La Europa de las Lenguas

La condición humana

Nuestro planeta está habitado por más de siete mil millones de habitantes que a su vez hablan entre 6000 y 7000 lenguas distintas. Algunas de estas lenguas, como el inglés o el chino, son habladas por millones de personas, mientras que otras solo son utilizadas por unos miles o tan solo unos pocos hablantes. De hecho, el 96% de las lenguas en el mundo son habladas por solo el 4% de la población. Los europeos a menudo creen que su continente cuenta con un número excepcional de lenguas, especialmente comparado con Norteamérica o Australia. Sin embargo, únicamente el 3% del total – 225 lenguas – son indígenas europeas. La mayor parte de las lenguas del mundo se hablan en una zona amplia a ambos lados del Ecuador – en el sureste de Asia, India, África y Sudamérica.
Aunque muchos europeos creen que ser monolingüe es la norma, la realidad es que entre la mitad y dos tercios de la población mundial son de algún modo bilingües, mientras que un número significativo es plurilingüe. El plurilingüismo podría considerarse como una condición más natural que el monolingüismo para el ser humano.
La diversidad de lenguas y culturas, como la biodiversidad, es considerada cada vez más como algo positivo y hermoso. Cada idioma tiene su propia manera de ver el mundo y es producto de su propia historia, todas las lenguas tienen su identidad individual y su valor y todas son igualmente adecuadas como modos de expresión para las personas que las utilizan.  Los datos relativos a la velocidad a la que los niños aprenden a hablar muestran que no hay una lengua que sea intrínsecamente más difícil que otra.

La estructura del lenguaje

El lenguaje es un sistema arbitrario de sonidos y símbolos utilizado con fines diferentes por un grupo de personas con la intención de comunicarse, expresar una identidad cultural, crear relaciones sociales y ofrecer una fuente de disfrute (por ejemplo, en literatura). Las lenguas se diferencian entre ellas por sus sonidos, su gramática, vocabulario y forma del discurso. Sin embargo, las lenguas son entes complejos y sus sonidos vocales y consonantes pueden variar de menos de una docena a más de cien. Las lenguas europeas tienden a rondar entre los 25 sonidos (como el español) a más de 60 (por ejemplo, el irlandés). Los alfabetos reflejan los sonidos con diferente exactitud: algunos alfabetos (p. ej. el galés) son muy regulares a la hora de simbolizar los sonidos. Otros (p.ej. el inglés) son muy irregulares.  En lo que se refiere a la gramática, cada idioma incluye miles de reglas de formación de palabras y construcción de oraciones. Cada lengua tiene un enorme vocabulario para cubrir las necesidades de sus usuarios – en el caso de las lenguas europeas, donde el vocabulario científico y técnico es muy amplio,  el número de palabras y frases supera las 50.000. Las palabras que conocen pero no utilizan – su vocabulario pasivo – es mayor. Las lenguas vivas y las culturas cambian constantemente y las personas se influyen mutuamente en cuanto a su manera de hablar y escribir. Los nuevos medios de comunicación tales como Internet ofrecen nuevas oportunidades de crecimiento. Las lenguas están en contacto constante y se afectan de diversas maneras, especialmente mediante la adopción de extranjerismos. El inglés, por ejemplo, ha adoptado palabras de más de 350 lenguas y todas las lenguas europeas en la actualidad emplean palabras procedentes del inglés.

Adquisición del lenguaje

La tarea de aprender una lengua materna se lleva a cabo durante los primeros cinco años de vida, aunque ciertas características del lenguaje (tal y como la adquisición de vocabulario) se aprenden durante toda la vida. El lenguaje se desarrolla en diferentes etapas. Durante su primer año de vida, el bebé comienza a producir una serie de sonidos de los cuales emergen el ritmo, la entonación y por último las vocales y las consonantes. Las primeras palabras compresibles llegan aproximadamente en el primer año de vida; durante el segundo año aparecen las combinaciones de dos palabras, y poco a poco el niño empieza a enunciar frases de tres o cuatro palabras. Los niños de tres y cuatro años utilizan frases cada vez más complejas y largas. De hecho, el vocabulario crece de las 50 palabras activas a los 18 meses a varios miles de palabras a la edad de cinco años. La lengua materna se describe normalmente como la primera lengua que un individuo aprende o su lengua primaria y se trata de la lengua que mejor conocemos, la que más utilizamos o la lengua con la que más nos sentimos identificados. Algunas personas bilingües han aprendido dos lenguas de manera tan cercana que les resulta imposible elegir entre ellas en términos de “primera” o “segunda” lengua. Sin embargo, para la mayoría de las personas bilingües la distinción es más clara ya que el aprendizaje de la segunda y de la tercera lengua tiene lugar en el colegio o más adelante. No existe un límite de edad más allá del cual sea imposible aprender otra lengua. El bilingüismo es un fenómeno complejo. Un mito común es la creencia de que las habilidades lingüísticas de una persona bilingüe están igualmente desarrolladas en ambas lenguas. Otra creencia es que todas las personas bilingües cuentan con las mismas habilidades. Lo cierto es que las personas bilingües presentan muchos tipos de bilingüismo. Por ejemplo, algunos suenan como hablantes nativos en ambas lenguas; otros tienen un marcado acento extranjero en una de ellas. Algunos pueden leer bien en ambas lenguas; otros pueden hacerlo solo en una. Algunos prefieren escribir en una lengua pero solo son capaces de hablar en la otra. El bilingüismo puede aumentar la posibilidad de aprender otras lenguas con éxito; aprender un tercer idioma es más fácil cuando ya se ha aprendido un segundo. Según los estudios, la capacidad de progreso de las personas bilingües podría ser más rápida que la de las personas monolingües en ciertas áreas de desarrollo cognitivo temprano y sus habilidades lingüísticas son más creativas en muchos aspectos. Los bilingües cuentan con la gran ventaja de ser capaces de comunicarse con una gran variedad de personas. Debido a que están expuestos a dos o más culturas de manera muy cercana, su habilidad puede ayudarles a ser más sensibles a la hora de comunicarse y a desear superar las barreras culturales, así como a construir puentes entre personas de diferentes orígenes.  Pero también existen motivos prácticos: las personas bilingües cuentan con una potencial ventaja económica ya que tendrán acceso a un mayor número de empleos. Además las compañías  multilingües tienen cada vez más ventaja competitiva con respecto a las monolingües en el mercado.

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http://edl.ecml.at/Home/Thecelebrationoflinguisticdiversity/tabid/2972/language/es-ES/Default.aspx

Hacia la era políglota

Si alguien te dijera “flisni me mua”, ¿sabrías decir lo que significa o de qué lengua se trata? Cerca de 225 lenguas componen la rica herencia lingüística de Europa, algo que deberíamos celebrar. Sin embargo, cabe preguntarse hasta qué punto los europeos somos capaces de aprender las lenguas de nuestros países vecinos (y no tan vecinos). Aunque muchos europeos creen que ser monolingüe es la norma, la realidad es que entre la mitad y dos tercios de la población mundial son de algún modo bilingüe, mientras que un número significativo es “plurilingüe”, es decir, competentes en varias lenguas (las entienden y /o escriben y/o hablan…)

El plurilingüismo podría considerarse como una condición más natural que el monolingüismo para el ser humano. Hay millones de personas que creen que no saben ningún otro idioma a parte de su lengua materna y sin embargo, muchos cuentan con cierto nivel de comprensión en otro idioma. No obstante, las oportunidades de aprender otro idioma son hoy mayores que nunca. Para destacar la importancia del aprendizaje de lenguas, el Consejo de Europa declaró el Día Europeo de las Lenguas (DEL), celebrado el 26 de Septiembre de cada año. La idea tras el DEL es la de promover el “plurilingüismo”, un concepto que no nos es nuevo ni tampoco desconocido.  De hecho, se trata de una realidad diaria para africanos y asiáticos y es la norma en algunas partes de Europa, concretamente en Benelux, Escandinavia y en los países mediterráneos. Lo cual no significa que debamos forzosamente aspirar a un “nivel nativo” en otra lengua. El objetivo es ser capaces de comunicarnos y ser entendidos dependiendo de nuestras necesidades. La expansión internacional del inglés parece irresistible y las encuestas muestran que adquirir cierto nivel de competencia en inglés podría ser una prioridad para la mayor parte de los estudiantes de idiomas (uno de cada tres declara que puede mantener una conversación, según el Eurobarómetro).

Sin embargo, una vez logrado el objetivo del inglés, no hay razón para dejar de aprender otras lenguas. Existen muchos otros idiomas que constituyen valiosas herramientas para aprovechar al máximo cada experiencia de la vida, ya sea un empleo o un viaje. Una de las ironías del mundo globalizado es que, con cada vez más personas alcanzando un buen nivel de competencia en la “lingua franca”, el valor del inglés podría declinar. Pronto, lo que marcará la diferencia será la habilidad para hablar idiomas adicionales. En el mundo laboral y en el entorno académico, los nativos de lengua inglesa tendrán que competir con candidatos que además de hablar su lengua materna, también hablarán inglés y, cada vez más, contarán con un nivel significativo de un tercer o cuarto idioma. La competencia lingüística no supone solo beneficios económicos sino que además nos impulsa a ser más abiertos a otros, a sus culturas y actitudes, nos permite operar diferentes sistemas de representación estimulando así nuestra flexibilidad mental y desarrollar una perspectiva distinta.
No hay que subestimar la oportunidad que nos brinda aprender una lengua en lo que se refiere a comprender mejor a las personas, la cultura y la tradición de otros países. Aquellos que son capaces de comunicarse con personas de otras culturas son, con frecuencia, más tolerantes. No hay que olvidar además que ser monolingüe significa depender de la competencia lingüística y de la buena voluntad de otros. Aprender otra lengua es mucho más que adquirir una destreza; refleja una actitud de respeto por la identidad y la cultura de los demás, así como tolerancia hacia la diversidad.

El Consejo de Europa ideó un programa que nos permite evaluar nuestro nivel de competencia en una lengua extranjera. El Portfolio Europeo de las Lenguas busca motivar a los estudiantes de lenguas mediante el reconocimiento de sus esfuerzos a la hora de ampliar y diversificar sus conocimientos lingüísticos a todos los niveles. El Portfolio es un registro de las destrezas adquiridas que puede ser consultado, por ejemplo, para acceder a un nivel más alto de aprendizaje o al buscar trabajo en el propio país o en el extranjero.  Por medio de un cuadro de autoevaluación, los estudiantes pueden evaluar sus habilidades – comprender, leer, hablar y escribir – y calificarlas según los seis niveles europeos. Estos estándares han sido adoptados por los organismos de certificación más importantes de Europa, por muchos Estados miembros y por la Unión Europea, en concreto como parte de su esquema Europass, un sistema diseñado para hacer que las habilidades sean más transparentes y comparables entre los Estados miembros. Uno de los objetivos primordiales del Día Europeo de las Lenguas es reafirmar la idea de que el aprendizaje de lenguas es un proceso de formación permanente. Muchos adultos creen que, habiendo perdido (o desaprovechado) la oportunidad de adquirir una nueva lengua durante sus años de educación formal, es demasiado tarde para  reanudar el proceso. Pero no lo es. En toda Europa existen clases, programas y técnicas (desde libros a CD-ROMs) para mejorar las destrezas / competencias lingüísticas.  Lo que a menudo falta es la motivación para superar el “factor miedo a las lenguas”. Muchas personas desarrollan sus competencias lingüísticas tras dejar la escuela o la universidad, lo que no es sorprendente si tenemos en cuenta que el aprendizaje de lenguas en la escuela con frecuencia se convierte en una obligación en lugar de una oportunidad. Es solo cuando comenzamos a explorar el mundo exterior, ya sea por motivos laborales o lúdicos, que nos damos cuenta del valor de otros idiomas.
Y recuerda que cada lengua que se aprende resulta progresivamente más fácil. Por tanto,  una vez superada la dificultad inicial, no lo dudes, si te apetece probar el húngaro o el cantonés, ¡ponte manos a la obra!

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http://edl.ecml.at/Home/Movingintothepolyglotage/tabid/2970/language/es-ES/Default.aspx

Las lenguas de Europa

Es difícil decir cuántas lenguas se hablan en el mundo. Aunque esta afirmación es cierta, no deja de sorprender a aquellos que no se dedican a la Lingüística.  En Europa esta situación no es ajena.

En el continente europeo hay lenguas que casi se habían dejado de hablar y que en los últimos tiempos han vuelto a utilizarse (por ejemplo el tártaro de Crimea, hablado por un pueblo que sufrió la deportación). Lenguas que llegan con las personas que las utilizan (como actualmente el chino). Lenguas que, por voluntad de las sociedades que las convierten en un elemento de identificación y cohesión social, nacen a partir de otras que ya existían (por ejemplo el luxemburgués, que originariamente era una variante local del alemán), y lenguas que parecen resucitar (por ejemplo el córnico). También existen, lamentablemente, lenguas que lentamente desaparecen, como el aragonés. Si se consideran todos estos elementos, se concluye que es difícil decir cuantas lenguas se hablan en Europa.

De todas formas, se puede considerar que el número de lenguas habladas en el continente europeo, desde el océano Atlántico a la cordillera de los Urales (sin tener en cuenta el Cáucaso), llega a setenta, sin contar las distintas lenguas de signos de las diversas comunidades de personas sordas ni de todas las lenguas que utilizan cotidianamente los nuevos europeos llegados de todas partes del mundo.

La mayoría de estas setenta lenguas pertenece a la familia indoeuropea, lo que significa que tienen un origen común y que, por lo tanto, se asemejan, aunque estas similitudes – por ejemplo, entre el italiano y el sueco – con frecuencia pueden ser detectadas solamente por los especialistas y no son nada evidentes a simple vista. También hay en Europa lenguas de las familias urálica (por ejemplo el finlandés, el estonio, el saami  o el húngaro) y altaica (por ejemplo el turco o el tártaro), una lengua de la familia afroasiática, el maltés, emparentado con el árabe y una lengua sin familia conocida, el vasco.

En Europa son indoeuropeas las lenguas bálticas (el letón o el lituano), las célticas (el gaélico irlandés, el galés o el bretón), las eslavas (el ruso, el polaco o el macedónico), las germánicas (el inglés, el alemán, el frisón o el islandés) y las románicas (el catalán, el rumano, el castellano o el occitano), y también el griego, el albanés y el romaní, la lengua indo-irania que hablan tantos gitanos europeos.

A lo largo de la historia, las lenguas europeas han prestado palabras las unas a las otras – y también de lenguas de otros continentes – en una interrelación fecunda.  Por ejemplo, el turco ha dado a un gran número de lenguas europeas palabras como haviar (caviar) y yoghurt (yogurt).  La palabra sauna, existente en muchas lenguas, proviene del finlandés.

El desafío principal que las sociedades europeas han de afrontar hoy en día es el de continuar manteniendo la diversidad lingüística que, sin contradicción con una notable unidad cultural, siempre han desarrollado, junto con las lenguas de la inmigración de tanta importancia actual. Esto significa encontrar fórmulas de comunicación supranacional que no favorezcan la hegemonía de ninguna lengua y también dar vida a todas las lenguas del continente que, por razones económicas o políticas, se encuentran en una situación de debilidad que amenaza su supervivencia.

Fuente:

http://www10.gencat.cat/casa_llengues/AppJava/es/diversitat/diversitat/llengues_europa.jsp

Mapa interactivo:

http://recursos.cnice.mec.es/latingriego/Palladium/cclasica/esc421dt01.htm

Las lenguas y sus dialectos

En el tema lingüístico, como en otros tantos ámbitos, no todos los puntos de vista coinciden. Uno de los mayores problemas surge al tener que dictaminar si un determinado idioma es lengua propia o dialecto. Es posible que la pregunta que se deba realizar no sea el cómo, sino a quién corresponde tomar una decisión al respecto. En tal caso, hagámonos la pregunta: ¿a quién compete decidir cuáles son las lenguas propias de Europa?

En nuestra opinión, la comunidad lingüística está perfectamente legitimada para reivindicar una lengua como propia, por lo que, en la medida de lo posible, será el criterio comunitario el que determine este aspecto. Una vez aclarado dicho punto, habrá que ver si se dispone de la capacidad suficiente para llegar a todos los rincones y si se satisfacen los deseos de todas las comunidades. En tal sentido, es posible que la información que facilitamos esté incompleta.

En cualquier caso, y tal como anteriormente hemos señalado, no todas las posturas se muestran de acuerdo respecto a este tema; muchas veces, lo que para unos es dialecto, otros consideran lengua propia, y viceversa. Por tal motivo, es posible que la clasificación realizada por los expertos Kloss y McConnell (1984), en la que dividen las lenguas en dos grupos (lenguas aceptadas y lenguas discutidas), nos resulte esclarecedora. Dentro del primer grupo podríamos incluir, por ejemplo (lo indicado entre paréntesis es la segunda opción), el alsaciano (variante del alemán), el asturiano (variante del castellano), el friulano (variante del romanche), el gallego (variante del portugués), el careliano (variante del finlandés), el corso (variante del italiano), el occitano (variante del francés), el sardo (variante del italiano), el cimbrio (variante del alemán), el gagauzo (variante del turco), el istro-rumano (variante del rumano) y el kashubo (variante de polaco).

Mención especial merece, por otra parte, el caso del occitano, ya que para algunos autores el francoprovenzal, el occitano y el gascón -éste último considerado dialecto del aranés- son lenguas propias (Price 2000), y en opinión de otros, en cambio, variables del occitano (Comrie, Matthews, Polinsky 2003).

Las lenguas minoritarias

¿Cuáles son las lenguas minoritarias? En términos generales, podríamos decir que son lenguas minoritarias aquéllas que no reciben ninguna protección por parte de los Estados, o que, de recibirla, lo hacen en condiciones de auténtica precariedad. En otras palabras, se trata de las lenguas que no tienen la consideración de oficiales porque el Estado atribuye dicho título a otro idioma.

En ocasiones, aun cuando el Estado haya otorgado a una lengua el status oficial, es posible que en la práctica se encuentre totalmente desatendida como consecuencia de haber condicionado su uso y desarrollo en exceso con respecto a otra lengua. También las incluiremos entre las minoritarias.

En otros casos, es posible que un idioma declarado oficial y cuya práctica se encuentre protegida tenga todavía la condición de lengua minoritaria, bien por ser reciente la adquisición de tal status, bien porque previamente haya estado discriminada, bien porque todavía no ha llegado a alcanzar la situación propia de una lengua normalizada.

Existe, además, otro tipo de lengua minoritaria: es el supuesto de aquellas lenguas cuya oficialidad se extiende sólo a una parte del Estado. En tales casos, es posible que el idioma en cuestión se encuentre marginado en las zonas en las que se emplea otra lengua y donde tendría la condición de lengua minorizada. Este hecho se repite en múltiples países de Europa: por ejemplo, con el alemán en Dinamarca e Italia, con el danés en Alemania, con el eslovaco en Italia y Austria, con el estonio en Finlandia, con el griego y el francés en Italia, con el húngaro en Austria y con el sueco en Finlandia. En el presente trabajo dejaremos estas circunstancias lingüísticas de lado.

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http://www.euskonews.com/0243zbk/gaia24303es.html

Sesenta lenguas minoritarias europeas luchan por sobrevivir

Más allá de las 23 lenguas que la UE reconoce como oficiales, hay 46 millones de europeos, cerca del 10 por ciento, que hablan 60 lenguas consideradas «minoritarias o regionales». Algunas de estas lenguas gozan de un nulo reconocimiento por los propios Estados-nación. Sólo 9 Estados de la Unión consideran cooficial una o más lenguas distintas a la nacional: Italia, España, Finlandia, Bélgica, Reino Unido, Irlanda, Luxemburgo o Malta. Si bien es cierto, en Bélgica más que cooficialidad lo que existe es una división político-lingüística que puede acabar con la división real de Bélgica en dos países.

Francia, Bulgaria, Grecia y Polonia son los Estados más restrictivos con el multilingüismo y no aceptan la oficialidad de ninguna de las lenguas minoritarias que se hablan en sus territorios estatales. La Unesco cifra en 30 las lenguas minoritarias europeas que corren serio peligro de quedar extinguidas en no muchos años. Algunas de ellas ya están en estado vegetativo. Como el romaní, lengua del pueblo gitano que sufre la misma estigmatización que la etnia gitana. Sólo en Finlandia es oficial el habla del pueblo gitano.

Esta misma situación de agonía vive el yidis que hablan las comunidades judías de Centroeuropa. El extermino de los nazis contra los judíos acabó también con la lengua de los judíos centroeuropeos. El lombardo, lengua minoritaria de la región italiana de Lombardía, también agoniza ante la total desprotección del Estado italiano. Además de España, en otros tres Estados de la UE está reconocido el multilingüismo. El inglés comparte oficialidad con el gaélico en Irlanda y con el maltés en Malta; Luxemburgo reconoce tres idiomas oficiales, luxemburgués, francés y alemán; y en Finlandia los finlandeses se pueden dirigir a sus instituciones nacionales en finés, finlandés o sueco.

Sólo 6 lenguas minoritarias superan el millón de hablantes, siendo la más hablada el catalán. Más de 7 millones de personas se comunican en catalán en España, Francia o en la pequeña ciudad de Alghero situada en la isla italiana de Cerdeña. La UE considera al catalán como «lengua de comunicación» y cualquier ciudadano puede dirigirse y ser respondido en catalán por las instituciones comunitarias, pero no todas las lenguas regionales gozan de la misma fortuna. Cataluña es la única región de la UE que cuenta con una Oficina de Información del Parlamento Europeo que difunde contenidos informativos europarlamentarios exclusivamente en catalán.

El gallego es usado por casi 2,5 millones de europeos. El occitano, lengua de los trovadores medievales, lo practican a diario más de dos millones de personas entre España, Italia o Francia. El gaélico, herramienta de entendimiento de 500.000 europeos es la lengua oficial de Irlanda y Escocia aunque no son lenguas mayoritarias en sus territorios. El sardo, lengua romance autóctona de la región italiana de Cerdeña, lo utilizan más de 1.300.000 de europeos. En Italia también se habla el siciliano, lengua de la isla de Sicilia descendiente del latín vulgar y con influencias del griego, árabe, francés, provenzal, catalán y español. El siciliano no es oficial ni está protegido y su cada vez más reducido uso se concentra en los sicilianos de mayor edad.

Existen lenguas minoritarias con más hablantes que algunas lenguas nacionales y oficiales de la UE. El caso maltés, una de las 23 lenguas oficiales en la UE, es paradigmático al ser sólo hablado por 400.000 personas. El euskera, en España; el galés, en Reino Unido; el bretón, franco-provenzal o el corso, en Francia; el frisón, en Países Bajos; el mirandés, en Portugal; o el albanés, armenio, macedonio, tártaro o ruteno, en Rumanía, son también lenguas europeas que perviven en Europa con mayor o menor protección.

España es un Estado ejemplar para los defensores del multilingüismo, aunque existen lenguas o dialectos en España que no disfrutan de ninguna protección oficial y están en riesgo de desaparición. Como le ocurre al asturiano, aragonés o la fala extremeña, lengua galaico-portuguesa hablada en los pueblos de San Martín de Trevejo, Eljas y Valverde del Fresno, en el extremo noroeste de Extremadura.

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http://www.euroxpress.es/index.php/noticias/2012/10/1/sesenta-lenguas-minoritarias-europeas-luchan-por-sobrevivir/

El multilingüismo, seña de identidad de la Unión Europea

A cualquier persona que haya conocido el continente europeo en los últimos veinte años no le cabrá duda de que la realidad lingüística de Europa está cambiando. En 1987, un tercio de los ciudadanos encuestados pertenecientes a la CEE declaraba poder comunicarse en una lengua extranjera; en 2000 afirmaba poder hacerlo el 53%, cifra que en 2005 había ascendido al 56% y que con toda probabilidad continuará haciéndolo en años venideros.16

Frente a lo que vivieron las generaciones anteriores, la práctica totalidad de los jóvenes de la UE tiene acceso al aprendizaje de lenguas en la escuela sin necesidad de pertenecer a la élite socioeconómica de sus países. La mayoría de ellos no solo está estudiando idiomas en mucha mayor proporción que sus padres, sino que tiene acceso a un mayor número de lenguas, lo está haciendo desde una edad mucho más temprana y además de manera más efectiva.

Este cambio no solo en las habilidades lingüísticas de los europeos sino en la concienciación por parte de los gobiernos de la importancia de las lenguas en la preparación de sus ciudadanos no podría haberse llevado a cabo sin la profunda convicción, presente desde la fundación misma de la UE, de las ventajas del multilingüismo. Es necesario precisar que se habla de multilingüismo, en el contexto europeo, con dos significados: por un lado, en referencia a la coexistencia de varias comunidades lingüísticas en un mismo territorio y, por otro, a la capacidad de las personas para utilizar varios idiomas. Este último es al que nos referiremos en adelante.

El multilingüismo, reflejo del lema europeo de la «Unidad en la diversidad», se ha convertido en una verdadera seña de identidad de la Unión Europea y aspira a serlo también de sus ciudadanos. Como afirmaba Leonard Orban, primer comisario en incorporar el multilingüismo a su cartera, «es un fenómeno que se encuentra en el código genético de la UE»17. La opción multilingüe ha supuesto un reto para los responsables europeos, quienes han sabido ver más allá de su dificultad y complejidad las considerables ventajas que conlleva para el proyecto europeo y para sus habitantes en aspectos tales como la preservación de la diversidad cultural, el enriquecimiento personal, la integración y la tolerancia, la proyección internacional, el acceso a la información, las relaciones paneuropeas, el aprovechamiento de las oportunidades del mercado único o la competitividad laboral.

La promoción del aprendizaje de lenguas entre los habitantes de los países miembros ha revestido particular dificultad debido a que la competencia tanto en la organización de los sistemas educativos como en el diseño de los planes de estudio recae en los estados. Por este motivo, tal y como ha expuesto Jean Monnet (2010), la labor de la UE ha debido reducirse a «contribuir, fomentar la cooperación, apoyar y completar lo que hagan los Estados miembros»18. Regidos por el principio de subsidiariedad, ha sido cada país quien ha emprendido los cambios necesarios según sus circunstancias para adaptarse a las políticas europeas. Hasta llegar a este punto, la UE ha debido recorrer un largo camino en el que ha ido definiendo los puntos principales de su política lingüística, persuadiendo a los países miembros de la importancia de las lenguas y creando un marco legal alrededor del cual articular las reformas. Solo después de una andadura de décadas ha conseguido, en los últimos diez años, el compromiso formal por parte de los gobiernos de los 27 países de la UE de adecuar sus estructuras educativas a sus recomendaciones e iniciar las reformas que tienen lugar hoy en día en cada uno de los estados.

Preguntas sobre el multilingúismo en la UE

¿Cuáles son las lenguas oficiales de la UE?

Las 24 lenguas oficiales de las instituciones de la Unión Europea son: búlgaro, croata, español, checo, danés, alemán, estonio, griego, inglés, francés, irlandés, italiano, letón, lituano, húngaro, maltés, neerlandés, polaco, portugués, rumano, eslovaco, esloveno, finés y sueco.

¿Quién decide cuáles son las lenguas oficiales de la UE?

El Consejo de la Unión Europea, donde todos los Estados miembros de la UE están representados, lo decide por unanimidad. Antes de su adhesión a la UE, cada futuro Estado miembro decide cuál va a ser la lengua oficial que va a utilizar en la UE. Cualquier cambio posterior —añadir una nueva lengua oficial o suprimir una existente— deberá ser aprobado por unanimidad de todos los Estados miembros en el Consejo.

¿Qué ocurre con las lenguas regionales habladas en los Estados miembros?

El Consejo de la UE, es decir todos los Estados miembros, ha decidido que las instituciones de la UE puedan utilizar también lenguas reconocidas por la constitución de un Estado miembro, aun cuando no sean lenguas oficiales de la UE. Las instituciones de la UE tienen un acuerdo con el Gobierno español sobre la utilización del vasco, el catalán y el gallego en los documentos. Existe un acuerdo similar sobre el uso del galés y el gaélico escocés con el Gobierno británico. En ambos casos, las traducciones las proporciona el Gobierno del Estado miembro de que se trate, en el momento en que se necesiten, y corren a su cargo.

La interpretación desde (pero no hacia) el vasco, el catalán/valenciano/balear y el gallego se facilitará, previa solicitud, para determinadas formaciones del Consejo con los representantes regionales, así como en las reuniones plenarias del Comité de las Regiones y el Comité Económico y Social Europeo. En las reuniones de la Comisión no está previsto el uso de lenguas españolas. El coste de esta interpretación correrá a cargo del Estado miembro de que se trate. Las autoridades galesas y escocesas tienen un acuerdo similar.

¿Por qué promueve la Comisión Europea el multilingüismo?

Porque quiere: 1) promover el diálogo intercultural y una sociedad más integradora; 2) ayudar a los ciudadanos de los 28 Estados miembros a desarrollar un sentido de la ciudadanía de la UE; 3) dar oportunidades a la gente joven para que estudie y trabaje en el extranjero y 4) abrir nuevos mercados a las empresas de la UE para que compitan a nivel mundial.

En pocas palabras, ¿cuál es el objetivo de las políticas lingüísticas de la UE?

La finalidad de las políticas lingüísticas de la UE es proteger la diversidad lingüística y fomentar el conocimiento de lenguas por razones de identidad cultural e integración social y porque los ciudadanos multilingües se encuentran en mejor situación para aprovechar las oportunidades educativas y laborales en el mercado único.

El objetivo es una Europa en la que todo el mundo, desde una edad muy temprana, aprenda al menos dos lenguas, además de la materna. El objetivo «lengua materna +2» fue establecido por los Jefes de Estado o de Gobierno de la UE en la Cumbre de Barcelona, celebrada en marzo de 2002.

¿Cuál es el coste del multilingüismo en las instituciones europeas?

El coste total de la traducción y la interpretación en todas las instituciones de la UE (la Comisión Europea, el Parlamento Europeo, el Consejo, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, el Tribunal de Cuentas Europeo, el Comité Económico y Social Europeo y el Comité de las Regiones) es de unos mil millones de euros al año. Esto representa menos del 1 % del presupuesto de la UE, poco más de dos euros por ciudadano. La Comisión Europea tiene unos 3 000 traductores e intérpretes.

¿Protege la legislación de la UE el uso de lenguas?

La legislación de la UE protege los derechos y las obligaciones de la UE en lo que respecta a las lenguas. Por ejemplo, el Tratado de la Unión Europea (artículo 3) y la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (artículos 21 y 22) prohíben la discriminación por motivos de idioma y declaran que la Unión deberá respetar la diversidad lingüística.

El primer Reglamento comunitario, aprobado en 1958, exige a las instituciones comunitarias que traduzcan la legislación a todas las lenguas oficiales de la UE y que respondan a las preguntas de los ciudadanos en la misma lengua en que esté redactada la pregunta (artículo 2, y artículos 20 y 24 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea).

¿Tiene previsto la UE reducir el número de lenguas oficiales?

No, porque el sistema actual se aplica en interés de la democracia y de la transparencia. Ningún Estado miembro está dispuesto a renunciar a su propia lengua y los países candidatos quieren añadir la suya a la lista de lenguas oficiales.

¿Sería la solución una lengua para todos?

En ocasiones se sugiere que la UE debería adoptar una lengua única, paneuropea, como el latín o el esperanto. Sin embargo, puesto que casi todo el mundo debería aprender una u otra lengua a partir de cero, esta solución también sería difícil y no demasiado útil en las relaciones con el resto del mundo. Formar a los profesores y enseñar una nueva lengua a casi 500 millones de europeos exigiría mucho tiempo y recursos. La idea de que una única lengua podría ser la solución para todas las necesidades lingüísticas es excesivamente simplista. Por ello, el compromiso de la Comisión a favor del multilingüismo fomenta la diversidad más que la uniformidad.

¿Qué gano con aprender una lengua?

En tiempos de creciente desempleo, la capacidad de utilizar y comprender idiomas es un activo para el desarrollo personal, la empleabilidad y la competitividad de las empresas. Entender una lengua extranjera también contribuye a que las personas tengan acceso a las diferentes culturas y fomenta la comprensión mutua.

¿Por qué son las lenguas importantes para las empresas?

Porque es útil conocer la lengua de su cliente. En 2006, se llevó a cabo un estudio para la Comisión Europea a fin de evaluar el coste que supone para las empresas de la UE el hecho de no tener conocimientos de idiomas. Los resultados apuntan a que miles de empresas europeas desaprovechan oportunidades comerciales y pierden contratos cada año por carecer de conocimientos lingüísticos. En el estudio se ha estimado que el 11 % de las PYME exportadoras europeas (945 000 empresas) podrían estar perdiendo contratos por problemas de comunicación.

¿Qué piensan los europeos sobre el aprendizaje de lenguas?

Según una encuesta del Eurobarómetro realizada en 2012, casi nueve de cada diez europeos consideran que la capacidad de hablar idiomas es muy útil, y el 98 % de los encuestados afirma que el dominio de lenguas será beneficioso para el futuro de sus hijos. Los europeos son perfectamente conscientes de las ventajas del multilingüismo: el 72 % de estos está de acuerdo con el objetivo marcado, y el 77 % cree que debería ser una prioridad; el 53 % utiliza lenguas extranjeras en el trabajo, y el 45 % cree que tiene un mejor trabajo en su propio país gracias a sus competencias en lenguas extranjeras.

¿Cuál es el nivel de los europeos en la utilización de las lenguas?

El país de la UE más multilingüe es Luxemburgo, donde el 99 % de los ciudadanos domina al menos una lengua extranjera. Sin embargo, el número de los europeos que dicen que pueden comunicarse en una lengua extranjera ha disminuido levemente, pasando del 56 % al 54 %. Las pruebas efectuadas entre alumnos adolescentes en 14 países europeos demuestran que solamente el 42 % de ellos es competente en su primera lengua extranjera y solamente un 25 % en su segunda. Un número significativo —el 14 % en el caso de la primera lengua extranjera y el 20 % en el de la segunda— no alcanza siquiera el nivel de «usuario básico».

El porcentaje de alumnos que son competentes en su primera lengua extranjera oscila entre el 82 % de Malta y Suecia (donde el inglés es la primera lengua extranjera) y solamente un 14 % en Francia (para el inglés) y un 9 % en Inglaterra (para el francés). Internet ha animado a las personas a mejorar sus competencias «pasivas» de comprensión oral y lectura en lenguas extranjeras. El número de europeos que utiliza regularmente lenguas extranjeras en internet gracias a las redes sociales, por ejemplo, ha aumentado en diez puntos porcentuales, pasando del 26 % al 36 %.

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http://europaerestu.eu/preguntas-sobre-el-multilinguismo-en-la-ue/

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http://es.globalvoicesonline.org/2010/07/16/europa-concurso-de-video-sobre-multilinguismo/

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