de voir deux villages voisins avoir chacun un patois distinct. Dans la Gironde, quelques bourgs, formés de l’ancien pays de Garacherie, parlent le patois saintongeois. Par suite d’anciens rapports politiques, les paysans des environs de Nancy et ceux des environs de Bouillon ont un semblable idiome, bien que ces villes soient éloignées l’une de l’autre.

Du wallon et du lorrain au périgourdin et au béarnais, la France compte une trentaine de patois différents, qui ont eux-mêmes leurs variétés. Déjà César avait été frappé de la diversité de langage dans l’ancienne Gaule.

Il est excellent de recueillir par le phonographe, pour l’avenir, ces idiomes locaux, ajoute notre journaliste, mais ce seraient des témoignages un peu frustes, sans les commentaires nécessaires. Nodier disait que si les patois n’existaient plus, il faudrait des académies tout exprès pour les retrouver. Mieux vaut s’occuper d’eux pendant qu’ils vivent encore. Il serait à souhaiter qu’on fît partout ce qu’a entrepris Charles Beauquier pour la Franche-Comté, avec sa méthode, et aussi avec sa tendresse pour les restes d’un passé menacé. La faune et la flore populaires, les traditions, les contes, toutes les particularités d’usage et de langue sont l’objet de ses soins attentifs.

Le patois est là fort riche. Le bétail intéresse particulièrement les paysans, comme il est naturel : il n’y a pas moins d’une cinquantaine de mots pour désigner le bœuf dans tous ses états de forme, d’âge, de couleur, et il y en a bien une centaine pour la vache. La traduction française ne donnerait pas une telle précision.

Rien que pour désigner l’état morbide des animaux, le vocabulaire que fournit le patois est considérable : un airot pour une bête qui, sans être précisément malade, n’engraisse pas ; un ajoumi pour un bœuf qui a trop mangé ; un asorodot, pour un bœuf qui a des grosseurs ; une équevolette, pour une vache qui a la queue coupée ; une grésille, pour une vache qui est, en somme, une mauvaise acquisition, etc. L’usage a fait vraiment une nécessité de ces expressions, qui ne seraient pas remplaçables.

Au début du XIXe siècle, nous apprend encore Le Petit Parisien, une enquête officielle fut faite sur les patois, exclusivement parlés, alors, par six millions de Français. L’idée était bonne, mais ce fut une enquête singulièrement menée. Elle fut confiée aux préfets, mais au lieu de les laisser libres de faire un rapport sur ce que les idiomes locaux présentaient de plus caractéristique, on leur imposa une sorte de thème, la parabole de l’Enfant prodigue, de sorte que, pour arriver à remplir les conditions du programme, on dut plier les patois à une manière d’exercice littéraire pour lesquels ils n’étaient pas faits, et ce travail fut fort artificiel.

De tous les côtés de la France arrivèrent ces « devoirs » laborieusement faits : « Un homme avait deux fils », etc, ce qui devint, selon les régions : — Ou sartin zoumou ave deu gaçon (Ain) — Ou n’oum avo deu s’afan (Ardennes) — Un onome obiou dous effons (Aveyron) — In homme avait deux fail (Charente), etc.

C’était un jeu un peu puéril. On a, heureusement, aujourd’hui, d’autres procédés d’investigation, et on prend un peu plus au sérieux l’étude de ces patois, qui permet d’apprendre beaucoup de choses intéressantes sur notre pays.

Quelle:

http://www.france-pittoresque.com/spip.php?article7264

Onze idées reçues sur les langues régionales

Sujet aussi passionnel que mal connu en France, les langues régionales sont l’objet de nombreux a priori. Voici quelques idées reçues qui circulent à leur sujet.

1. Plus personne ne les parle

FAUX On confond parfois régression et disparition. Selon l’Insee, environ 3,5 millions de personnes utilisent régulièrement une langue régionale. Le problème est que la transmission se fait de plus en plus mal. Avant 1930, une personne sur quatre parlait une langue régionale avec ses parents. Une proportion tombée à… 3 % dans les années 1980 et 1990. De surcroît, elles sont surtout pratiquées par les plus de 50 ans. Elles suscitent toutefois de plus en plus d’intérêt chez les jeunes.

2. Elles n’ont pas un grand intérêt

FAUX. Comme le rappelle la linguiste Henriette Walter dans son excellent ouvrage Aventures et mésaventures des langues de France (Editions Honoré Champion, 2012), “le basque est l’une des langues les plus anciennes d’Europe”, “le breton est une langue celtique”, qui nous rattache à notre passé gaulois. Quant au peu connu francique lorrain, encore en usage en Moselle, il est l’idiome le plus proche de la langue que parlait Clovis.

La plupart des langues régionales parlées sur le territoire français sont issues du latin. C’est le cas non seulement des langues d’oc, au sud, mais aussi des langues d’oïl, au nord, ou encore du francoprovençal, du catalan et du corse.

Mais la France possède aussi une langue celtique, le breton, trois langues germaniques (l’alsacien, le flamand et le francique lorrain – ou platt), une langue non indo-européenne: le basque.

Au total, on compte ainsi en métropole une vingtaine de langues régionales. Il est difficile de donner un chiffre précis, car un débat existe pour savoir si les langues d’oc – le provençal, le languedocien, l’auvergnat, etc – forment une seule langue, qu’on appellerait l’occitan, ou plusieurs. Henriette Walter estime par exemple que le gascon, “qui se différencie très nettement des autres langues d’oc”, doit être considérée comme “une langue à part”.

3. Le français est supérieur aux langues régionales

FAUX. Linguistiquement, le français est, au départ, une simple langue d’oïl, cousine du normand ou du champenois. Il est devenu notre langue nationale tout simplement parce c’était la langue du pouvoir. Pour le dire d’une formule, le français est une langue régionale qui a réussi ! “Le français était au départ un dialecte comme les autres, mais il était celui du roi, confirme le linguiste Claude Hagège… C’est par volonté politique, et non en fonction de ses qualités linguistiques, qu’il a été imposé au pays. Les langues régionales, poursuit-il, possèdent une richesse au moins comparable, sinon supérieure, au français. Ainsi, en poitevin, subsiste le genre neutre, en plus du masculin et du féminin. Et en gascon, l’imparfait du subjonctif continue d’être pratiqué, même à l’oral.”

Le mouvement d’unification linguistique du pays s’est accompagné de ce qu’il faut bien appeler une propagande. Pour asseoir “sa” langue, le français, l’Etat a longtemps présenté comme de vulgaires patois sans intérêt des langues comme le corse, le breton ou le béarnais. Cette propagande a d’autant mieux réussi que rares sont les Français à disposer de connaissances sur les langues régionales – il est vrai que l’on a rarement cherché à leur en donner. Même les locuteurs se sont peu à peu persuadés de leur infériorité! Jusqu’à les présenter eux-mêmes comme des “patois”, définis ainsi par le Petit Robert : “parler local, dialecte employé par une population généralement peu nombreuse, souvent rurale, et dont la culture, le niveau de civilisation sont jugés comme inférieurs à ceux du milieu environnant.”

Ce qui est vrai, bien sûr, c’est que la plupart des grands auteurs nés sur le territoire français se sont exprimés en français, puisque c’était la seule langue enseignée et valorisée. Même si les parlers d’oc, en particulier, ont toujours disposé d’une littérature assez riche. Le poète provençal Frédéric Mistral a même été couronné par le prix Nobel de littérature (1904).

4. Elles sont condamnées par la mondialisation

PAS SÛR. Les langues régionales peuvent aussi présenter un intérêt économique. Les Alsaciens commercent plus facilement avec les Allemands, les Basques et les Catalans avec leurs cousins situés en Espagne. Et, selon certains chercheurs, le succès de l’économie bretonne repose en partie sur la capacité de cette région à défendre et à valoriser son identité locale.

Par ailleurs, les langues régionales représentent en soi une richesse culturelle souvent sous-évaluée. Le breton nous rattache ainsi à notre passé gaulois. Les langues régionales possèdent par ailleurs une riche littérature puisque la plupart d’entre elles sont des langues écrites, ce qui n’est le cas que d’environ 200 des 6700 langues recensées dans le monde.

Plus fondamentalement encore, une langue ne sert pas seulement à communiquer. Elle exprime aussi un rapport au monde, une manière de penser. A ce titre, les langues régionales représentent “l’une des grandes richesses culturelles de la France”, selon Claude Hagège. Pour le comprendre, il suffit de se demander comment les Français réagiraient si, dans quelques décennies, sous prétexte “d’efficacité”, l’Europe interdisait de transmettre la langue française à l’école de la République et y imposait l’anglais comme langue unique.

5. Les enseigner à l’école est inutile: mieux vaut apprendre l’anglais

FAUX. Les deux démarches ne sont pas contradictoires. Tous les linguistes le disent: connaître, dès son jeune âge, une deuxième langue permet d’en apprendre plus facilement d’autres ensuite. De plus, il existe des passerelles évidentes entre langues régionales et langues étrangères: un locuteur alsacien apprendra très facilement l’allemand; un Flamand le néerlandais, un Corse l’italien, etc.

6. Elles sont désormais reconnues en France

PAS VRAIMENT. Il est exact qu’elles ne sont plus combattues comme elles l’ont été après la Révolution française, lorsque l’abbé Grégoire rédigeait son rapport sur “la nécessité et les moyens d’anéantir les patois”. Il est exact aussi qu’à l’école, l’enfant surpris en train de parler corse ou breton ne subit plus de réprimande, comme ce fut le cas sous la IIIe République. Certaines mesures positives ont même été prises en leur faveur. Elles sont ainsi enseignées quelques heures par semaine dans certaines classes, voire en immersion complète dans des écoles associatives (Ikastolas au Pays basque, Diwan en Bretagne, etc). Elles bénéficient de (rares) créneaux horaires à la radio et à la télévision et elles ont même fait leur apparition en 2008 dans la Constitution au titre (Article 75-1 : “Les langues régionales appartiennent au patrimoine de la France”)

Mais, comme on le constate dans la pratique, cette politique est largement insuffisante si l’on souhaite vraiment les sauver. Il suffit d’observer la situation du catalan, florissant en Espagne et moribond en France. Il est vrai qu’au sud de la frontière, son usage est imposé (et exclusif) sur les panneaux de signalisation routière (sauf sur les autoroutes), à l’université (pour la majorité des cours) et sur certaines chaînes de télévision. Des mesures qui feraient sans doute sursauter chez nous.

7. Si les langues régionales régressent, c’est parce que plus personne n’a envie de les parler

VRAI ET FAUX. Il est incontestable que de nombreux parents ont choisi volontairement de ne plus parler gascon ou flamand à leurs enfants. Mais pourquoi ? Parce qu’ils pensaient ainsi favoriser leur réussite scolaire et sociale, seul le français étant enseigné et exigé pour trouver un emploi. Il en aurait été différemment s’ils avaient été en usage dans les administrations et les entreprises.

Car le facteur économique joue un rôle considérable dans la dynamique des langues. Des peuples ont souvent changé d’idiome pour cette seule raison, comme le montre cet exemple donné par l’université de Laval, au Québec. “L’un des cas les plus connus de mutations linguistiques successives concerne celui des Kamasins. Ce peuple de Sibérie a changé de langue trois fois en 50 ans! En effet, les Kamasins parlaient originellement une langue samoyède (le kamasin); ils ont commencé à parler le turc vers 1840 et ne parlaient plus que cette langue 20 ans plus tard; à partir de 1890, les Kamasins avaient déjà abandonné le turc pour le russe.”

Les biscuits et les gâteaux de France

8. Dans un pays, il ne peut y avoir qu’une seule langue

FAUX. Il existe environ 6800 langues dans le monde, sachant qu’il y a 193 membres à l’ONU. On compte donc en moyenne 35 langues par Etat. Une cinquantaine de ces Etats sont officiellement multilingues, comme la Belgique ou l’Espagne.  Ce qui est vrai, c’est que les Etats tendent à adopter une langue unique, pour des raisons d’efficacité économique et d’unité politique. Quant aux pays qui pratiquent le multilinguisme, ils le font rarement pour des raisons philosophiques, mais pour préserver la paix sociale: le Québec a arraché des mesures en faveur du français car le Canada craignait la partition du pays.

9. La disparition des langues régionales est inéluctableVRAI ET FAUX. Il existe une tendance incontestable au déclin des langues dans le monde. Selon Claude Hagège, il en existait environ 10 000 à la fin du Moyen Âge (avant la colonisation européenne). A l’heure actuelle, l’humanité en perd environ une tous les quinze jours. Mais ce mouvement connaît des exceptions notables. Les langues régionales ne sont pas menacées en Suisse pour la bonne et simple raison que l’allemand, le français, l’italien et le romanche sont toutes considérées comme des langues… nationales ! Le catalan, on l’a dit, mais aussi le basque se portent beaucoup mieux en Espagne qu’en France. Leur situation dépend donc pour l’essentiel des mesures dont elles bénéficient dans chaque pays.

10. Les langues régionales alimentent les sentiments indépendantistes

OUI ET NON. Oui, dans la mesure où la langue est un attribut essentiel de l’identité. C’est parce que la France est un pays composite, réunissant des Basques et des Alsaciens, des Corses et des Flamands, des Auvergnats et des Normands, qu’elle s’est dotée d’un Etat fort et qu’elle a toujours cherché à effacer les particularismes régionaux. A l’inverse, assimiler tous les amoureux des langues régionales à des poseurs de bombes serait aller un peu vite en besogne. Nombre d’entre eux souhaitent simplement qu’elles ne se perdent pas. Des pays comme la Suisse ou la Finlande (où réside une importante minorité suèdophone) montrent que le multilinguisme ne s’oppose pas toujours à l’unité nationale.

11. La défense des langues régionales oppose la droite et la gauche

FAUX. Des parlementaires des deux bords travaillent ensemble sur cette question à l’Assemblée nationale et au Sénat. Et elles comptent dans chaque camp des partisans et des adversaires.  A gauche, le très jacobin Jean-Luc Mélenchon ne les apprécie guère tandis que François Hollande souhaite la ratification de la charte européenne des langues régionales.  A droite, le député UMP Marc Le Fur les défend avec ferveur, alors que Nicolas Sarkozy a déclaré : “Quand on aime la France, on ne propose pas de ratifier la charte des langues régionales”. Leurs meilleurs défenseurs se trouvent chez les écologistes (qui passent régulièrement des alliances avec les partis régionalistes) et chez François Bayrou, lui-même béarnophone.

Quelle:

http://www.lexpress.fr/region/onze-idees-recues-sur-les-langues-regionales_1099691.html

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http://www.ina.fr/video/RAC02006484

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http://www.ina.fr/video/I07024154

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Schweizerdeutsch (Schwizerdütsch, Schwiizertüütsch)

Die Dialekte, die in der Deutschschweiz gesprochen werden, unterscheiden sich zum Teil erheblich von der deutschen Standardsprache, dem so genannten Hochdeutsch. Die deutschsprachigen Schweizer/-innen sprechen Schweizerdeutsch, das nicht als Standardsprache existiert sondern durch verschiedene Dialekte repräsentiert wird: so gibt es neben dem Berndeutschen, Baseldeutschen, Zürichdeutschen und Walliserdeutschen noch viele weitere kantonale und sogar regionale Dialekte.

Die Deutschschweizer/-innen verstehen im Allgemeinen die Dialekte aus anderen Regionen. Natürlich hat jeder Dialekt auch seine spezifischen Ausdrücke, die ‘unkundige’ Landsleute kaum verstehen, für die allgemeine Verständigung unter den Deutschschweizer/-innen führt dies jedoch kaum zu Problemen. Am schwersten verständlich sind Dialekte aus Bergregionen wie zum Beispiel den Walliser Tälern. Mit etwas gutem Willen seitens der Sprechenden und Zuhörenden und etwas Übung im Umgang mit verschiedenen Dialekten ist jedoch auch das Walliserdeutsch zu verstehen.

Die Verständlichkeit hat keinen Einfluss auf die Beliebtheit der Dialekte: so wurde gemäss einer Umfrage aus dem Jahr 2002 der Walliserdialekt von 20% der Befragten als beliebtester Dialekt angegeben. Noch beliebter war Berndeutsch (27%), während der Zürcher Dialekt nur gerade von 10% der Befragten als Lieblingsdialekt genannt wurde.

Die Schriftsprache in der deutschen Schweiz ist Hochdeutsch – eigentlich die erste Fremdsprache, welche die Kinder in der Schule lernen. Zeitungen, Zeitschriften und die meisten Bücher sind Hochdeutsch geschrieben; es gibt relativ wenig Schweizer Literatur, die in einem der Schweizer Dialekte geschrieben ist. Es gibt keine eigenständige deutschschweizerische Schriftsprache – vermutlich ist dies auch eine Folge der verschiedenen Dialekte. Wer ‘nur’ Hochdeutsch versteht und versucht, auch Schweizerdeutsch zu verstehen, wird am Anfang Mühe haben: nicht nur die Aussprache ist anders, auch Grammatik und Wortschatz unterscheiden sich vom Hochdeutschen.

Es gibt jedoch auch regionale Färbungen im Hochdeutschen, das in der Schweiz verwendet wird. Eine unmissverständliche Kommunikation mit Deutschsprachigen aus anderen Ländern ist also auch dann nicht zu 100 Prozent garantiert, wenn die Schweizer/-innen Hochdeutsch sprechen.

Ist das Schweizerdeutsche eine eigene Sprache?

Wenn wir den Terminus Dialekt für die einer Sprechergruppe gemeinsame Sprachvarietät verwenden, dann setzen wir diese Varietät in der Regel in Bezug zu einer andere Sprachform, von der der Dialekt als eine Art Variante abgegrenzt wird. Dialekt bezeichnet im deutschen Sprachgebrauch eine besondere räumliche Ausprägung einer grösseren zusammengehörigen Sprachgemeinschaft. So wird etwa das Bairische als ein Dialekt des Deutschen, das Kalabresische als ein Dialekt des Italienischen angesprochen. Dabei sind das Deutsche, das Italienische etc. in ihrer Funktion als Schriftsprache oder Standardsprache angesprochen.

Deutsch könnte aber auch einfach als Überbegriff über verschiedene verwandte Dialekte gemeint sein, wie das in älterer Zeit, als es noch keine gemeinsame Schriftsprache gab, grundsätzlich der Fall war. So spricht man allgemein bei nicht verschrifteten, oft exotischen Sprachen dann von verschiedenen Dialekten, wenn sie sich nur in wenigen Merkmalen, z.B. im Wortschatz und bestimmten Lautmerkmalen, unterscheiden. In diesem Fall wird meistens die gegenseitige Verständlichkeit als Kriterium, ob man noch von Dialekten oder schon von Sprachen spricht, herangezogen. Bei einem Dialektkontinuum, bei dem sich die Extremgebiete nicht mehr verstehen, stellt sich dann die schwierige Frage der internen Abgrenzung.

Die Gegenüberstellung, die wir mit Blick auf die europäischen Sprachgemeinschaften aber gewöhnlich im Kopf haben, wenn wir einer sprachlichen Varietät Dialektcharakter zusprechen, ist eher diejenige gegenüber einer verwandten überdachenden Standardsprache. In diesem Fall wäre das Entscheidende, dass der Dialekt keine standardsprachlichen Funktionen hat, d.h. zumindest nicht schriftlich für Verwaltung und Sachliteratur gebraucht wird. Auf diese gewissermassen vertikale Abgrenzung bezieht sich der oft zitierte Ausspruch, eine Sprache sei ein Dialekt mit einer Armee und einer Flotte. Er geht wohl auf Max Weinreich zurück, den bekannten Jiddisten, der die Aussage auch auf das Jiddische bezogen hatte. Hiermit ist gemeint, dass es eher politische Kriterien sind, die einer Sprachvarietät den Charakter einer Sprache verleihen.

Gewisse sprachliche Unterschiede, ein sogenannter sprachlicher Abstand muss zwar vorhanden sein, damit eine sprachliche Varietät sinnvoll als eigene Sprache angesprochen werden kann. Wie gross diese Unterschiede sein müssen, lässt sich aber nicht exakt bestimmen. Und auch umgekehrt lässt sich kaum sagen, ab wann genau der sprachliche Abstand gegenüber einer Schriftsprache zu gross ist, um noch von einem Dialekt sprechen zu können. Rein sprachliche Kriterien, die es erlauben würden, einen Dialekt im Gegensatz zu einer (Standard-)Sprache zu definieren, gibt es nach weitverbreiteter Ansicht jedenfalls nicht.

Bei einem entsprechenden politischen Willen kann daher jede sprachliche Varietät zu einer eigenen Sprache, im Sinne von Schriftsprache/Standardsprache, ausgebaut werden. Das ist etwa beim Luxemburgischen der Fall, das seit einiger Zeit auf der Basis der vorhandenen sprachlichen Unterschiede zum Standarddeutschen als Nationalsprache ausgebaut wird. Die schriftsprachlichen Funktionen des Lëtzebuergeschen sind zwar noch eingeschränkt, es hat sich aber eine einigermassen einheitliche Variante, eine sogenannte Koiné, herausgebildet, von der etwa beim Unterricht für Fremdsprachige ausgegangen wird.

In gleicher Weise könnte also das Schweizerdeutsche durchaus zu einer eigenen Sprache ausgebaut werden, Tendenzen zur Vereinheitlichung und Normierung lassen sich hier aber kaum ausmachen. Eher spricht man daher im Falle des Schweizerdeutschen aufgrund der vielfältigen Funktionen, die die gesprochenen Dialekte übernehmen, von einem Ausbaudialekt. Die Besonderheit des Schweizerdeutschen liegt also weniger im sprachlichen Abstand von der Schriftsprache, der auch bei anderen deutschen Dialekten gleich gross sein kann, sondern in den Regeln des allgemeinen mündlichen Gebrauchs.

Quelle:

http://www.linguistik.uzh.ch/easyling/faq/kolmer-schweizerdeutsch.html

Schweizerdeutsch ist nicht minderwertig

Schweizerdeutsch, das stärkste Identifikationsmerkmal der Deutschschweizer, hat Konjunktur. In Zürich und im Aargau haben Volksinitiativen Mehrheiten gefunden, die für den Kindergarten den Gebrauch des Dialekts vorschreiben, und in privaten E-Mails und SMS wird Schweizerdeutsch zur schriftlichen Kommunikation verwendet. Konjunktur hat auch die Skepsis in anderssprachigen Landesteilen. Sie fand Ausdruck unter anderem in der vom Tessiner CVP-Nationalrat Marco Romano in der Frühlingssession aufgeworfenen Frage, ob die kantonalen Entscheide zugunsten von Schweizerdeutsch im Kindergarten verfassungsrechtliche Konsequenzen haben sollten.

Bundesrat Alain Berset machte in dieser Diskussion deutlich, dass er keinen Handlungsbedarf sieht. Und er verneinte die Frage, ob in den Schulen der lateinischen Schweiz künftig Schweizerdeutsch statt Deutsch unterrichtet werden soll, um den nationalen Zusammenhang zu gewährleisten. Ziel bleibe es, den Schülern grundlegende Kenntnisse der Amtssprachen zu vermitteln.

Formalität, Informalität

Helen Christen, Linguistikprofessorin an der Universität Freiburg, sieht es ähnlich. «Schweizerdeutsch ist die Sprache des Informellen. Und mit dem Schwinden des Formellen, auch aus Kultur, Politik und Medien seit den 1960er Jahren, gewinnt es laufend an Bedeutung – zuletzt durch die neue informelle Schriftlichkeit von Menschen, die sich bis zum Auftauchen neuer Informationskanäle kaum schriftlich ausgedrückt hätten.»

Hinzu kommt einmal mehr das, was sich in den Entscheiden zugunsten der Kindergarten-Initiativen äussert: eine Angst davor, dass einem die Sprache, die man sprechen soll, vorgeschrieben wird, und eine Bekräftigung der eigenen Identität, wie Helen Christen beobachtet. Deutschschweizer wüssten sehr wohl um die Grenzen zwischen Formalität und Informalität, zwischen Hochdeutsch und Schweizerdeutsch: «Es kommt niemandem in den Sinn, Bewerbungs-E-Mails auf Schweizerdeutsch zu verfassen.» Und wenn eine Uhrenfirma ihren Jahresbericht – wie 2013 geschehen – einmal auf Schweizerdeutsch verfasse, sei dies als das zu werten, was es ist: als PR-Aktion.

«Das Besondere an der Deutschschweizer Sprachsituation ist, dass Schweizerdeutsch die gesprochene Umgangssprache aller Bevölkerungsschichten ist. Wer gebildet ist, ist nicht schon daran zu erkennen, dass er sich in eloquenter Weise einer Hochsprache bedient, sondern er spricht eloquent Dialekt.» Schweizerdeutsch werde zwar nicht formell geschrieben, weise aber sonst keinerlei Defizite gegenüber anderen Sprachen auf, so Christen weiter.

Das gelte es in den anderen Landesteilen zu vermitteln, sagt Helen Christen: «Es geht darum, den Ruch des Minderwertigen loszuwerden. Schweizerdeutsch verdient, als das dargestellt und vermittelt zu werden, was es ist: die selbstverständliche Sprache des Deutschschweizer Alltags.» Wie soll das konkret geschehen? Doch mit Schweizerdeutsch als Schulfach in der französischen und italienischen Schweiz? So weit würde sie nicht gehen, sagt die Linguistin, deren Bewusstsein für das Verhältnis der Landessprachen durch ihre Tätigkeit direkt am Röstigraben geschärft ist. Einen tauglichen Ansatz findet sie jenen im Kanton Genf, wo die Schüler der Oberstufe ansatzweise lernen, Schweizerdeutsch zu hören und zu verstehen, und wo ihnen vor allem vermittelt wird, welchen Stellenwert die Dialekte in der Deutschschweiz haben.

Brennend ist auch die Frage nach den sprachlichen Konsequenzen der vermehrten Präsenz von Hochdeutsch in der Deutschschweiz. Reichen diese über das Aufkommen von Begriffen wie «Knaller» und «Schnäppli» hinaus, mit denen der Detailhandel Aktionen bewirbt? «Ich kann auf der grammatikalischen Ebene keinen substanziellen Wandel erkennen», sagt Christen. «Eine andere Frage ist jene, ob Dialekt die selbstverständliche Sprachform auch gegenüber Unbekannten ist. Ein Paradigmenwechsel wäre gegeben, wenn wir in der Deutschschweiz den Kontakt zu Unbekannten mit Hochdeutsch aufnehmen würden.» Aber ist es nicht gerade dieses Einsteigen auf Schweizerdeutsch, das Deutschschweizern immer wieder als Ignoranz ausgelegt wird?

Helen Christen: «Dieses Vorurteil gibt es, aber wir können es wissenschaftlich nicht bestätigen. Wir haben über 6000 Gespräche aus Notrufzentralen ausgewertet, um das zu überprüfen. In den meisten Fällen haben sich die Telefonisten sprachlich auf das Gegenüber eingestellt. Wenn jemand Hochdeutsch oder gebrochen sprach, wurde das Gespräch in der Regel auf Hochdeutsch geführt. Sprachen die Anrufenden gebrochen, war für die Wahl der Sprachform entscheidend, ob das gebrochene Deutsch dialektale Züge trug oder nicht. Interessanterweise wurde in dieser Konstellation auch locker zwischen Hochdeutsch und Dialekt hin und her gewechselt, was zwischen Einheimischen nicht vorkommt.»

Quelle:

http://www.nzz.ch/schweiz/schweizerdeutsch-ist-nicht-minderwertig-1.18352630

Schweizer Dialekte erleben eine Hochkonjunktur

Was passiert wohl, wenn man einem netten Deutschen ein «Müntschi» geben will oder gar einen «Schmutz»? Er wird wohl kaum die Wange hinhalten, sondern eher die Augenbrauen hochziehen: «Wie bitte?»

Die Karte für das Wort «Kuss» des neuen «Kleinen Sprachatlas der deutschen Schweiz» verzeichnet rund ein Dutzend verschiedener Bezeichnungen für diesen oralen Körperkontakt: «Chuss» sagt man in der Nordostschweiz, «Schmutz» im Mittelland, um Zürich zieht man den «Schmatz» vor; im Kanton Bern verteilt man «Müntschi», im Freiburgischen «Müntsi» und im Wallis «Muntschi». Originell, aber auf das Appenzell beschränkt, ist das «Trüütli». Dieses Wort stammt vom Mittelhochdeutschen «trût», was lieb, lieber Mensch, Geliebter bedeutete. «Schmutz» ist eine lautmalerische Umsetzung des Küssens, und Müntschi kommt von Mund.

Ob heute noch jemand «Trüütli» verteilt, muss aber bezweifelt werden. Denn die Karten des kleinen Sprachatlas basieren auf Daten, die bereits ein halbes Jahrhundert alt sind. Das mag ein kleiner Wermutstropfen sein, aber Dialekt-Interessierte werden dennoch ihre Freude am Atlas haben. «Unsere Gesellschaft war kaum je zuvor so multikulturell. Vielleicht erhält deshalb die Sprachlandschaft als geistige Heimat heute eine so ungemein emotionale Bedeutung», erklärt die Germanistin und Mitherausgeberin Helen Christen.

Vergangene Welten

Einige Karten zeigen auch Bezeichnungen einer vergangenen Lebenswelt. So zum Beispiel die Karte «Kiltgang». Damit bezeichnete man den «abendlichen Besuch eines Burschen bei einem Mädchen». Das war nicht einfach ein beliebiger Abendspaziergang, sondern die «fest vorgeschriebene, brauchmässige Form zur Einleitung der Ehe». Im Dialekt hiess der Kiltgang in der westlichen Deutschschweiz «z Chilt gaa» (Chilt ist ein altes Wort für Nacht, Dunkelheit), um Zürich «z Liecht gaa», im Wallis geht man «uf Karess», und in St. Gallen und im Appenzell gehen die Männer «uf d Wiibi».

Die Karten sind im Sprachatlas in zwei Gruppen aufgeteilt: Karten, die unterschiedliche Wörter für den gleichen Gegenstand zeigen, und Karten, die das gleiche Wort in seiner regional unterschiedlichen Aussprache abbilden. Wortschatzkarten sind die beiden hier abgebildeten Karten für den Kuss und den Flachkuchen.

Dass der Wortschatz der am wenigsten stabile Teil einer Sprache ist, diese Erfahrung hat wohl jeder schon selber gemacht. Da gibt es Ausdrücke, die man als Kind gebraucht hat, die heute völlig passé sind, während die Jugend neue Wörter für sich kreiert. Einige Wörter gehen also verloren, aber andere bleiben und behalten ihre Vielfalt. Das sind vor allem Ausdrücke, bei denen eine emotionale Komponente im Spiel ist. Beispielsweise beim Schluckauf: Gluggsi, Hitzgi, Higger, oder beim Holzsplitter in der Haut, der Schine, Schprisse, Spiisse oder Schüpfe heissen kann.

Viele Wörter entziehen sich der Darstellung auf einer Karte, weil es zu viele Ausdrücke für sie gibt. Die Herausgeber liefern einige Beispiele in Listenform: Für die Tätigkeit des Purzelbaumschlagens gibt es über 130 verschiedene Ausdrücke, die Sommersprossen bringen es auf immerhin 42.

Der Wortschatz wird auch durch die Umwelt ständig erweitert. So eroberte die Kartoffel erst Ende des 18. Jahrhunderts die Speisezettel, und das Sofa, beziehungsweise Canapé, fand seinen Platz in den bürgerlichen Stuben erst im 19. Jahrhundert. Immerhin haben es diese Wörter noch geschafft, in verschiedenen Formen aufzutreten. «Heute sind neue Wörter überall in der Schweiz gleich; oft sind es Ausdrücke aus dem Hochdeutschen, zum Beispiel die <Fernsehübertragung>», sagt Christen, «diese neuen Ausdrücke werden dann nur je nach Dialekt eingefärbt.»

Oobe, Aabe, Oobig, Aabun

Und damit wären wir bei der zweiten Kartengruppe, die das gleiche Wort in verschiedener Aussprache zeigt. Die regional gefärbten Laute sind wesentlich beständiger als der Wortschatz. Sie verändern sich nur über lange Zeiträume hinweg. Ein Beispiel für die Lautveränderung ist die Karte zum Wort Abend: Oobe, Obe, Aabe, Oobig, Aabig, Oobet, Aabet, Oubet, Aabut, Aabun. Etwas komplizierter sind die Konjugationen von Verben und die Deklinationen von Substantiven. So kennt der Walliser drei Mehrzahlformen: «wier mache, iir machet, schi machunt». Andere Dialekte besitzen nur noch eine oder zwei Mehrzahlendungen. Diese Laute und Formen, oft winzige Unterschiede, färben den Dialekt und machen ihn – unabhängig vom Wortschatz – sofort erkennbar.

Die Kartierung der Dialektgrenzen hat gezeigt, dass es «die» Grenze nicht gibt, sondern eine Vielzahl davon. Dennoch haben sich Nord-Süd- und Ost-West-Gegensätze herausgeschält. Besonders die Nord-Süd-Grenze staffelt sich aber breit vom Mittelland bis ins Wallis. Sie wird mit alemannischen Besiedlungsschüben in Zusammenhang gebracht. Die West-Ost-Grenze hingegen ist eine alte Kulturgrenze, die mehr mit politisch-konfessionellen Unterschieden zu tun hat. Je nach dem, auf welcher Seite man wohnt, spielt man mit unterschiedlichen Jasskarten und hält Braunvieh statt Fleckvieh.

«Ob wir den Dialekt verlieren werden? Nein!», ist Helen Christen überzeugt. «Das glaubte man schon vor 200 Jahren und hat deshalb das Idiotikon ins Leben gerufen.» Heute wird der Dialekt von allen gesellschaftlichen Schichten gesprochen. «Der Dialekt ist bei uns kein Makel, im Gegenteil, man ist stolz, diese oder jene Mundart zu sprechen.»

Quelle:

http://www.nzz.ch/aktuell/startseite/chuss-muentschi-oder-schmutz-1.7604718

Quiz:

http://www.testedich.de/quiz32/quiz/1381869527/Schweizerdialetk

http://www.testedich.de/quiz31/quiz/1364649396/Kannst-du-Schweizerdeutsch

http://www.testedich.de/quiz29/quiz/1305244551/Schwizerduetsch

http://www.testedich.de/quiz29/quiz/1314484420/Schwiizerdiitsch

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