Las bicicletas son para el verano

bicicletaFernando Fernán Gómez

Fernando Fernández Gómez (Lima, Perú, 28 de agosto de 1921 – Madrid, 21 de noviembre de 2007). Escritor, actor y director teatral y cinematográfico español. Fue miembro de la Real Academia Española desde el año 2000 hasta su fallecimiento.

Nace en la capital peruana ya que su madre, la actriz Carola Fernández Gómez, realiza una gira teatral con la compañía María Guerrero por Hispanoamérica, y a los pocos meses, su abuela lo traslada a Madrid, donde finaliza los estudios de bachillerato tras la guerra civil española, iniciando allí la carrera de Filosofía y Letras. Su creciente interés por el teatro le lleva a dejar sus estudios, comenzando su carrera de actor en 1938 en la compañía de Laura Pinillos. Allí conoce a Enrique Jardiel Poncela que le brinda un papel en una de sus obras. En 1943 es contratado por la productora CIFESA debutando con la película Cristina Guzmán, de Gonzalo Delgrás, iniciando así una prolífica carrera de actor de cine.

En su filmografía ha trabajado a las órdenes de los más destacados directores del cine español: Edgar Neville, Carlos Saura, Mario Camús, Víctor Erice, Ricardo Franco, Manuel Gutiérrez Aragón, Jaime de Armiñán, Gonzalo Suárez, Juan Antonio Bardem o Luis García Berlanga. Todas estas interpretaciones le hicieron aumentar su prestigio, consiguiendo el Oso de Plata del Festival de Berlín al mejor actor por su interpretación en El anacoreta y Stico.

A partir de la década de los cincuenta comienza a dirigir, realizando, entre el cine y televisión, numerosos títulos entre los que destacan Mi hija Hildegart (1977), Mambrú se fue a la guerra (1986), El viaje a ninguna parte (1986), adaptación de una de sus novelas y un gran éxito, que consigue el Goya al mejor director y mejor guionista, y en esa misma edición, logra el Goya al mejor actor por Mambrú se fue a la guerra.

Como autor teatral destaca su obra Las bicicletas son para el verano (1978), por la que obtuvo el Premio Nacional Lope de Vega y fue adaptada al cine por Jaime Chávarri en 1983. Otras de sus obras de teatro son: La coartada (1972), Los domingos, bacanal (1980) o El pícaro. Como novelista, destacan El viaje a ninguna parte (1986), El mar y el tiempo (1989), El vendedor de naranjas (1961), El mal amor (1987), entre otras. Sus memorias se titulan El tiempo amarillo (1990).

De sus últimos trabajos destacan El abuelo (1998) de José Luis Garci, Todo sobre mi madre (1999) de Pedro Almodóvar; Plenilunio (1999) de Imanol Uribe; La lengua de las mariposas (1999) de José Luis Cuerda; Visionarios (2001), de Gutiérrez Aragón o El embrujo de Shanghái (2002), con Fernando Trueba.

Su larga trayectoria profesional está jalonada de prestigiosos galardones, como el Premio Nacional de Teatro en 1985, el Premio Nacional de Cinematografía en 1989 o el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1995. En el 2000 recibió el Oso de Honor en el Festival Internacional de Cine de Berlín a toda su trayectoria, y en el 2001, la Medalla de Oro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España.

Fallece el 21 de noviembre de 2007 en Madrid a la edad de 86 años, recibiendo, a título póstumo, la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio otorgada por el Gobierno de España.

Fuente:

http://www.cervantes.es/bibliotecas_documentacion_espanol/creadores/fernan_gomez_fernando.htm

Vídeo:

Fernando Fernán Gómez – Las bicicletas son para el verano (1978)

LUIS.─ Mamá, yo, uno o dos días, al volver del trabajo, he ido a la cocina… Tenía tanta hambre que, en lo que tú ponías la mesa, me he comido una cucharada de lentejas… Pero una cucharada pequeña…
DON LUIS.─ ¡Ah!, ¿eras tú?
DOÑA DOLORES.─ ¿Por qué no lo habías dicho, Luis?
LUIS.─ Pero sólo uno o dos días, y una cucharada pequeña. No creí que se echara de menos.
DOÑA DOLORES.─ Tiene razón, Luis. Una sola cucharada no puede notarse. No puede ser eso.
DON LUIS.─ (A DOÑA DOLORES.) Y tú, al probar las lentejas, cuando las estás haciendo, ¿no te tomas otra cucharada?
DOÑA DOLORES.─ ¿Eso qué tiene que ver? Tú mismo lo has dicho: tengo que probarlas… Y lo hago con una cucharita de las de café.
DON LUIS.─ Claro, como ésas ya no sirven para nada…
(MANOLITA ha empezado a llorar.)
DOÑA DOLORES.─ ¿Qué te pasa, Manolita?
MANOLITA.─ (Entre sollozos.) Soy yo, soy yo. No le echéis la culpa a esa infeliz. Soy yo… Todos los días, antes de irme a comer… voy a la cocina y me como una o dos cucharadas… Sólo una o dos…, pero nunca creía que se notase. No lo hago por mí, os lo juro, no lo hago por mí, lo hago por este hijo. Tú lo sabes, mamá, estoy seca, estoy seca…
DOÑA DOLORES.─ (Ha ido junto a ella, la abraza.) ¡Hija, Manolita!
MANOLITA.─ Y el otro día, en el restorán donde comemos con los vales, le robé el pan al que comía a mi lado… Y era un compañero, un compañero… Menuda bronca se armó entre el camarero y él.
DOÑA DOLORES.─ ¡Hija mía, hija mía!
DON LUIS.─ (Dándose golpes en el pecho.) Mea culpa, mea culpa, mea culpa…
(Los demás le miran.)
DON LUIS.─ Como soy el ser más inteligente de esta casa, prerrogativa de mi sexo y de mi edad, hace tiempo comprendí que una cucharada de lentejas menos entre seis platos no podía perjudicar a nadie. Y que, recayendo sobre mí la mayor parte de las responsabilidades de este hogar, tenía perfecto derecho a esta sobrealimentación. Así, desde hace aproximadamente un mes, ya sea lo que haya en la cacerola lentejas, garbanzos mondos y lirondos, arroz con chirlas o agua con sospechas de bacalao, yo, con la disculpa de ir a hacer mis necesidades, me meto en la cocina, invisible y fugaz como Arsenio Lupin, y me tomo una cucharada.
DOÑA DOLORES.─ (Escandalizada.) Pero…, ¿no os dais cuenta de que tres cucharadas…?
DON LUIS.─ Y la tuya, cuatro.
DOÑA DOLORES.─ Que cuatro cucharadas…
DON LUIS.─ Y dos de Julio y su madre.
DOÑA DOLORES.─ ¿Julio y su madre?
DON LUIS.─ Claro; parecen tontos, pero el hambre aguza el ingenio. Contabiliza seis cucharadas. Y a veces, siete, porque Manolita se toma también la del niño.
DOÑA DOLORES.─ ¡Siete cucharadas! Pero si es todo lo que pongo en la tacilla… (Está a punto de llorar.) Todo lo que pongo. Si no dan más.
( MANOLITA sigue sollozando)
DON LUIS.─ No lloréis, por favor, no lloréis…
LUIS.─ Yo, papá, ya te digo, sólo…
MANOLITA.─ (Hablando al tiempo de Luis.) Por este hijo, ha sido por este hijo.
DON LUIS.─ (Sobreponiéndose a las voces de los otros.) Pero, ¿qué más da? Ya lo dice la radio: «no pasa nada». ¿Qué más da que lo comamos en la cocina o en la mesa? Nosotros somos los mismos, las cucharadas son las mismas…
MANOLITA.─ ¡Qué vergüenza, qué vergüenza!
DON LUIS.─ No, Manolita: qué hambre.

Fuente:

http://www.trampitan.es/textos-dramaticos/textos-breves-para-dos-o-mas-actores/las-bicicletas-son-para-el-verano-/

Los personajes de Las bicicletas… sufren la guerra en carne propia pero, pese a las bombas, las estancias en el sótano del edificio en que viven y la falta de comida, ésta es algo indirecto en la obra. No se retrata aquí el fragor de la batalla, no se pone la mirada del espectador en el despacho donde se toman las grandes decisiones que costarán miles de vidas, no se huele la pólvora, la sangre o la podredumbre de la gangrena, pero la guerra está ahí y afecta a los personajes. En Las bicicletas… Fernán-Gómez ha querido ver cómo afecta la guerra a unos personajes que no pueden hacer nada por modificar su rumbo, que lo único que les queda es esperar en su hogar cada vez más precario mientras luchan por ellos en la Ciudad Universitaria, en el Ebro o en cualquier otro punto de la geografía patria, e intentar mantener su vida cotidiana lo más parecida posible a como era antes de estallar la contienda.

Por eso entre la rabia, el miedo, la preocupación y el hambre, se habla de lecturas, de trabajo, se tienen problemas de tipo sexual con la criada y se convive bien o mal con los vecinos. Se intenta que todo sea como antes –ahí está el costumbrismo– pero la guerra lo impide –ahí se trasciende el costumbrismo.

Con humor teñido de melancolía –véase la escena de la desaparición de las lentejas–, se van pasando los tres años de guerra hasta que al final la derrota acaba por hundir a la familia –en la desolación y en la ruina, pues su dinero republicano es papel mojado, elemento que Fernán-Gómez introduce como cruel desenlace de otra de sus obras: la novela La puerta del Sol–. No hay final feliz, aunque sí una tímida esperanza en poder sobrevivir con una mínima dignidad. El costumbrismo no matiza la dureza de la guerra, pero sí aporta otra perspectiva de la misma. Por eso, sin sobrevalorar este texto dramático, hay que considerarlo como una certera e interesante visión de uno de los peores inventos de la inteligencia.

Leer más:

http://www.proscritos.com/larevista/notas.asp?num=26&d=m&s=m3&ss=1

Vídeo:

Cadena Ser – Versión Radiofónica: Las bicicletas son para el verano

http://www.cadenaser.com/especiales/guerra-civil/bicicletas.html

Jaime Chávarri

Licenciado en Derecho, nunca llegó a ejercer como abogado. Más tarde estudió durante dos años en la Escuela Oficial de Cinematografía y trabajó como crítico de cine en la revista Film Ideal al tiempo que realizó varios cortometrajes en super-8.

En 1970 realizó sus primeros cortometrajes: el documental Permanencia del arabesco y Estado de sitio, ganador del Festival de Cortos y Documentales de Bilbao. Al año siguiente codirige junto con Francesc Bellmunt y Emilio Martínez Lázaro el largometraje Pastel de sangre (1971). Su primer largometraje en solitario es Los viajes escolares (1974). Ese año también rueda el corto Señales en la ventana (1974).

En 1976 estrena El desencanto, un documental biográfico sobre el poeta leonés Leopoldo Panero. El filme fue galardonado con el Premio a la Mejor Película por el Círculo de Escritores Cinematográficos.

A un dios desconocido (1977) está protagonizada por Héctor Alterio y su guión fue escrito por Elías Querejeta. Chávarri ganó el Premio a la Mejor Película de Lengua Española en el Festival de Cine de San Sebastián.

Al año siguiente dirige para televisión la serie El juglar y la reina (1978), en la que compartió dirección con Fernando Méndez Leite, Alfonso Ungría y el cubano Roberto Fandiño. Le siguen Dedicatoria (1980) y los segmentos Pequeño planeta (1980) y La mujer sorda (1981) para los filmes colectivos Cuentos eróticos y Cuentos para una escapada, respectivamente. En estos proyectos también intervinieron directores como Manuel Gutiérrez Aragón, Gonzalo Suárez, Fernando Colomo, Augusto Martínez Torres, Emma Cohen, Josefina Molina, José Luis García Sánchez y Juan Tébar.

En 1982 realiza para televisión Luis y Virginia y al año siguiente Bearn o la sala de las muñecas (1983), donde actúan Fernando Rey, Imanol Arias y Ángela Molina. La película fue galardonada con el Premio del Jurado en el Festival de Cine de Montreal.

Una de sus obras más reconocidas es Las bicicletas son para el verano (1984), basada en una obra teatral de Fernando Fernán Gómez. La cinta, en la que trabajan Agustín González, Victoria Abril, Marisa Paredes y Gabino Diego, está ambientada en la Guerra Civil española.

Leer más:

http://www.vidasdecine.es/directores/c/jaime-chavarri.html

Vídeo:

Jaime Chávarri – Las bicicletas son para el verano (1984)

Director Jaime Chávarri. Con Amparo Soler Leal, Agustín González, Victoria Abril, Alicia Hermida, Patricia Adriani, Marisa Paredes, Carlos Tristancho, Gabino Diego, Aurora Redondo, Guillermo Marín, Emilio Gutiérrez Caba, Laura del Sol, Miguel Rellán, Jorge de Juan, Marina Saura, Wilmore, Rosa Menéndez, Emilio Serrano, Elena Gortari, Sandra Ramírez, Marina Andina.

Chávarri se sorprendió de que se le hubiera ofrecido a él dirigir la película toda vez que el autor de la obra es un reconocido director de cine y de teatro. Así se lo contó a Enrique Alberich en Dirigido por…: “Fernán-Gómez dijo que no quería saber nada de la película. Incluso se extrañaba de que quisiéramos consultarle aspectos del guión. Cuando él había adaptado al cine a Mihura, o a cualquier otro escritor, no se le había ocurrido preguntarle qué le parecía esto o aquello, porque ya imaginaba que lo que estaba haciendo con su obra le iba a sentar fatal”. Y así fue, en efecto, según ha confesado Chávarri: “Al acabar el guión nos dijo que habíamos quitado media obra, lo cual era cierto. Lo habíamos hecho porque no disponíamos de tiempo ni de presupuesto necesarios para hacer una película de más de hora y media. Tuve la sensación de que Fernando se había quedado con cierto resentimiento respecto a la película. Una vez, en un viaje que tuvimos la oportunidad de hacer juntos, le pregunté qué pasaba realmente. Me contó que le daba la sensación de que habíamos quitado de la historia todo aquello que se refería al anarquismo, que a él le interesaba mucho. Tenía razón. Pero no lo habíamos hecho adrede como él pensaba, sino que al ir acortando el texto se habían ido perdiendo algunos matices”.

“En cualquier caso”, escribieron en su libro Miguel Ángel Barroso y Fernando Gil-Delgado, “domina la impronta de Fernán-Gómez en esta historia contada desde el prisma de los vencidos, con respeto y atendiendo más al drama humano de la guerra en la gran ciudad que a las digresiones políticas”. Román Gubern aseguró que “los recursos escenográficos utilizados por Chávarri han permitido dinamizar el ritmo original, procurando no sacrificar su intimidad”, coincidiendo con Marcel Oms, que aseguró, por su parte, que “la transposición fílmica de la obra teatral ha sido magistralmente resuelta por Chávarri, quien no ha vacilado en utilizar elipsis y metáforas, ni en recurrir a escenas para acercarnos esos personajes cuya cotidianidad ordinaria eleva a niveles de ejemplaridad”.

Leer más:

http://elpais.com/diario/2004/02/27/cine/1077836413_850215.html

Vídeo:

Vídeo:

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